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Murió impune Bartolomé Mitre, director de La Nación y colaborador del genocidio

El tataranieto del infame general fundador del diario, fue un digno representante de lo más rancio de la oligarquía y de las causas más reaccionarias. Murió impune.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Jueves 26 de marzo | 14:59

Héctor Magnetto, Jorge Rafael Videla y Bartolomé Mitre | Foto archivo La Nación

Bartolomé Luis Mitre fue el tataranieto del infame general Bartolomé Mitre, quien sometió a las provincias del interior a sangre y fuego para imponer el mando sobre el país de la oligarquía de la pampa húmeda y la burguesía porteña. Fue, junto al emperador del Brasil Pedro II, el instrumento militar con el cual el imperio británico llevó adelante el genocidio de la Guerra de la Triple Alianza contra el pueblo del Paraguay.

El fundador de La Nación se propuso hacer una “tribuna de doctrina” del ideario liberal criollo de una democracia civilizada. Como bien desenmascaraba a Mitre su contemporáneo Juan Bautista Alberdi: “ellos quieren reemplazar a los caudillos de poncho por los caudillos de frac; la democracia semibárbara, que despedaza las constituciones a latigazos, por la democracia semi-civilizada, que despedaza las constituciones con cañones rayados… para reconstruirlas más bonitas; la democracia de las multitudes de las campañas, por la democracia del pueblo notable y decente de las ciudades; es decir, las mayorías por las minorías populares; la democracia que es democracia, por la democracia que es oligarquía”.

Domingo Faustino Sarmiento tildó a la democracia civilizada que decía representar el mitrismo como una democracia de “los bancos y las vacas”, es decir sometida al capital extranjero y el mando de la oligarquía.

La Nación ha sido históricamente la vocera de los oligarcas, el clero y los militares. La pertenencia a la oligarquía es reconocida por José Claudio Escribano en su obituario: “Permanecieron los principios y se afianzaron, como notas dominantes de la arquitectura periodística de La Nación, la voluntad de difundir la cultura y la educación pública. El otro impulso definitorio de su identidad ha sido el de acompañar al campo como artífice del desarrollo del país”.

El tataranieto del fundador de la tribuna de doctrina rindió con creces tributo a esa historia de “fraude y terror”, como lo definió al mitrismo el historiador marxista Milcíades Peña.

En su obituario oficial, el diario mitrista consigna “la militancia del director de La Nación en favor de un derecho esencial para la vigencia y la consolidación de la democracia. De una doctrina que toma como referencia las enseñanzas que dejó el propio general Mitre cuando, allá por 1852, en los debates previos al Acuerdo de San Nicolás, expresó: "Soy de los que piensan que es preferible irse un poco más allá en materia de libertad, que quedarse más acá o irse un poco más allá en materia de autoridad o despotismo. Los males que puede ocasionar la libertad se remedian con ella misma. Es como la lanza de Aquiles, que cura las heridas que abre”.

Héctor Magnetto y Bartolomé Mitre | Foto Perfil
Héctor Magnetto y Bartolomé Mitre | Foto Perfil

Ingresado en el diario en 1966, con la dictadura de Juan Carlos Onganía, Mitre ocupó la presidencia del directorio en 1980 bajo la dictadura genocida y la dirección del diario en 1982. Según Escribano, aquellos años no se caracterizaron por la brutalidad del terrorismo de Estado sino por ser “años de plomo que habían comenzado a tomar forma en los años sesenta, dentro del molde regional perfilado desde La Habana, insuflado por lecturas gramscianas y contribuciones trotskistas a la violencia”.

Fue bajo la influencia de Bartolomé Luis Mitre que La Nación se embarcó en la adquisición de Papel Prensa. Sostiene Escribano que “hasta los últimos días celebró, como una de sus más acertadas decisiones, la de haber impulsado a La Nación a aceptar la propuesta hecha por miembros de la familia de David Graiver, cuando este desapareció en un accidente de aviación en 1976, de que La Nación comprara parte del accionariado de esa empresa”.

La compra de Papel Prensa por La Nación y Clarín (junto al extinto La Razón) fue denunciada en los tribunales como parte de los crímenes del terrorismo de Estado. Su venta por parte de Lidia Papaleo, viuda de David Graiver, fue arrancada en una mesa de tortura según se consigna en la causa Papel Prensa.

Con el monopolio del papel, La Nación y Clarín ahogaron a todos sus competidores durante décadas, mostrando que su interés por la libertad de prensa en realidad se reducía al interés por la libertad de su empresa.

Bajo la dirección de Bartolomé Luis Mitre el diario militó a favor de los genocidas, de la represión a los trabajadores, de la demonización de las Madres de Plaza de Mayo y los movimientos de derechos humanos, la impunidad, la entrega del país al imperialismo, el desguace de las empresas públicas, el negacionismo, fue defensor a ultranza del gobierno de Mauricio Macri y de “las dos vidas” de quienes se oponen a los derechos de las mujeres.

Bartolomé Luis Mitre “fue un entusiasta del polo y el tenis, que practicó; del fútbol, al que su padre lo embanderó con los colores de Racing, y de la crianza de caballos árabes, que realizó en nuestro medio y en Uruguay. Fue miembro de la Comisión de Carreras y presidente del Stud Book del Jockey Club”, reza el obituario de Escribano.

Olvida recordar su homofobia declarada, como cuando ante la muerte de su hermano en un crimen de odio por un taxi boy, el fallecido director del diario expresó: “Todos sabían que mi hermano asesinado Luis Mitre era homosexual y por eso tenía relaciones no normales, se juntaba con gente rara", justificando el hecho.

También supo manifestar su desprecio por el voto popular, afirmando que “hay una élite de este país que piensa de una manera y una clase baja que no se informa, no escucha, no toma conciencia”. Para este paladín de la libertad, como se lamentan los obituarios de La Nación y las condolencias de sus socios de la Sociedad Rural, se vivía “una dictadura de los votos”.

Bartolomé Luis Mitre será despedido con hipócrita congoja por los representantes de la oligarquía, la gran patronal y la derecha más rancia. Para la clase trabajadora y el pueblo pobre, para todos los luchadores democráticos y sociales, murió impune un cómplice del genocidio.

Llegarán pronto los tiempos en los que quienes fueron silenciados por las dictaduras atroces que La Nación sostuvo encontrarán que sus banderas serán reivindicadas. Y enterrarán en el basurero de la historia al mitrismo y a la clase social a la que le da voz.







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