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NISSAN: un acuerdo a la medida de la patronal

El conflicto de Nissan se ha sellado a través de un acuerdo con el Comité de Empresa (CCOO-UGT-USO-CGT) ¿El resultado? Un pacto que supone el cierre de la fábrica en un año y sólo favorece a la patronal y al gobierno.

Asier Guerrero

Zaragoza

Lunes 14 de septiembre | Edición del día

Nissan ha sido una de las luchas más importante tras la pandemia que la clase trabajadora ha tenido que enfrentar para que la crisis del covid no la pagásemos los y las trabajadoras. Ésta ha sido y es la intención de las patronales del automóvil, con la complicidad directa del gobierno del PSOE y UP.

Ni uno de los puntos firmados favorece directamente a las plantillas de Nissan ni subcontratas. Este cierre de fábrica pactado en un año, con un aumento de las indemnizaciones que sólo acerca a la patronal a su objetivo de cerrar la empresa. El modus operandi de la dirección de la empresa ha sido la división de los trabajadores directos e indirectos, desarticulando de este modo la lucha en favor de la paz social. El acuerdo deja completamente fuera a los 25.000 trabajadores y trabajadoras de las empresas subcontratadas, como Acciona, Magneti Marelli o Lear, que ya amenazan con despidos “objetivos” y cierres.

Entre los motivos para alargar el cierre sigue presente la búsqueda de posibles inversores y planes industriales para mantener los puestos de trabajo y el funcionamiento de la actividad económica. Acorde con esta línea, una de las peticiones presentes en la negociación fue la constitución de una mesa a tres bandas compuesta por sindicatos, la empresa y representantes del Gobierno español y la Generalitat para lograr la reindustrialización de la zona y la subrogación de los trabajadores en nueva compañía que ocupe el lugar de Nissan. De ser así, los costes de la marcha variarían, aunque nada de esto está asegurado ni existe verdaderamente ningún plan alternativo al cierre ni a los despidos.

El pacto alcanzado con la dirección de Nissan ha sido celebrado por todas las secciones sindicales que participaron de algún modo en las negociaciones, especialmente las direcciones sindicales de CCOO, UGT, USO y también por parte de CGT. Del “Nisssan no se cierra” a este cierre pactado que se quiere presentar como un triunfo por los grandes sindicatos. Desde los afiliados y afiliadas que luchamos incansablemente todos los días contra las burocracias sindicales, como por ejemplo contra las mayoritarias de CCOO y UGT, y por hacer un sindicalismo realmente alternativo no podemos quedarnos callados y resignados con este acuerdo. Más aun cuando la CGT ha firmado semejante acuerdo.

En la sección sindical de CGT en Telepizza donde yo soy afiliado publicamos una declaración al principio del conflicto en la que denunciábamos el chantaje y las amenazas de la patronal, nos solidarizamos con la huelga y apostamos por la defensa de todos los puestos de trabajo defendiendo la perspectiva de la ocupación y el control obrero, como nos mostró el ejemplo de la cerámica Zanón en Argentina, con la cual desde CGT nos hemos solidarizado tantas veces.

CGT Catalunya, correctamente, se pronunció a favor del programa de nacionalización y gestión obrera de la fábrica. Pero un programa, sin estrategia ni plan de combate sólo es un documento diplomático y ha llevado al conflicto a un callejón sin salida y a la cual la sección de CGT se ha adaptado completamente en una “unidad” sin crítica, sin pelear por un plan alternativo frente a la mayoría del comité de empresa que ha seguido al pie de la letra los comunicados y la estrategia de las burocracias sindicales de CCOO y UGT.

La realidad es que esta “unidad sindical” está mal entendida. Esto les ha llevado a los compañeros de CGT en Nissan durante todo el conflicto a pactar y unirse por arriba con las burocracias de CCOO y UGT mientras permitía la división impuesta entre la plantilla de Nissan y las subcontratas y condenaba a la derrota cualquier alternativa a la dirección impuesta por el Comité de Empresa. Sirva de ejemplo la acampada realizada por trabajadores de CGT en Acciona a las puertas de la fábrica en Zona Franca que fue boicoteada y aislada insistentemente por el Comité de Empresa de Nissan.

Más allá de comunicados a favor de la nacionalización de la fábrica o en favor de la acción de los trabajadores de Acciona por parte de CGT Catalunya, no ha habido acciones reales que sustentaran esas palabras, ni desde la federación ni desde el sindicato, que pasaran por la movilización de los afiliados y por acciones unitarias de apoyo. En definitiva, levantar una verdadera fuerza material para plantar cara a los planes del Comité de Empresa y de una patronal que ha contado con cerca de 200 millones de euros en ayudas de subvenciones públicas.

Los y las compañeras de CGT en Nissan hablan de que ahora se abre un “nuevo periodo de lucha” donde la reindustrialización de Nissan y el futuro laboral de las plantillas de las subcontratas son prioridad. Pero desgraciadamente este acuerdo alcanzado va a tener un impacto en la organización de los trabajadores y esta desligado por completo del devenir de la planta de Nissan al futuro de las subcontratas. Este “nuevo periodo” es tiempo ganado por la patronal y el gobierno para garantizar la paz social, darle tiempo a la empresa nipona para cerrar con los menores costes y además todo garantizado por el gobierno del PSOE y Unidas Podemos que están siendo los garantes de los beneficios de las patronales y esto hay que decirlo bien claro.

En definitiva, el apoyo de la CGT a la política de la burocracia del Comité de Empresa es insólito. En este sentido, a uno le hace pensar que hace más falta que nunca una verdadera alternativa sindical a las burocracias sindicales y dar una lucha sin cuartel a la de CCOO y UGT. La CGT tiene que ser una herramienta para conquistar sindicatos militantes y combativos y que no se acabé convirtiendo en la pata izquierda del bi-sindicalismo de CCOO y UGT firmando acuerdo como el de Nissan. Qué impulse las asambleas de base, donde la participación obrera sean la savia vital que les de fundamento, que sean instrumentos para la lucha de clases y no para la negociación permanente y que levanten un programa de independencia de clase que enfrente a los capitalistas.

En Nissan y en las subcontratas esto era clave. Pelear por asambleas de base, democráticas y coordinadas, para discutir el programa de la lucha y los pasos a seguir, además de movilizar el conjunto del sindicato para rodear de solidaridad un conflicto que puede marcar en una dirección o en otra lo que ocurra en los próximos meses. Y no sólo eso, la lucha de Nissan podría servir como punta de lanza para llamar a la coordinación estatal con otros conflictos igual de movilizadores como los de Alcoa, la huelga de los médicos residentes, las limpiadoras del Gregorio Marañón, las cajeras y reponedores de LIDL, Airbus, Telepizza, etc., llamando a la juventud precaria (que está pagando la crisis y es la que está menos organizada) a organizarse, apoyar y participar con sus propias reivindicaciones a este tipo de coordinación, que tenga la perspectiva de imponer un programa para que la crisis no la paguemos la clase obrera.







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