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ESTADOS UNIDOS #INAUGURATION

Mucha demagogia en el discurso inaugural de Trump

En un discurso similar a los de campaña y hablándole a su base electoral Trump rechazó al estáblishment político, habló de las fronteras, el empleo, el comercio y las alianzas militares.

Juan Andrés Gallardo

@juanagallardo1

Viernes 20 de enero | 14:48

Trump eligió comenzar su presidencia con un discurso con un claro tono demagógico, que mantuvo la línea de los realizados durante su campaña, sin referirse específicamente a ninguna de sus promesas ni cómo lograrlas.

Hablándole directamente a su base electoral, muchos de ellos los llamados “perdedores de la globalización” que vieron como su calidad de vida se arruinó en las últimas décadas, Trump empezó atacando al estáblishment político.

Luego de saludar a los expresidentes presentes y de dar las gracias a Obama por la “cordial transición”, Trump apuntó directo a Washington: “Esta ceremonia tiene un significado particular porque hoy estamos transfiriendo el poder de Washington y devolviéndolo al pueblo”.

Se trata de uno de los caballitos de batalla que utilizó durante su campaña y que decidió tomar como punto fuerte de su discurso inaugural. Apoyado en la bronca con los políticos profesionales, a quienes la mayoría de la gente ve alejados de sus necesidades, Trump afirmó que “Durante mucho tiempo un pequeño grupo en nuestra Capital ha manejado las cosas y la gente sufrió. Los trabajos se fueron y las fábricas cerraron. Sus victorias y triunfos no han sido las de la gente”. Y cerró asegurando que “El 20 de enero de 2017 será recordado como el día en que el pueblo se convirtió en los gobernantes de este país”.

Fronteras, comercio y empleos

Si bien, no nombró explícitamente a China, Mexico o la OTAN, Trump tomó en su discurso los ejes generales de su política proteccionista y antiinmigrante.
“Durante décadas hemos subsidiado a otros países mientras que se debilitaba nuestro poderío. Cuidamos las fronteras de otros países y descuidamos las nuestras.
Las fábricas cerraron y se fueron de nuestras costas sin pensar en los trabajadores estadounidenses que se quedaban sin nada”.

Con esos argumentos, Trump reforzó su política aislacionista y dijo que ya es hora de mirar hacia adentro y que a partir de ahora lo que guiará su gobierno será el lema “Primero Estados Unidos”.

La única promesa concreta pareció ser el de un plan de obras públicas incluyendo carreteras, puentes o aeropuertos que serán construidas por “manos estadounidense”. Por el resto solo pudo enumerar que con un mayor proteccionismo Estados Unidos volverá al camino de la “prosperidad”, aunque sin especificar cómo hará para “volver a traer el empleo, cuidar las fronteras y recuperar la riqueza”.

De esta manera arranca el gobierno del magnate neoyorkino, que viene acompañado de un gabinete de millonarios y conservadores que contradice su discurso antiestáblishment. Aún hay más dudas que certezas sobre las posibilidades que tiene de llevar adelante sus promesas de campaña, muchas de las cuales chocan con el establishment político y económico del país, mientras que las xenófobas, y antiinmigrantes empiezan a tener la resistencia de las calles.

Mientras que Trump daba su discurso, rodeado de Obama, Hillary y el propio Sanders, miles de manifestantes se movilizaban en distintos puntos de la Capital, como preludio de las masiva marcha de mujeres que están planificadas para mañana .






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