DEBATE

Municipios contra el acoso callejero ¿Castigo a la medida empresarial?

¿Qué hace que el militante histórico UDI, activo OPUS DEI, implemente esta ordenanza en pos de la "transformación de Chile" en defensa del respeto a las mujeres? Y ¿Qué tipo de transformación quiere para Chile a favor de "nuestros derechos"?

Beatriz Bravo

Delegada Sindicato Operadores Postales Correos Chile

Viernes 8 de junio

No ha estado exenta de polémicas la nueva ordenanza municipal "contra el acoso callejero y las prácticas ofensivas" promulgada por el díscolo militante de la derecha: el alcalde de Las Condes Joaquín Lavín, éste sigue el ejemplo del edil de Recoleta y militante del Partido Comunista Daniel Jadue, que fue pionero en implementar medidas de estas características, y a la que Sharp, alcalde de Valparaíso y militante del FA, estaría próximo en sumarse.

Esta nueva ordenanza, vuelve a mostrar el debate que venimos abordando en varias notas desde La Izquierda Diario, que no es más ni menos que una de las formas que tiene el capitalismo para responder a las millones de mujeres que cuestionan las históricas prácticas machistas que vivimos en este sistema; punitivismo.

Es así como el jueves 24 de Mayo, tuvo su primera aplicación en Las Condes.
Pero tenemos que hacernos una pregunta ¿Qué hace que el militante histórico UDI, activo OPUS DEI, implemente esta ordenanza en pos de la "transformación de Chile" en defensa del respeto a las mujeres? Y ¿Qué tipo de transformación quiere para Chile a favor de nuestros derechos?

Hipocresía

Hoy al calor de la llamada "tercera ola feminista", es donde comienzan a proliferar este tipo de iniciativas de las que Lavín es impulsor, a la que se sumó la "agenda de género" presentada por la derecha.

Pero ¿en qué consiste esta ordenanza? es una tipificación que va desde piropos de cualquier índole que puedan incomodar a una mujer, hasta persecución y captación de registro audiovisual, dependiendo de la gravedad del caso, las multas podrán llegar hasta los $233.000. Con esto, se busca sancionar al "individuo" que esté ejerciendo dicho acto en una de las comunas más ricas del país.

Lavín, la impulsa porque puede quedarse tranquilo, estas políticas no avanzan a acabar con el machismo, restringen ciertos comportamientos que catalogan como "inapropiados", pero no cuestionan el problema de fondo y su raíz, de hecho, desvían la atención fortaleciendo al Estado, que es una de las herramientas que tiene la clase empresarial para mantener su dominación, y dejan "libre de culpas" a los verdaderos responsables.

No hay otra palabra, Lavín es un defensor acérrimo de su clase, miembro de una de las familias más ricas de Chile, integrante de una de las alas más conservadoras de la cuestionada Iglesia Católica; el OPUS DEI. Una triada criminal: capitalista, empresario y miembro de la iglesia, nada más ni nada menos que los verdaderos responsables.

Nosotras no somos iguales

Algo hay claro, es que no todas las mujeres somos iguales. Lo demuestra la UDI Evelyn Matthei y las empresarias miembros de directorios al reivindicarse feministas, pues luchan por la "indepedencia económica", conquistar más cargos de poder, estar en las mismas condiciones de los hombres de su clase al momento de "empoderarse" de cargos públicos y empresariales y seguir amasando millones a costa de la explotación y opresión ¿de quiénes? de millones de mujeres, niños y hombres.

Mientras las mujeres trabajadoras sobrevivimos con salarios precarios que en la mayoría de los casos no superan los $300.000, nuestras pares de género, pero de la clase capitalista, tienen sueldos que superan los $7.000.000, mientras nosotras tenemos que cumplir con una doble jornada laboral y con el cuidado de los niños, las mujeres como Mattei tienen trabajadoras domésticas a su servicio que hacen eso por ellas, que podrías ser tú o yo, si seguimos, la lista es larga.

Esta es la realidad material que nos separa, que supera todo tipo de "hermandad". Como nosotras no somos iguales, los hombres tampoco. Hay hombres de la clase capitalista, y hombres de nuestra clase. Son los gerentes y jefes acosadores, los que prometen el paso a planta a cambio de favores sexuales, los que nos evalúan por nuestros cuerpos y que se aprovechan de la precariedad a la que nos condena el capitalismo, para sobrecargarnos laboralmente, son ellos los que ganan millones, los verdaderos beneficiados con la opresión y explotación, mientras nuestros compañeros hombres, colegas, si bien tienen múltiples presiones machistas, ganan sueldos, quizás mejores, pero igualmente precarios, y son ellos, los que cuando tenemos que luchar, están a nuestro lado, de la vereda contraria de mujeres y hombres empresarios miembros de un Chile que los y las trabajadoras no conocemos, el Chile de los ricos.

Esta ordenanza sancionará, principalmente, a los hombres de nuestra clase, mediante el punitivismo que sólo le lava la cara a los verdaderos responsables, y divide nuestra fuerza como clase trabajadora

Ordenanzas como estas muestran que desde la UDI, pasando por el PC (ex NM) hasta el FA están juntos para gritar: ¡CASTIGO AL MACHISTA!. No resuelven las condiciones fundamentales de nuestra opresión, íntimamente ligada a la explotación, puede llegar, en el mejor de los casos, a mitigar ciertos aspectos, pero mientras tanto, deja impune al Estado, los empresarios y la Iglesia. Las mujeres trabajadoras, estudiantes precarizadas y pobres debemos organizarnos en comisiones de mujeres en los lugares de trabajo y en los liceos y universidades, y levantar una lucha por arrebatarle al Estado una Ley de Emergencia, que en base a impuesto a las grandes fortunas e inmobiliarias, costee casas de acogidas para la inmensa mayoría de las mujeres víctimas de la violencia machista, las que sí vivimos la precarización.

Tenemos que tener en claro que cada una de estos derechos conquistados, será inestable y estará a disposición del gobierno de turno, hasta que acabemos con el capitalismo y la explotación.






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