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CRISIS RÉGIMEN 78

Mujeres, pensionistas, precarios y juventud: las palancas que están quebrando la restauración reaccionaria del PP

A 10 días del histórico 8M, este fin de semana serán cientos de miles los que saldrán a la calle por las pensiones, contra la Ley Mordaza o el 155. La necesidad de unificar todas estas luchas e imponer una huelga general contra el gobierno y el Régimen.

Santiago Lupe

Barcelona | @SantiagoLupeBCN

Jueves 15 de marzo | 20:05

Foto: EFE

Hace menos de 5 meses el gobierno del PP -con el respaldo de la Corona, la Judicatura, Cs y el PSOE- emprendió una carrera reaccionaria sin precedentes. La represión contra el movimiento catalán por medio del 155, presos políticos y decenas de procesamientos pretendía ser el primer capítulo de una restauración reaccionaria en toda regla del Régimen del 78.

Este bloque monárquico quería aprovechar la ocasión para cerrar por derecha la crisis orgánica abierta desde 2011. La ola españolista en el resto del Estado, favorecida por la política de la burocracia sindical y el nuevo reformismo que no movieron un dedo en apoyo al pueblo catalán, pretendía convertirse en su respaldo de masas. Hasta Felipe VI parecía que se venía represtigiando por su rol de jefe del golpe institucional del 155.

El 21D suposo un primer golpe para este proyecto. Los y las catalanas no votaron como se esperaba. Aún así, esto no suposo ningún freno a la escalada repressiva. Hasta el punto de que a día de hoy la voluntad expresada en las urnas sigue siendo abiertamente vulnerada por los jueces del Tribunal Supremo y el Constitucional, que están evitando que los candidatos independentistas puedan ser investidos en el Parlament.

Pero lo que seguramente ni el Rey, ni los jueces, ni el PP se imaginaban es que la “gran plaza de Oriente” en que querían convertir el Estado español iba a durar tan poco. El 2018 ha arrancado con un incremento de las movilizaciones sociales sin precedentes desde el ciclo 2011-2014, el que abrió el 15M y se clausuró con las masivas manifestacions de las Marchas de la Dignidad, justo antes del ascenso electoral de Podemos y el desvío de la calle a las instituciones.

Primero fueron los pensionistas, con concentraciones masivas en decenas de ciudades en contra de la vergonzosa subida del 0,25%. La generación del 68, la que enfrentó a la dictadura en las facultades, las fábricas, los barrios, la que padeció la represión brutal de los padres y abuelos de actuales ministros... tomó las calles en defensa del sistema público de pensiones, que es el gran objectivo a desmantelar y privatitzar por parte del régimen.

Decimos del régimen y no solo del gobierno, porque el compromiso de pagar la deuda (que ya sobrepasa el 100% del PIB) que consagra el 135, y de no tocar los beneficiós de los capitalistes, hace que la liquidación de esta conquista sea parte del programa de todos los partidos monárquicos: el PP, Cs y el PSOE. Más allá de que en la carrera electoral cuando ocupan los escaños de la oposición quieran aparentar algo distinto.

Casi a la vez, los cada vez más brutales ataques contra la libertad de expresión –Valtonyc, Hasel, Arco, Fariña...- generaron una gran oleada de indignación en las redes y las primeras concentraciones y actos de repudio, con gran presencia juvenil. La Justicia, el principal ariete de la represión en Catalunya y del proyecto de restauración reaccionaria, quedaba nuevamente cuestionada. Meses antes había quedado también al desnudo su carácter machista y patriarcal, con el jucio del caso de la “manada”.

Pero lo más novedoso, y más alarmante para Moncloa y Zarzuela, es que otra vez la Corona volvía a estar en “horas bajas”. Todos los esfuerzos por represtigiarse tras la abdicación de Juan Carlos I entran en barrena a la luz de los privilegios del que goza el Jefe del Estado y el tratamiento que reciben su cuñado y hermana en el retiro de lujo de Ginebra. La nueva pitada a Felipe VI en Barcelona en su visita al MWC fue la mejor estampa.

Pero el golpe más contundente vino con la gran jornada del 8M. Las y los más de 3 millones en las calles, la huelga de 24h en numerosos sectores y empreses, las y los más de 5 millones que hicieron paros... fueron parte de un gran día de lucha contra la violencia machista, los recortes sociales, la brecha salarial y la precariedad laboral, que fueron los ejes de las distintas manifestaciones. Una movilización que fue abiertamente contra el PP y Cs, que se habían opuesto a la misma hasta pocos días antes.

En este caso, las mujeres y la también la juventud, que participó a cientos de miles, protagonizaron un gran movimiento de masas que, aunque ahora los diferentes partidos quieran desactivar para encajonarlo en una agenda parlamentaria de la que poco se puede esperar, volvía a expresar que el malestar social y la desafección con los partidos e instituciones de este régimen sigue siendo de masas.

A la par, si bien la burocràcia sindical sigue jugando su rol de garante de la estabilidad y evita que el movimiento obrero entre con toda su fuerza en escena, muchos sectores, sobre todo precarios, están protagonizando procesos de organización y lucha. Se vió el 8M con colectivos de trabajadoras como las Kellys, del Telemarketing o el trabajo doméstico. Está pasando estos días en Andalucía y Euskadi con la huelga de docentes interinos. O en Madrid con la huelga de los trabajadores de Amazón contra el hombre más rico del mundo. Un movimiento molecular pero que va constituyendo poco a poco una amenaza para la criminal paz social que vienen garantizando las direcciones burocrácticas de los grandes sindicatos.

El próximo fin de semana se verá un claro botón de muestra de este cambio de situación. El sábado cientos de miles saldrán a la calle en defensa del sistema público de pensiones, también contra la Ley Mordaza e incluso en Catalunya, después de varios meses con movilizaciones pequeñas, se espera una importante manifestación en contra de los ataques al catalán en la escuela por medio de la aplicación del 155.

¿Estamos ante una vuelta de un ciclo de movilizacione sociales como el de 2011-2014? Esta por confirmarse, pero si es así este no será idéntico. El régimen está aún más tocado y sobre todo hay ya una cierta experiencia hecha con algunos de los agentes que han jugado el papel de apagafuegos en este último tiempo.

La burocracia sindical está cuestionada, y el 8M, como antes el 3O o el 8N en Catalunya, demuestran que es posible imponer grandes jornadas de movilización con huelga y cortes de calle. El nuevo reformismo, que ha trabajado intensamente para rebajar las aspiraciones de cambio en estos años para que encajaran en “lo posible” (el cogobierno con el PSOE), no convence a muchos, en especial su cantinela de que la clave pasa por las elecciones y ocupar espacios institucionales, y no por la movilización social.

En Catalunya, la claudicación de la dirección procesista también deja un espacio para que el movimiento por el derecho a decidir pueda retomarse desde una posición independiente a los partidos históricos de la burguesía y la pequeñoburguesía catalana y centrada en la lucha de clases.

Un escenario político que plantea una gran oportunidad y responsabilidad a las organizaciones anticapitalistas para construir una alternativa política revolucionaria y de la clase trabajadora, en el sentido del llamamiento que publicó hace unas semanas la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT).

A la vez es clave pelear porque todas estas movilizaciones se coordinen y confluyan en un solo puño. Que las movilizaciones de todo el Estado asuman la defensa de los derechos democráticos aplastados en Catalunya, incluido el de autodeterminación, y que el movimiento catalán se refunde ligando la lucha por la república a las grandes reivindicaciones sociales.

Es urgente poner en pié un gran movimiento que aune las demandas democráticas -como el rechazo a la Ley Mordaza, a la Corona, la defensa del derecho a decidir, la libertad de todos los presos y procesados políticos y la agenda de las mujeres que clamó el 8M- junto con las reivindicaciones sociales por unas pensiones dignas, contra la precariedad, el paro, los desahucios y el desmantelamiento de los servicios públicos.

Una lucha que debe estar anclada en los centros de estudio, los barrios, pero sobre todo los centros de trabajo. Que ayude a organizarse a los trabajadores en peores condiciones, que promueva las asambleas y la autoorganización, con el fin de acabar con el control de la burocracia sindical, a la que hay que exigir hasta imponerle la convocatoria de una huelga general en todo el Estado como el punto de incio de un plan de lucha contra el gobierno del PP y por la lucha por un verdadero proceso constituyente donde realmente se pueda discutir toda la agenda que está llenando de nuevo las calles.






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