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MUJERES REVOLUCIONARIAS

Nadezhda Joffe: indómita revolucionaria

Rescatamos la vida y experiencia de Nadezhda Joffe, revolucionaria oposicionista al régimen estalinista que pasó gran parte de su vida detenida y exiliada en campos de prisioneros.

Verónica Landa

Barcelona | @lierolaliero

Miércoles 1ro de marzo | 20:00

Nadezhda Joffe murió en 1999 a los 93 años. Su vida es el relato vivo de la represión estalinista que, como Nadezhda, sufrieron otros revolucionarios, oposicionistas al régimen de Stalin. De 1928 a 1956 sufrió en su propia carne la represión, reclusión y destierro. En ningún momento le dio a sus captores lo que querían: una confesión, falsa, de su “culpabilidad”.

Miles de personas pasaron por la misma experiencia de represión y reclusión que Nadezhda. Hubo quienes no soportaron los tormentos a los que eran sometidos a diario. Otros, como Nadezhda, apoyándose en sus ideales revolucionarios, resistieron. Sin embargo, no todos corrieron su suerte: fueron ejecutados o no sobrevivieron a las cárceles, las torturas y los largos interrogatorios.

Con trece años, Nadezhda ingresó a la KOMSOMOL (Juventud del Partido Comunista), desarrollando su actividad entre los estudiantes medios. Cinco años después, debió abandonar dicha organización y se sumó a la Oposición de Izquierda.

Adolph Joffe, su padre, diplomático del naciente Estado soviético, acabó con su vida en 1927. Enfermo crónico, postrado en cama y con grandes dolores, la Comisión Médica del Comité Central le dijo que para recuperarse debía ingresar en un sanatorio extranjero. Joffe no resiste la pasividad de la misma Comisión Médica que no iniciaba trámites para su traslado y las constantes excusas para impedir su tratamiento en Occidente. Sin embargo, la verdadera razón para la negativa del tratamiento era que Joffe pertenecía a la Oposición de Izquierda.

Él mismo justificaba su decisión en su última carta a su amigo y compañero Trotsky: «Si me encontrara en buen estado de salud, tendría fuerzas y energía para luchar contra la situación creada en el partido pero en el estado en que me encuentro no puedo tolerar una situación en que el partido presta su mudo consentimiento a la exclusión de usted de sus filas, aunque estoy absolutamente seguro de que tarde o temprano ha de producirse una crisis que obligará al partido a expulsar a quienes le han conducido a semejante ignominia».

Su entierro fue el último acto público de la Oposición de Izquierda y de Trotsky, al que se había ordenado arrestar. Este último en su discurso, según recoge una narración anónima, llamó «a la lucha por la vida: las vibrantes palabras de Trotsky penetraron en esa multitud de diez mil personas: ‘Nadie tiene el derecho de seguir el ejemplo de esta muerte. Deben seguir el ejemplo de esta vida.’ Era la orden del Comandante del Ejército... Jamás la olvidamos, ni siquiera en las jornadas más negras de la represión estalinista.» (‘Memorias de un bolchevique leninista’, samizdat recogido en ‘Samizdat. Voces de la oposición soviética’, George Saunders).

Después de la muerte de su padre y del exilio de Trotsky, Nadezhda siguió participando en la Oposición de Izquierda, que pasó de ser una fracción legal a ser declarada por Stalin incompatible con el partido. En ‘Back in Time: My Life, My Fate, My Epoch’ Nadezhda recuerda este período: «Después de la muerte de mi padre y del exilio de Trotsky, desarrollamos el trabajo de la Oposición con particular fuerza .

Hay que reconocer que los más irreconciliables con el régimen de Stalin eran precisamente los jóvenes, especialmente los estudiantes jóvenes.»

Sobre la situación de los oposicionistas añadía: «Debo decir que de todos los grupos internos del partido, fueron sólo los trotskistas quienes pelearon más activamente. Hicimos aproximadamente lo que los revolucionarios hicieron en la clandestinidad zarista. Organizamos grupos de simpatizantes en las fábricas y las escuelas; publicábamos volantes y los distribuíamos.» y «En uno de sus artículos pre-revolucionarios, Lenin escribió: "Estamos marchando en un grupo compacto a lo largo de un camino precipitado y difícil, sosteniéndonos firmemente por la mano. Eso es lo que fue para nosotros. Íbamos en un grupo apretado a lo largo del borde de un precipicio, que no sólo era profundo, sino fatal para muchos de los que iban.»

Pronto, llegarían los interrogatorios sobre sus actividades, y el encarcelamiento.
Tras un breve período en libertad, en 1936 es arrestada de nuevo y enviada a los campos de prisioneros de Kolyma, Siberia. Ante este traslado, su compañero Pavel Kossarisky reclama ser trasladado con ella, lo que se le deniega y comienza una huelga de hambre. Nadezhda, enterada de la huelga que había empezado Pavel, se negó a ser trasladado y exigió encontrarse con él. Finalmente, ambos son trasladados a Kolyma, una zona en la que las temperaturas mínimas llegaban a cuarenta bajo cero. En estos campos era habitual que los prisioneros iniciaran masivas huelgas de hambre para exigir sus demandas.

Su fuerte personalidad no la abandona. Lo demuestra cuando rechaza trabajar para sus captores en el casino del campo, donde comían los jefes y donde las tareas eran más fáciles; también, cuando exige a un coronel que se encontraba en el campo mejoras en el campo para facilitar la vida de las presas.

Liberada, pero con la advertencia de no abandonar el pueblo de la región de Kolyma donde vive, su destierro dura hasta 1945. Un año después regresa a Moscú, donde se entera de la detención de su madre, bajo el cargo de ser familiar de una “traidora a la patria”. Todos sus familiares fueron víctimas de la represión. El marido de su madre, que describe como un hombre que no dudaba de las órdenes partidarias, es arrestado en 1937 e interrogado, pero se negó a firmar ninguna declaración falsa.

En 1949, como muchos supervivientes que habían estado en los campos en la década de 1930, vuelve a ser detenida y enviada a prisión.

No es hasta 1961 que regresa a Moscú. En este momento, mediante una carta a la comisión de control del partido, exige la devolución del carnet de afiliado a Pavel, del que había perdido el rastro en 1941. «Escribí que ya no hacía ninguna diferencia para él, pero estaban sus hijas, y yo quería que sus hijas supieran que su padre vivió como comunista y murió como comunista.»

Su historia, recogida en las memorias que escribió entre 1971 y 1972, son el testimonio de lo que miles de oposicionistas sufrieron. Para las nuevas generaciones, el testimonio de Nadezhda Joffe allana el camino y nos muestra una rica tradición de lucha desde la que fortalecer nuestra lucha actual. Para Nadezhda, para tantas mujeres revolucionarias en pie de lucha por sus derechos y por los de su clase, nuestra victoria al acabar con este sistema de explotación y opresión.








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