Cultura

MÚSICA // OBITUARIO

Naná Vasconcelos: el hombre que hizo música con el agua

Demian Paredes

@demian_paredes

Jueves 10 de marzo de 2016 | Edición del día

1.
Miembro de una “familia” brasileña de grandes músicos –integrada por Wilson das Neves, Carlinhos Brown, Marcos Suzano y Domenico Lancellotti, además de Hermeto Pascoal y tantos otros–, Naná Vasconcelos, percusionista y compositor, murió este 9 de marzo, a los 71 años, por cáncer de pulmón. Se va un músico y creador que contribuyó de manera decisiva a revolucionar este oficio musical (pasando por los roles de “ritmista”, de baterista, hasta el de percusionista, incorporando, tal como también haría Airto Moreira, todos los instrumentos y objetos, ampliando entonces las posibilidades rítmicas y “percutivas” como miembro de una banda u orquesta), y a sacar al berimbau (birimbao) de su uso exclusivo en los bailes de capoeira, esa conocida (y muy exhibida públicamente) danza que es, al mismo tiempo, entrenamiento y práctica de combate corporal y espiritual. Vasconcelos puso a este instrumento (llegado de África al Brasil por medio de los esclavos que se traficaban en la época del colonialismo de Portugal) en el centro de la escena: como pieza clave –y muchas veces exclusiva– en discos y espectáculos, como el instrumento del maracatú (uno de los ritmos típicos nordestinos), pero también como símbolo del origen, de las raíces y tradiciones africanas en América.

2.
La cantidad de discos propios, participaciones y colaboraciones de Naná Vasconcelos se cuentan por decenas. Una revista había arrojado el número de sesenta y nueve, para los músicos y bandas de todo el mundo que convocaron a Vasconcelos (Miles Davis, B.B. King, Paul Simon, Thelonious Monk, Path Metheny, el “Gato” Barbieri, Talking Heads, Ryuichi Sakamoto, Gipsy Kings, Laurie Anderson, Caetano Veloso, Adriana Calcanhotto…). Sus composiciones incluyen música para teatro, para cine –como en O menino e o mundo (2013), o como aquel clásico de 1972, El último tango en París de Bernardo Bertolucci–, y música erudita, con el berimbao como destacado instrumento solista. Junto a esto, Vasconcelos es capaz de asombrar al oído al articular las cuerdas y vientos de alguna orquesta… con el batuque que hace con el agua. Su último trabajo, el disco 4 elementos (2015), consistía en sonar como/con el agua, la tierra, el aire y el fuego, y, al tocar en vivo, acompañar la música con una pantalla gigante con imágenes. Latas, maderas, silbatos, tambores de toda especie, platillos, palillos, vidrios, y ollas de cocina son los objetos (y sustancias) que hace sonar –“como los dioses” (del África)–, junto a su voz y a su cuerpo, Vasconcelos.

3.
Juvenal de Holanda Vasconcelos, “Naná”, nació en 1944, en Recife, en el Estado de Pernambuco. De familia humilde, comenzó en la música tocando en cabarets (acompañando a su padre), luego en la banda municipal, y luego colaboró con Gilberto Gil. En un viaje a Río de Janeiro, en 1967, consigue contactar a Milton Nascimento y termina colaborando con él en dos discos. En 1969 está junto a Gal Costa. Colaborando con el saxofonista argentino “Gato” Barbieri, se van juntos luego a Estados Unidos, y Vasconcelos terminará quedándose poco menos de 30 años en Nueva York, tocando con grandes músicos de jazz (como los ya mencionados Miles Davis y Thelonious Monk, entre otros). También estará algunos años en Europa, y comenzará a publicar sus discos como solista, destacándose ya desde los dos primeros, publicados ambos en 1973: Africadeus y Amazonas. Desde entonces y hasta el presente, Vasconcelos publicó decenas de trabajos propios y en colaboración, de donde se puede hacer una mención especial a la serie de discos junto a Egberto Gismonti –por ejemplo, a Saudades, de 1980–, a Zumbí (1983), Chegada (2005) y a Sinfonia & Batuques (2011). (Para ver con más detalle la biografía y la obra de Naná Vasconcelos, se puede recurrir, por ejemplo, a la página web del artista, o a la entrada correspondiente del Diccionario Cravo Albin da Música Popular Brasileira.)

4.
Para revistas especializadas, Vasconcelos fue elegido varias veces como el mejor percusionista del mundo –para una publicación, DownBeat, lo fue durante ocho años consecutivos–. Otra experiencia: deseoso de poder colaborar musicalmente con jóvenes del break, en Nueva York, aceptó mixturar la música “orgánica” con la electrónica, dando un nuevo paso, un nuevo avance y ampliación en sus capacidades compositivas e interpretativas. (Así, pasó a emplear en sus recitales en vivo, además de pantallas para acompañar a la música con imágenes, los pedales y sampleos, para realizar efectos electrónicos –ecos, repeticiones, loopeos–, etc.) Vasconcelos ganó ocho premios Grammy, y los últimos quince años dirigió la apertura de los carnavales en Recife, con una orquesta de 400/500 integrantes. Visitó nuestro país varias veces, incluyendo la provincia de Chaco, en el año 2000, y dio un workshop y un recital gratuito en el Centro Cultural Kirchner en el 2015 (donde tocó junto al público, haciendo nada menos que “la lluvia del Amazonas”). Dos días antes de tener que internarse (el 29 de febrero de 2016) había participado del Festival Internacional de Percussão (cuya curaduría la hace Carlinhos Brown), que se realiza en el barrio de Candeal, dando un concierto de casi dos horas, junto al chelista Lui Coimbra.

5.
¿Qué es la música? ¿Cómo se hace la música? Estas dos “simples” de preguntas, a no dudarlo, también se las habrá hecho Naná Vasconcelos más de una vez. Y de ahí varios de sus planteos, aprovechando no sólo los recitales y charlas públicas, sino también las entrevistas. Allí ha dicho que el primer instrumento musical es la voz, y que el segundo (y el mejor) es el cuerpo. (Se pueden ver en internet los recitales y shows que ha dado, donde efectivamente hace música con su propio cuerpo.) Y luego viene todo lo demás, el resto. Todo. El mundo. Para Vasconcelos, la música, lo que él hace, la percusión, son timbres y melodías, ritmos, expresión y diálogo del ser humano con la naturaleza, haciendo que tome, el primero, los sonidos naturales.
Naná Vasconcelos contó varias veces que se apropió realmente de su instrumento, de su berimbau, cuando oyó y vio a Jimi Hendrix con su guitarra. Allí, contó, fue cuando se decidió a jugarse por su instrumento y por expresarse con él. Por ello repetía su intención de dejar “discos honestos”, provenientes con esa misma actitud.
“Yo hago música como percusión”, dijo Vasconcelos en una entrevista. “Busco contar historias a través de los sonidos”. Y vaya si lo hizo, con mucho trabajo y energía, audacia y creatividad: dejó más de 30 discos, una producción monumental, repleta de historias, de verdaderos universos musicales.







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