Cultura

HISTORIA

Muhammad Ali: la venganza del esclavo

Un recorrido por la historia de racismo y resistencia en el boxeo. La relación del campeón con el nacionalismo negro, Malcom X y Martin Luther King.

Domingo 12 de junio de 2016 | Edición del día

1.

“Ser campeón de peso pesado en la segunda mitad del siglo XX (con revoluciones negras a lo largo y ancho del mundo) representa algo parecido a ser Jack Johnson, Malcolm X y Frank Costello en una sola pieza”, decía Norman Mailer sobre Muhammad Ali.

La referencia al mafioso italiano probablemente se debiera a la compartida influencia en el imaginario popular, su lengua filosa y cualidad de rival imposible. El resto de la afirmación, sin embargo, resulta más sugestiva.

2.

Jack Johnson, sureño e hijo de esclavos emancipados, mostró su superioridad indiscutible en una disciplina que –mediante restricciones económicas y jurídicas– era un arquetipo del segregacionismo. En 1908, este “Gigante de Galveston” fue el primer negro en participar del Campeonato Mundial de Pesos Pesados, ganándolo a pesar de la intervención de la policía. Su victoria generó tal revuelo, que los empresarios del deporte arreglaron peleas con cuanto boxeador blanco apareciera para despojar a Johnson de su título. El intento más desesperado ocurrió en 1910 cuando llamaron a Jim Jeffries, un ex campeón retirado, fuera de forma, a quien la prensa denominó “La gran esperanza blanca”.

El “Gigante” se impuso fácilmente y su victoria fue apropiada por toda la comunidad negra. Las Iglesias y hogares se volvieron centros de fiesta. De igual manera, la reacción de los grupos racistas no se hizo esperar; e incluyó desde la prohibición legal de transmitir la pelea hasta linchamientos.

Aunque la biografía de Johnson muestra un pueblo oprimido que resiste y él mismo fue siempre un rebelde, que desafiaba las leyes Jim Crow, nunca tuvo un compromiso militante. De hecho no volvería a disputar el título con otro atleta negro. Más aún, entretanto Detroit ardía por enfrentamientos raciales en 1943, el boxeador callaba y se convertía al cristianismo de la mano de una mediática evangelista blanca.

Una historia contradictoria, como la de otros grandes del deporte. Es el caso de Joe Louis, Campeón de Pesos Pesados por doce años consecutivos entre 1937 y 1949.

3.

Louis, nativo de Alabama, se había mudado con sus padres y sus siete hermanos a Detroit, luego de un amedrentamiento por parte del Ku Kux Klan. A la edad de 17 años debutó como boxeador en un club local donde tempranamente ostentó gran técnica y velocidad. Su gran momento, sin embargo, llegaría años más tarde cuando se enfrentó a Max Schmeling, primer campeón de la Alemania nazi.

Como ocurrió tantas veces en la historia del boxeo, no eran sólo dos pugilistas los que subían al ring: de fondo, había distintas significaciones e intereses políticos y sociales. En un primer encuentro de 1935, Schmeling venció a Louis por nocaut en el round 12 y Goebbles aprovechó para realizar un gran despliegue propagandístico del régimen. Un segundo encuentro arrojó el resultado opuesto. Louis noqueó a su contrincante en el primer round por lo cual Hitler detuvo la transmisión radial en todo el territorio: la supuesta “supremacía aria” era puesta en cuestión.

En Estados Unidos, distintos sectores buscaron imprimirle su propio sello al triunfo de Louis. El Partido Comunista organizó reuniones para escuchar la pelea que resultaron masivas: miles de hombres y mujeres, quienes sufrían la opresión cotidianamente y habían experimentado la misma infancia que Louis, encontraban en él a un igual y querían verlo vencer.

La prensa y el establishment que unos años atrás habían aprovechado la victoria del alemán para desplegar su propio racismo, ahora pretendían capitalizar los golpes de Louis. El campeón no se opuso. Pronto se convirtió en un ferviente propagandista de los Aliados, y aseguraba que iban a ganar la 2° Guerra Mundial (en la cual murieron millones de obreros estadounidenses, sobre todo los negros) porque “Dios estaba de su lado”. En este sentido, su figura representó tanto una expresión de la clase obrera radicalizada y el despertar de los negros, como la posterior ofensiva imperialista destinada a consolidar hegemonía norteamericana.

4.

Muhammad Ali reveló la cara opuesta de la moneda. Como Malcom X -siguiendo la construcción de Mailer-, inmerso en las tensiones sociales de Estados Unidos, eligió el camino de la lucha contra la segregación y el imperialismo. Uno y otro persiguieron estrategias distintas y tuvieron cambiantes relaciones con el nacionalismo negro, que incluso los llevaría a distanciarse; pero ninguno se quedó callado mientras mandaban a los negros a pelear guerras que no les pertenecían, enfrentándose a la censura y la persecución.

Cuando todavía se llamaba Cassius Clay, Muhammad comenzó a acercarse al activismo a través de Malcom X, su entonces amigo y vocero de la Nación del Islam (NOI). Luego de vencer a Sonny Liston en su primera pelea de 1964, el campeón anunció públicamente que era miembro de la NOI y que cambiaría su nombre para deshacerse de la ”herencia del esclavismo”. Aunque su acercamiento era más religioso que político, esto no dejaba de ser peligroso ante los ojos de la prensa, el gobierno y los magnates del deporte. Más lo sería en la medida que la lucha por los derechos civiles se extendiera.

Así lo demostró la pelea de frente a Floyd Patterson, un Tío Tom que, envuelto en la bandera yanqui, había manifestado: “Soy Católico y voy a pelear contra Clay como un deber patriótico. Voy a devolverle la corona a América”. En el ring, mientras le daba una paliza, Ali le gritó: “¡Vamos, América! ¿Cuál es mi nombre?”. El mismo Eldridge Cleaver –Pantera Negra– escribiría años después sobre la influencia de esta pelea en el movimiento.

Para mediados de 1964, Malcom X se oponía en los hechos a los lineamientos de la Nación del Islam, que era una expresión de la pequeñoburguesía negra y, por tanto, renuente a denunciar el sistema en su conjunto. Por esto rompió con la NOI y Elijah Muhammad (su cabecilla) a la par que se acercaba a posiciones clasistas y cada vez más revolucionarias, llamando a la autoorganización de los negros y reivindicando la violencia. Constituía un ejemplo peligroso. En este contexto, no es de extrañar que tres miembros de la NOI -en complicidad con los servicios de inteligencia- lo asesinaran en 1965.

5.

En 1967, Martin Luther King, Jr. anunció su oposición a la guerra en una conferencia de prensa: “Como Muhammed Ali plantea, somos todos –negros y pobres– víctimas del mismo sistema de opresión”. Se conoce, de acuerdo a los archivos ya desclasificados del FBI, que ambos tuvieron una relación personal e intercambio político a través de cartas.

Aquel mismo año, Ali fue condenado por un jurado -compuesto por blancos- por negarse a ir a la guerra. Lo sentenciaron originalmente a cinco años de prisión y confiscación del pasaporte. “Mi conciencia no me deja ir a disparar a mi hermano; a gente oscura, a gente pobre, hambrienta, gente en el barro, para la gran y poderosa América. ¿Dispararles para qué? Ellos nunca me dijeron nigger; nunca me lincharon; no me tiraron sus perros; nunca me robaron mi nacionalidad, violaron o mataron a mi madre y mi padre. (…) Sólo llévenme a la cárcel”, declaraba.

6.

Aunque logró evitar el encierro, lo vetaron del boxeo y fue obligado a pagar una multa de uS$10.000. Sólo años después, a raíz de sucesivas apelaciones, finalmente la Corte Suprema le permitió volver al ring. Luego de perder contra Joe Frazier y Ken Norton, en 1974 llegaría la pelea que cambió la historia del deporte: Ali vs. Foreman.

Sucedió en Zaire, África. Siete años habían pasado desde que Muhammad Ali había sido despojado de su título. Su oponente tenía siete años menos y llevaba 40 peleas invicto. De todas formas, en el 8° round, condensando su furia en un memorable nocaut, Ali se consagraba nuevamente campeón ante los ojos de millones de espectadores de todo el mundo.

7.

En 1978, Ali perdió su cinturón en una mala pelea, por decisión dividida, frente a Leon Spinks. Igualmente obtuvo su revancha y más tarde, ese mismo año, se consagró campeón por tercera vez. Pese que había decidido retirarse, en 1980 decidió pelear nuevamente por el título: esta vez contra Larry Holmes (campeón entre 1878 y 1983). El evento resultó en un fracaso para Ali, fuera de forma y sin su antigua chispa.

Para ese entonces, Reagan se habían impuesto en las elecciones presidenciales y el neoliberalismo irrumpía de la mano de un serie de “contrarreformas” económicas, sociales y políticas. El movimiento por los derechos civiles entraba en una fase de reflujo. Si bien el racismo pisaba fuerte, mediante la represión y la cooptación, la burguesía había sabido contener el proceso abierto en los 60’. Holmes encarna este cambio.

En 1982 libró una pelea contra Gerry Cooney (de la cual resultó victorioso), que recordaba la de Johnson vs. Jeffries de 1910. Las grandes revistas sólo retrataban a Cooney, en cuya esquina se veían remeras que rezaban: “No el hombre blanco. El hombre correcto”.

La postura de Holmes se resume en su muy citada frase: “Es difícil ser negro. ¿Vos alguna vez fuiste negro? Yo fui negro una vez. Cuando era pobre”.

8.

El derrotero político de Muhammad Ali hasta el final de sus días se relaciona con aquel triunfo de un sistema que lo asimiló en su versión light. Luego de su retiro, ya enfermo de Parkinson, se reunió con presidentes, encendió la antorcha de los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996, participó de una “misión de Paz” de la ONU durante la invasión a Afganistán y estuvo presente cuando asumió Barack Obama. Pero si se había consumado como “El más grande” se debe a que desplegó un talento único y una personalidad arrolladora en tiempos de convulsión social.

Los primeros boxeadores en Estados Unidos habían sido esclavos obligados a pelear para el entretenimiento de sus dueños. Pugilista privilegiado –quizás el mejor de todos los tiempos– Ali cargó, en cada golpe, su venganza.








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