Sociedad

OPINIÓN

Navidad y año nuevo: cuando no alcanza ni para comer

En Santiago y en otras ciudades del país existen personas que recolectan comida de la basura para alimentarse. ¿Nuestras vidas estarán garantizadas contra el hambre y la miseria?

Teresa Melipal

Santiago de Chile

Viernes 29 de diciembre de 2017

Foto de OPAL.

Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), alrededor de un tercio de los alimentos de todo el mundo se desperdicia, es decir un total de 1.300 millones de toneladas anuales, se pierde o se desecha. Junto con el derroche de la sobreproducción de alimentos, la contaminación vía gases invernadero ha sido una preocupación para organismos internacionales. Es por esto que para varios países el "hambre" ha sido una cuestión social que ha tenido efectos en la legislación y en políticas públicas a nivel global, pero que no ha logrado solucionarse bajo la perspectiva asistencialista de los Estados, gobiernos y de diversas instituciones privadas.

¿A qué se debe el hambre y la miseria en una sociedad que derrocha alimentos por doquier? Para la revolucionaria Rosa Luxemburgo, la pobreza y el hambre se reflejaba en el golpe más duro del encarecimiento de la vida. Donde el sistema capitalista se ha encarnizado sobre la piel de los trabajadores, arrojándolos a la miseria mediante privaciones de los derechos más mínimos.

Sombras de la noche

Cuando cae la noche, los restoranes y los locales de comida rápida se apresuran para dejar sus desechos en la calle, para que en cosa de algunos minutos el camión de la basura se lleve los restos de la comida y basura producida en la jornada. Así mismo, todas las noches personas de diferentes edades aparecen buscando de la basura para alimentarse, realizando un religioso procedimiento en pesar las bolsas, en abrirlas, registrarlas, separar los elementos reciclables y seleccionar la comida que aún sirve digerir.

Abajo el orden social que nos arroja a la miseria

Y es que para la vida de los trabajadores y pobres la vivienda, la comida y la salud no siempre están garantizada completamente. Sin trabajo y sin dinero el riesgo se presenta como una pesadilla en las calles. El miedo de llegar a esta realidad que espanta en los noticieros, y que cotidianamente se ha mostrado escondida de nuestra vista, se acrecienta cada vez cuando el discurso de la "desigualdad" encubre las ganancias de empresarios y capitalistas. Mientras que cada día el trabajo es escaso y más precario, junto con la paupérrima pensión para los jubilados y el trabajo infinito de la edad de los trabajadores hace que esta realidad sea un cuestionamiento generalizado para el común de la clase trabajadora.

Es así como el orden social capitalista se impone por las oleadas de riquezas que se vierten en los bancos y bolsas de valores, el cual debe ser reclamado por una fuerza anticapitalista que amplifique la voz de los trabajadores y los pobres de esta sociedad para combatir contra el hambre y la explotación que nos arrojan los ricos, empresarios y capitalistas.






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