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Música y contracultura en la Unión Soviética

Los stiliagi, esos extraños de pelo largo

Martes 30 de mayo | Edición del día

Cultura Juvenil

El fin de la Segunda Guerra Mundial marcó un quiebre en la concepción de identidad. Los procesos estatales que buscaban homogeneizar la población, generando la famosa “cultura de masas” empezaron a encontrar sus límites en esos años. La resistencia a estos mandatos fue encarnada de forma central por la juventud.

Si bien la “cultura juvenil” como una subdivisión diferenciada era algo existente, los años 50s representaron un cambio cualitativo en este aspecto. Los teddy boys en el Reino Unido, por ejemplo, retornaron a fines de los 40 a un estilo de vestir propio de la época eduardiana, y pueden señalarse como uno de los primeros movimientos de este tipo. En Alemania, Austria y Suiza los Halbstarke se inspiraron en James Dean para su particular estética. En Estados Unidos, el rock fue el punto de quiebre, siendo un fenómeno que además se extendió a todo el mundo. En Sudáfrica, los Ducktails eran jóvenes blancos y apolíticos que rechazaban las imposiciones sociales.

La Unión Soviética no fue la excepción a esta regla, dando a luz a una subcultura muy particular: Los Stiliagi.

Esos raros peinados

En un artículo de Pravda, redactado por un miembro de la Komsomol (organización juvenil del Partido Comunista) se podía leer en el año 1954: “En las calles centrales de Moscú, Leningrado, Tbilisi, Erevan y otras ciudades vagan jóvenes con el pelo como Tarzán, vestidos como loros, los ‘stiliagi’. No trabajan, no estudian, sino que pasan sus noches en bares y molestan a las mujeres. ¿Qué clase de gente son?”

Si bien la descripción usada en este texto parece algo común en la época (recordemos por ejemplo como se describían en occidente a las culturas juveniles), la pregunta realizada por el autor sin embargo es algo que vale la pena analizar. Porque podría parecer sorprendente que bajo el gobierno de Stalin, y con analistas que hablan de que se trataba de una “civilización” opresiva y uniforme en la que no era posible desviación alguna, estos jóvenes pudieran desarrollar una identidad diferente a la norma.

Mark Edele en Strange Young Men in Stalin’s Moscow: The Birth and Life of the Stiliagi, 1945-1953, va a buscar el origen de este fenómeno en la pertenencia social de los originarios de la subcultura. En su mayoría hijos de miembros de la naciente casta burocrática que gobernaba la Unión Soviética, los primeros stiliagi eran estudiantes universitarios, con acceso a ciertos bienes extranjeros (discos, ropa), que conseguían a través del comercio con China, el mercado negro o en ciertas ocasiones de formas más legítimas. A su vez, este status relativamente privilegiado permitía que tuvieran la posibilidad de ocio y esparcimiento que tanto escándalo iba a causar en ciertos sectores de la sociedad.

Estos elementos fundamentales, sin embargo, no alcanzan a explicar el motivo por el cual estos grupos juveniles desafiaban a las autoridades, muchas veces enfrentando esfuerzos represivos que buscaban eliminarlos. Edele va a buscar el motivo en las presiones que la sociedad de posguerra ejercía en los jóvenes varones que no habían participado en la guerra, que habrían encontrado nuevas formas de expresión como forma de ser valorados entre sus pares. Otros autores, como por ejemplo Brianna Van Kan en Blue Notes from the Underground: Jazz in the USSR, van a formular sin embargo que el nacimiento de los stiliagi se debe más bien a la fascinación que ejercía la música y la moda norteamericana sobre los individuos que habían combatido en el frente, y que fueron difundidas de esa forma en toda la sociedad rusa.

Si bien estos debates no son de fácil resolución, si existe un consenso sobre los tres elementos que permitían identificar a los stiliagi: Por un lado, la ropa chillona, de colores llamativos y con formas extrañas, muchas veces de confección casera. A este atuendo nunca podía faltarle una corbata, que tenía que destacarse por sobre las demás prendas. Otro elemento será la jerga (ptich ’yi iazyk) que estaba desarrollada en base a la adaptación de palabras del inglés al ruso (de hecho, el mismo nombre stiliagi deriva de style). Por último, su afición por los bailes modernos y la música popular contemporánea de occidente, en especial el tango y el jazz.

La música y los stiliagi

Como se mencionó en el apartado anterior, la música era una de las formas de expresión más importantes para los stiliagi. Uno de los grandes inspiradores de la subcultura fue Leonid Utesov, cantante de tango y protagonista de múltiples películas, además de un gran comediante cuya marca registrada era, precisamente, la estrafalaria ropa que solía usar. Un poco de esto se puede ver en el siguiente video:

Además del tango, el jazz y sus variantes eran también muy consumidos por los stiliagi. Muchos de sus bailes, como el “atómico” el “canadiense” o el “triple-Hamburgo” eran adaptaciones de bailes norteamericanos, como el lindy-hop, el jitterbug o el foxtrot. A su vez, el coleccionismo de discos de jazz alcanzó niveles de demanda tan grande que ediciones pirateadas eran creadas usando radiografías que eran descartadas por los hospitales. Un fenómeno interesante alrededor de esto era la circulación de ediciones falsas, que en vez de contener la canción buscada estaban llenas de insultos hacia los stiliagi.

Algunas conclusiones

El estudio de la sociedad en la Unión Soviética es una cuestión compleja. Por un lado, a lo largo de los años el discurso de los estudiosos liberales generó una visión distorsionada de la realidad de la vida en el país. Por otro lado, los análisis producidos bajo el gobierno de Stalin y sus herederos tampoco resultan confiables, por lo que no es fácil hoy en día reconstruir la situación de la época.

Los stiliagi, en ese sentido, se ocultaron a veces para justificar la idea de una civilización estalinista en el cual no era posible una posición divergente, o para ocultar la existencia de divergencias. En otras ocasiones, se los pintó como héroes de una resistencia al gobierno, o como villanos subversivos. La realidad nos muestra un fenómeno complejo, que necesita ser estudiado más en profundidad.








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