MUJER TRABAJADORA

#NiUnaMenos en los lugares de trabajo

Largas jornadas de trabajo, corridas para no perder el presentismo, esfuerzos físicos que ponen en riesgo la salud de las mujeres. El #NiUnaMenos también debe ser en el trabajo.

Martes 18 de octubre | 17:54

Los terribles casos violencia machista que salieron a la luz en los últimos días, sin dudas generaron nuevamente un cimbronazo entre las mujeres, tal como había ocurrido el año pasado con el caso de Chiara Páez que produjo la primera masiva movilización del #NiUnaMenos.

Si bien los femicidio son el último eslabón de una larga cadena de violencias, las mujeres se enfrentan a diario distintas formas de violencia más silenciosas: tal es el caso de la inseguridad laboral.

Las mujeres se han incorporado durante las últimas décadas en forma masiva al mercado de trabajo al mismo tiempo que se produjeron aumentos de productividad de la mano de condiciones paupérrimas para las trabajadoras.

El riesgo puesto en números

De acuerdo a un informe del 2014 de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, sólo ese año se registraron 29.014 casos de trabajadoras que padecieron una incapacidad permanente por los llamados “accidente de trabajo”. A la vez, se constataron 166.777 notificaciones de mujeres por incapacidades laborales temporarias a raíz de pisadas, choques, golpes por objetos o esfuerzos excesivos, principalmente en “Industrias manufactureras”, “Agricultura, caza, silvicultura y pesca” y “Comercio, restaurantes y hoteles”.

Estos número alarmantes sólo abarcan a la población cubierta por el sistema de riesgos del trabajo. Las mujeres representan poco más de un tercio de la misma, evidenciando el alto grado de precarización que viven.

Encabezando las principales causas de las lesiones encontramos las generadas por posiciones forzadas y gestos repetitivos, sobre todo en las extremidades superiores (hombros, brazos y manos), como puede constatar cualquier obrera que ejerce en una línea de producción. Aquello puede atribuirse a jornadas extenuantes donde el ritmo de la producción les impide tomar los descansos adecuados, como así también a la falta de inversión en maquinarias que faciliten las tareas. Le sigue la sobrecarga en el uso de la voz, con un porcentaje del 20,7%: algo que afecta en su mayoría a las docentes.

Un dato no menor es que las mujeres de entre 16 y 24 años (la población más joven) son las más afectadas; y la mayoría de ellas se desempeña en bares y restoranes, donde deben cargar con bandejas, colmadas de vajilla con jornadas de muchas horas en donde prácticamente no pueden sentarse.

¿Accidentes?

De acuerdo con el diccionario, se define “accidente” como un “suceso imprevisto que altera la marcha normal o prevista de las cosas, especialmente el que causa daños a una persona o cosa”. Ahora bien, ¿es posible decir que los “accidentes” en las fábricas y lugares de trabajo son hechos que no se pueden prever, que ocurren sin más? ¿O son parte del proceso por el cual los patrones buscan aumentar cada vez más sus ganancias a costa de la vida de las obreras y los obreros? Se da, de esta manera, un círculo vicioso en el que cumplir con esos ritmos implica poner en riesgo la seguridad y la salud de las trabajadoras. Y si llegan a existir accidentes, la empresa siempre culpa a los trabajadores por ellos.

Entre las mujeres, los “accidentes in itinere” –es decir, ocurridos durante el desplazamiento desde su domicilio hasta el lugar de trabajo y viceversa- representan un 45,1% del total (frente al 23,9% para los varones). De hecho, el 77% de las mujeres fallecidas registradas fue en esa situación.

No son pocos los que banalizando un tema tan importante adjudican estos accidentes al uso de zapatos con taco por parte de las mujeres. Sin embargo una visión un poco más realista está en visibilizar las múltiples tareas que suelen llevar a cabo las mujeres antes de salir de su casa, como por ejemplo preparar el desayuno para sus hijos, tender la ropa, hacer las camas o llevarlos al colegio. Es decir, una serie de tareas domésticas no remuneradas que pesan principalmente sobre sus espaldas.

Obviamente, tal como reza el dicho popular, el “tiempo es tirano”. Por eso, para no perder el dinero que cobran por presentismo y que las obliga a no llegar ni un minuto tarde, no tienen otra alternativa que correr al trabajo. Esta vorágine diaria es la que conspira sin dudas a que tengan accidentes en la calle.

Los silencios del informe y la necesidad de la movilización

La información que le falta a este informe, es la realidad de las miles de mujeres que están “en negro” como las empleadas domésticas o las que se ocupan de cuidar personas enfermas o mayores. Son ellas las que también padecen lesiones en su cuerpo, pero por no tener ninguna cobertura social, no tienen otra alternativa que guardarse su dolor y seguir trabajando, ya que en muchos casos son el único sostén para sus hijos.

Este miércoles 19 de octubre, se producirá en nuestro país un hecho inédito, habrá un paro con una movilización a Casa de Gobierno. Porque es necesario salir a la calle nuevamente para exigir que se tomen las medidas urgentes y necesarias para paliar, aunque mínimamente, la violencia machista que aumenta de forma exponencial. Mientras la realidad nos muestra que una mujer es asesinada cada 21 horas, el gobierno de Mauricio Macri no destina los fondos suficientes para aplicar las políticas públicas necesarias.

Pero también marchamos porque si el desempleo en la Argentina es del 9.3%, para las mujeres es del 10.5%. Salimos a la calle porque el 76% del trabajo doméstico no remunerado lo hacen las mujeres, y el 20% de las que reciben salario a cambio de su trabajo se desempeñan en tareas domésticas, otras serán maestras y enfermeras, trabajos fundamentales pero desjerarquizados.

Tomamos las calles para visibilizar que cuando decidimos ser madres la tasa de actividad baja del 54 al 39%, porque para cuidarlos decidimos tomar trabajos de medio tiempo lo que muchas veces nos precariza aún más.

Por todo esto es indispensable que las centrales sindicales se sumen a este paro, no sólo para garantizar que todas las mujeres puedan manifestarse sino porque queremos también que los compañeros marchen junto a nosotras.

Porque seguimos luchando por #NiUnaMenos y porque ¡Vivas nos queremos!




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