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Mundial de Básquet: ¿por qué Estados Unidos fue derrotado?

El golpe de Francia no fue tan golpe. Era el Dream Team C. El problema de la hegemonía yanqui al desnudo: ¿llamarán a Lebron y cía. para las Olimpíadas Tokio 2020?

Jueves 12 de septiembre | 00:21

Foto: sitio de The Globe and Mail.

Estados Unidos no defraudó. Perdió 89-79 contra un equipo superior, la Francia de un Gobert enorme al que nada se le escapó en la defensa de la pintura. El equipo galo de un Fournier revolucionario, un Batum siempre vigente, con la estrella europea De Colo y un banco de relevos con un Nkitilina de nivel NBA, no podían ser sorpresa en la victoria, cierto harto difícil, pero posible ante los norteamericanos. Ya lo dábamos a entender en anteriores notas, la derrota de Estados Unidos frente a Australia en los amistosos previos al mundial daban cuenta de las dificultades de conformación que tenía Poppovich en un Dream Team más bien "C" que "B". De los 35 jugadores convocados inicialmente solo jugaron 4 de ellos para Estados Unidos.

Luego de unos 4 minutos finales espantosos para los norteamericanos, Francia consumó la victoria cómoda, 10 puntos de diferencia. Euforia de Gobert, que jugó un partidazo, una Francia muy poderosa que espera por Argentina en las semifinales. Rostros de crisis en el banco de relevos yanqui, Poppovich tuvo que dar la cara en la conferencia de prensa. ¿Cuál es el balance?

Estados Unidos no perdía desde 2006. Pero esta derrota no es la única posible, aún resta saber cómo le irá con Serbia, la otra potencia caída en desgracia. El período en el que el Dream Team comenzó a perder en competencias FIBA, ese que tuvo el sello de la Generación Dorada argentina, comenzó en 2002 y duró hasta 2006. Derrotas con Lituania, Puerto Rico, Grecia, Argentina... ese equipo de Estados Unidos se lo conoció como el Night-mare Team.

Hoy sin embargo no puede hablarse de “equipo pesadilla” por dos cosas: porque ya se sabía que los equipos B o C de composición NBA para Estados Unidos son equipos derrotables; y porque el básquetbol está mucho más globalizado, con una euroliga de enorme nivel. No basta con ser NBA. Es más, hoy Argentina no necesita gente en la NBA para ostentar uno de los juegos más inteligentes y oportunistas, con uno de los mejores bases del mundo, el eléctrico Campazzo, jugando en Europa.

Es por ello que Poppovich balancea de modo realista su participación mundialista. Ante la crítica periodística de que la derrota se da por el hecho de que las superestrellas no participaron de la competencia, el conocido entrenador del equipo tejano de San Antonio Spurs fue tajante; “No hablen de los que no están. Éstos son mis jugadores e hicieron algo importante: clasificaron a las Olimpíadas Tokio 2020. Veremos cómo nos va con Serbia. La vida sigue”. Palabras más, palabras menos, se dijo mucho más de lo que se piensa con estas declaraciones del casi siempre adusto entrenador-científico.

Ya no va más la era de los duelos entre la Unión Soviética y los universitarios estadounidenses, o entre estos últimos y la Federación de Yugoslavia. Por el hecho obvio de la caída de los stalinismos, pero también porque el nivel universitario estadounidense ya no estaba a la altura de las circunstancias. El Mundial Argentina 1990 fue el adiós a este paradigma. En 1992 vinieron Jordan y compañía, ganando en Barcelona todos los partidos con una diferencia promedio de más de 40 puntos por partido. Luego vino Atlanta 1996 y más Dream Teams de superlativas diferencias.

Duró 10 años ese primer mandato. Si pudiésemos figurar un culpable del primer giro de derrotas de Dream Teams, la culpa la tiene Allen Iverson. El jugador del "cross-over" que revolucionó a más no poder el estilo de juego de la NBA, permitió abrir más y más el interés norteamericano en jugadores FIBA europeos, africanos, asiáticos y sudamericanos. Y así, todo el mundo tenía puertas de entrada en esa globalización del juego NBA, del cual Estados Unidos no ganaba más que dinero, porque deportivamente hablando, se equiparaba la cosa.

Mientras Charles Barkley se paseaba por las playas europeas en 1992, preguntándose “¿Quién es ese tal Oscar?” (el brasilero más goleador de la historia del básquetbol mundialista) hoy el mundo deportivo se pregunta quiénes son esos jugadores estadounidenses. Claro está, son grandes jugadores en sus equipos, pero son humanos.

Hoy se cierra el segundo ciclo de los Dream Team, período más ganador que el primero. Bah... se cerró antes de viajar a China, con la negativa de 16 jugadores supestrellas al seleccionado de Poppovich. Trece años consecutivos de triunfos en partidos oficiales se fueron al tacho. Pero esos años de dominación fueron distintos a aquellos años de gloria hegemónica estadounidense. En 2008 fueron Kobe Bryant y Lebron James los que tuvieron que hacerse cargo del equipo, y tuvieron que pelear hasta el último minuto contra España para llevarse el oro olímpico. El equipazo que podría armar hoy Estados Unidos, con nombres como Hardem, Curry, Durant, Irving, etc., nunca podría ganar por 30 puntos a esta Francia, España o a Australia, por mencionar los equipos que teóricamente tienen más posibilidades de campeonar que Argentina misma en este mundial.

Surge la pregunta inevitable: ¿llegarán a un acuerdo con las figuras estelares para Tokio 2020? A juzgar por el enorme poder individual que adquirieron las megaestrellas en el mercado de pases, parece que estas derrotas no les mojan el oído, salvo claro está a Poppovich. El profesor vino al mundial con un equipo "low cost". Y vino a seguir aprendiendo del básquetbol FIBA, ese juego de fricción en el que los norteamericanos nunca se sintieron cómodos. Mientras, los multimillonarios jugadores estrellas están veraneando de lo lindo, piensan solamente en su próxima temporada de la NBA y nadie en todo Estados Unidos le da bolilla al mundial de básquet.

Será hora de que hagan sus cuentas y saquen conclusiones. La potencia norteamericana está obligada por las circunstancias a girar, antes de que sea tarde. Los mundiales de básquet siempre fueron un escalón menor frente a las Olimpiadas. Perder el oro olímpico duele mucho más de lo que se cree en Estados Unidos. Y más si es en básquet, su especialidad. De allí la hazaña de aquella Generación Dorada. La Argentina de hoy está en un lugar distinto: está en evolución. Vertiginosa, claro está. Pero como lo está este básquetbol lleno de nuevas estrellas que, justamente, están en otras selecciones y no en ese viejo sueño americano. Se llama crisis de hegemonía norteamericana. Que llamen al Profesor Voligoma...







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