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Mujeres, afroamericanos y latinos pueden definir la elección en Estados Unidos

Lejos de un electorado blanco, mayoritariamente masculino y adulto, hoy las mujeres, los afroamericanos y los latinos pisan fuerte en la elección. ¿Cómo juegan los factores demográficos?

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Miércoles 2 de noviembre de 2016 | 15:30

Las transformaciones demográficas del electorado estadounidense han consolidado su protagonismo desde la primera victoria de Barack Obama en 2008 y su posterior reelección en 2012. El electorado 90 % blanco, mayoritariamente masculino y adulto es hoy una fotografía descolorida. Pero ante todo, ha representado un obstáculo para las estrategias electorales que se basan exclusivamente en ese bloque electoral en retroceso. Con particular impacto entre los republicanos, este fenómeno explica parte de la crisis de ese partido (incluido el ascenso de un outsider como Trump) aunque es mucho más amplio.

“En 1980, Ronald Reagan ganó el voto del 56 % de los blancos y consiguió una victoria aplastante. En 2012, [el candidato republicano] Mitt Romney ganó el 59 % del voto de los blancos y perdió en 24 estados (…) La verdad es que simplemente no hay suficientes votantes blancos en el Estados Unidos de 2016 para ganar una elección nacional sin ganar también una parte sustancial de los votantes no blancos”. Esta fueron las palabras del estratega republicano Stuart Stevens y lo que describe es el retroceso del electorado blanco que en 1976 representaba el 90 % de los votantes, en 2012 estuvo cercano al 70 %, y se estima que este año llegue al 69 % (Pew Research).

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Esta mutación demográfica promete repetir su protagonismo en las elecciones de 2016. No solo no hay “suficientes votantes blancos”, sino que han ganado preeminencia bloques electorales que no son base tradicional de los republicanos. Aunque este fenómeno benefició claramente el voto demócrata, las perspectivas de Clinton se ven afectadas por la crisis general del sistema bipartidista y el poco entusiasmo (y muchas dudas) que ha generado su candidatura en la base demócrata.

Voto Latino

Los latinos representan el 12 % de la población habilitada para votar. El voto latino es el de mayor crecimiento desde la última elección, pero al mismo tiempo son el grupo más subrepresentado. Desde 2012, el número de votantes latinos ha crecido 4 millones, lo que representa el 37 % del crecimiento del total de votantes. Sin embargo, es probable que menos latinos acudan a las urnas (un 69%, debajo del 72 % que votó en 2012).

Son un porcentaje significativo en estados clave como Florida, donde representan el 18 % del electorado. El crecimiento fue exponencial en los últimos años y ha modificado incluso las características del voto latino del estado: hace 10 años los republicanos lideraban por 4 puntos y hoy los demócratas encabezan el voto hispano por 11. El discurso xenófobo de Donald Trump no afecta de forma positiva este fenómeno, menos en Florida donde la economía no atraviesa la situación adversa de otros estados y donde la mano de obra inmigrante y latina juega un papel central. Por otra parte cada nueva generación del exilio cubano (con fuerte peso en el Estado) es más moderada que la anterior y tiene una política más aperturista hacia la isla que tiende a coincidir más con los demócratas que con los republicanos, que eran su referencia histórica.

Solteras, sin apuro y con mucho poder

En las elecciones de 2016, las brechas más importantes serán las de género y edad. Según la reciente encuesta de Washington Post-ABC News, el 49 % de las mujeres apoyará a Clinton mientras solo el 34 % votaría por Trump (una brecha mayor que la de 2012, cuando las mujeres apoyaron a Obama en un 57 % y a Romney en un 53 %).

Las denuncias de acoso sexual y las declaraciones misóginas de Trump solo han sumado apoyo a Clinton, incluso entre las mujeres jóvenes que habían votado mayoritariamente por Sanders en la interna demócrata. Esto se suma al apoyo tradicional de las mujeres por el partido demócrata.

La novedad es que las mujeres solteras representarán el bloque electoral más grande. Desde 2009, la cantidad de mujeres casadas cayó por debajo del 50 %. Por primera vez en la historia las mujeres no casadas son más. El fenómeno no se limita a las jóvenes (solo el 20 % de ellas llega casada a los 29 años, muy por debajo del 60 % de 1960). Las mayores de 34 años que nunca se casaron llega al 46 % (un 12 % más que hace 10 años).

Ya en 2012 el Voter Participation Center había observado la presencia de las mujeres no casadas en todos los bloques: el 40 % de los afroamericanos, cerca del 30% de los latinos y un tercio de todos los votantes jóvenes. El estado civil no es un dato menor para las elecciones, es un rasgo que define gran parte del voto. Aunque las mujeres blancas de conjunto votaron más por Romney que por Obama, entre las solteras el 49,4 % votó a los demócratas mientras el 38,9 lo hizo por los republicanos.
También las mujeres son las que más participan entre la juventud: el 51 % asegura que votará el 8 de noviembre (un 6 % más que en 2012), mientras que sus pares masculinos bajaron en su participación, de un 51 % en 2012 a un 47 %.

La raza importa

Los afroamericanos representan el 12 % de la población habilitada para votar (en las elecciones de 2012, el 67 % de ese padrón votó en las elecciones).

El factor racial sigue siendo decisivo a la hora de las elecciones. Tradicionalmente demócrata, la comunidad negra apoya mayoritariamente a Hillary Clinton contra Trump. Una vez más, el rechazo es lo que define ya que la mayoría de la juventud negra se siente, con razón, “bajo ataque” según la encuesta de IOP de Harvard. No son las mejoras durante los gobiernos demócratas lo que impulsan el voto negro sino el temor de que su situación empeore con Trump. El 85 % de los afroamericanos menores de 30 años creen que la gente de su mismo origen étnico o racial está bajo ataque.

Clinton espera mantener la ecuación que llevó al poder a Obama, cuando consiguió 9 de cada 10 votos de personas no blancas y 19 de cada 20 votantes negros. Solo el 3 % de los votantes afroamericanos declara que apoyará a Trump el 8 de noviembre.

Si, como señalamos al principio, los cambios demográficos favorecen tendencialmente al partido demócrata, mientras que estrechan la base social histórica del partido republicano, esto no significa automáticamente el triunfo de Clinton en las elecciones del 8N. Los dos candidatos más impopulares de las últimas décadas generan una gran apatía en parte del electorado, tanto sobre sectores que aún están indecisos, como otros que pueden no ir a votar. La campaña de Clinton hace esfuerzos para traccionar a estos sectores (que atraviesan a las poblaciones según su género, edad y raza), para que salgan a votar aun cuando su mejor argumento sea que ella es el “mal menor”.

La forma en la que se expresen estos bloques demográficos (incluyendo el grado de abstención) terminará definiendo al próximo habitante de la Casa Blanca.

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