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Muere Shimon Peres, el último de los padres fundadores del Estado sionista

Fue Presidente y Premio Nobel de la Paz, pero los palestinos lo recuerdan como el primer organizador de colonias judías en Cisjordania y por la masacre de Qana de 1996.

Miércoles 28 de septiembre | 15:50

El ex presidente israelí, Shimon Peres, falleció en la madrugada del miércoles en Israel, a los 93 años por las consecuencias de un accidente cerebrovascular ocurrido el 12 de septiembre pasado.

Desde la creación del Estado de Israel en 1948, fue una figura central en la política israelí. Fue protegido de David Ben-Gurion, Primer Ministro entre 1948 y 1954 y ocupó el cargo de Primer Ministro en tres ocasiones. Fue Ministro de Relaciones Exteriores en varios gobiernos y Presidente del Estado de Israel entre 2007 y 2014.

Forjó alianzas con Francia en los años 50 y creó la base de las industrias electrónica y aeronáutica de Israel. Tuvo un papel destacado en la organización de las Fuerzas de Defensa de Israel y es considerado el padre del programa nuclear israelí. Además, participó de los acuerdos de Oslo firmados con los palestinos en los años 90 y obtuvo el premio Nobel de la Paz en 1994 junto con Yitzhak Rabin y Yaser Arafat.

Los principales medios del mundo proclaman hoy que ha muerto “un sabio de la nación” y un “forjador de la paz” en Medio Oriente. Poco se dice acerca de su papel en la colonización judía de Cisjordania, de su actuación como Primer Ministro de Israel en el bombardeo del pueblo libanés en Qana que dejó 106 civiles muertos en abril de 1996, o del fraude que en realidad fueron los acuerdos de Oslo para el pueblo palestino.

Los asentamientos ilegales en Cisjordania

Aunque el proyecto de colonización en Cisjordania se asocia generalmente al Likud u otros partidos nacionalistas de derecha, fue de hecho el Partido Laborista de Peres el que inició la colonización del territorio Palestino conquistado.

Durante el mandato de Peres como Ministro de Defensa, entre 1974 y 1977, el gobierno de Rabin estableció numerosos asentamientos en Cisjordania, entre ellos Ofra, construidos en gran parte sobre tierra Palestina confiscada. Peres fue un participante entusiasta de este proceso.

En tiempos más recientes, Peres ha intervenido para socavar cualquier medida, por modesta que sea, que implique una sanción contra los asentamientos ilegales, siempre, por supuesto, en nombre de la defensa de las “negociaciones de paz”.

La masacre de Qana

Como primer ministro en 1996, Peres ordenó y supervisó la Operación Uvas de la Ira, cuando las fuerzas armadas israelíes mataron a alrededor de 154 civiles en el Líbano e hirieron a otros 351. La operación, considerada por amplios sectores como una demostración de fuerza para lograr un mejor posicionamiento de cara a las próximas elecciones, tuvo como blanco intencional a civiles libaneses.

El incidente más recordado de la campaña fue la masacre de Qana, cuando Israel bombardeó instalaciones de Naciones Unidas y mató a 106 civiles que habían obtenido refugio en ese lugar.

Según un informe de la propia ONU, es improbable que el bombardeo haya sido “el resultado de errores técnicos y/o de procedimiento”, a pesar de las negaciones de Israel. Peres declaró después al respecto: “Todo se realizó de acuerdo con una lógica clara y de manera responsable. Yo estoy en paz”.

Mentor de los acuerdos de Oslo

Uno de los hitos por los cuales Shimon Peres es recordado y reivindicado en los obituarios que pueblan la prensa internacional son los acuerdos de Oslo. El 13 de septiembre de 1993 el apretón de manos entre el líder palestino Yasser Arafat y el primer ministro israelí Itzjak Rabin en Washington sellaba los acuerdos. Peres era entonces ministro de Relaciones Exteriores israelí y había sido uno de sus principales impulsores.

En realidad, los acuerdos de paz de Oslo fueron un fraude en desmedro de los intereses del pueblo palestino que solo se proponían descomprimir los vientos levantiscos de la primera Intifada (1987-1993), una profunda rebelión de masas que hizo crujir la ocupación sionista.

Los acuerdos de Oslo crearon la Autoridad Nacional Palestina (ANP), en ese entonces un gobierno con jurisdicción sobre un tercio de los territorios palestinos que estaban bajo administración militar israelí. Bajo la artimaña de extender progresivamente el gobierno de la ANP, el acuerdo mantuvo la indefinición de las principales demandas palestinas: el derecho de retorno, el establecimiento de la ciudad capital en Jerusalén oriental y las fronteras del Estado de Israel, una capitulación histórica como bien denunció el extinto y celebre intelectual palestino Edward Said.

Obviamente, esa indefinición no era casual. Desde la extrema derecha hasta la izquierda sionista jamás admitieron el derecho de retorno de los 8 millones de palestinos que residen en la diáspora. El flujo de esa masa atentaría contra el “equilibrio demográfico” sobre el que se funda el Estado sionista.

El único “Estado” palestino que Peres estuvo dispuesto a reconocer, al igual que la derecha del Likud, es una farsa de estado, manteniendo la situación colonial establecida por la existencia del Estado de Israel y el imperialismo contra las masas palestinas. Donde los territorios palestinos se mantengan, como hoy, sin unidad territorial, donde Gaza y Cisjordania son dos porciones de tierra completamente desarticuladas, cuyas fronteras son controladas militarmente por el ejército israelí. Con Cisjordania atravesada por el Muro del Apartheid de 700 km. más cientos de checkpoints del Ejército israelí que estrangulan las aldeas palestinas en un archipiélago de bantustanes inconexos.

Consecuente hasta el final

En los últimos diez años, Peres ha actuado como uno de los embajadores globales de Israel, mientras que la Franja de Gaza fue sometida a un bloqueo devastador y tres grandes ofensivas militares.

A pesar de la indignación mundial ante tales políticas, Peres ha apoyado constantemente los castigos colectivos y la brutalidad militar.




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