Cultura

ARTE Y TECNOLOGÍA

Movimiento ciborg: ¿corriente artística, evolución humana o iniciativa comercial?

En el marco de la convención de diseño Trimachi DG, los ciborgs Neil Harbisson y Moon Ribas disertaron y contestaron preguntas sobre arte, tecnología y filosofía transespecie, con una particular veta empresarial.

Libertad Martinez

@LiberMartu

Edgardo Reynaldi

@hhoollaa666

Martes 18 de octubre | Edición del día

El británico Neil Harbisson es un artista y activista ciborg, famoso por haber superado, con ayuda de la tecnología, una condición de nacimiento llamada acromatopsia por la que veía los valores de negro, blanco y grises pero no los colores. Desde 2004 tiene una antena osteointegrada a su cráneo que le permite traducir los colores a sonidos y así “ver” tanto los tonos percibidos por el ojo biológico como los infrarrojos y los ultravioletas. Al convertirse en ciborg Harbisson no sólo “reparó” su biología sino que se auto-diseñó un nuevo sentido: la posibilidad de escuchar los colores y recibirlos desde cualquier parte del mundo a través de internet.

Moon Ribas, amiga de Neil desde la infancia, es una coreógrafa y bailarina ciborg con un implante sísmico online en su brazo. Este dispositivo vibra al percibir los terremotos en todo el globo terráqueo que se suceden a intervalos de escasos minutos; gracias a lo que llama “el uso del internet como un nuevo sentido” ha creado espectáculos de música y danza coordinados con el movimiento del planeta.

Ambos llegaron como expositores invitados al Trimarchi (una de las convenciones más grandes del mundo, según sus organizadores) con el apoyo del British Council. Frente al enorme público asistente, los activistas plantearon que la evolución humana “ha llegado a un punto en que todos somos, por lo menos, ciborgs psicológicos. Decimos ‘me quedé sin batería’ en lugar de ‘el teléfono no tiene batería’. Es decir, hablamos como si el teléfono fuera parte de nuestro cuerpo”. Para ellos los dispositivos que tienen incorporados son parte de su cuerpo como cualquier otro órgano, y por este motivo han tenido conflictos con la ley, como cuando el gobierno inglés le solicitó a Neil que se quitara su antena para la fotografía de renovación del pasaporte. La apelación de Harbisson llevó a que el estado británico acabará reconociéndolo oficialmente como ciborg.

Además de relatar sus nuevas vidas y dar detalles sobre sus actuales producciones artísticas, Harbisson y Moon dedicaron parte de su charla a hacer una invitación a la evolución mediante el autodiseño de nuevos sentidos: “¿Por qué en lugar de gastar dinero iluminando los espacios que habitamos no nos añadimos un nuevo ojo de visión nocturna? ¿Qué tan útil nos podría resultar un ojo retrovisor en lugar de un espejo retrovisor en el automóvil?” plantearon los conferencistas.

En función de esta propuesta, desde 2010 Harbisson y Ribas dirigen la Cyborg Foundation, organización que en palabras de sus fundadores pretende “incentivar la ampliación de sentidos y capacidades humanas mediante la creación y aplicación de extensiones cibernéticas en el cuerpo humano, promover el uso de la cibernética en eventos culturales y defender los derechos de los ciborgs”. Esta fundación ha dado paso, recientemente, a Cyborg Nest, una empresa que se dedica a fabricar sentidos artificiales y los vende: una particular forma de explotación comercial de la filosofía transespecie, que corre en paralelo a las realizaciones artísticas de sus CEOs. Entre otros servicios, esta empresa ofrece dientes artificiales con luz led y un chip implantable en el pecho que vibra al apuntar al norte magnético, para mejorar el sentido de la orientación.

Hacia el final de la presentación, los ciborgs contestaron preguntas del público, muchas de ellas referidas a la factibilidad de implementación de su propuesta de auto-evolución mediante un movimiento ciborg, así como a sus consecuencias:

¿Cuál es tu opinión sobre el transhumanismo?

- N.H.: El transhumanismo es grande y abarca muchos pensamientos. Nosotros tenemos una mirada más horizontal que otros transhumanistas. Para nosotros, ser ciborgs, no es mejor ni peor sino que es una más de las especies que puede haber. Nosotros no somos transhumanos sino transespecie y estamos pensando mucho más en esta evolución horizontal que en la vertical.

El transhumanismo habla de la “muerte como una opción”. La tecnología en los términos en que la presentan, ¿puede superar la frontera de la muerte biológica? Si es así, ¿estamos ante las puertas de una nueva religión ciborg?

- N.H.: Tú puedes decidir cuándo morir. Si quieres morir hoy, puedes hacerlo. El hecho de vivir más o menos creo que también lo puedes decidir porque la duración de tu vida depende de ti y no del tiempo, aunque te lo hagan creer. A alguien 20 años puede ser mucho y a otro puede irse volando. Si tienes un órgano que te permita controlar tu percepción del tiempo puedes hacer que tu vida dure muchísimo más y entonces puedes decidir cuándo quieres morir. Creo que modificando el cerebro podemos modificar la duración de nuestras vidas porque todo está ahí dentro. Y en vez de buscar fórmulas para que nuestros cuerpos no mueran nunca, creo que es mucho más acertado buscar fórmulas para que nuestro cerebro no muera nunca.

En los últimos años, con el desarrollo capitalista, la tecnología avanzó hasta un punto tal que nos permite modificar totalmente el mundo en función de las necesidades humanas, pero muchas veces esas modificaciones se hacen al costo mismo de la naturaleza, del ambiente y terminan incluso siendo perjudiciales para las personas. ¿En qué medida este movimiento ciborg podría superar esa especie de escisión entre hombre y naturaleza, si es que la puede superar y cómo colaboraría para eso?

- M.R.: Creo que ni nosotros mismos sabemos cómo es nuestro planeta. Ahora que he sentido terremotos durante tres años me doy cuenta de que es increíble que hayamos construido ciudades al borde de las placas tectónicas. Si conociéramos más y entendiéramos más nuestro planeta, no nos comportaríamos como nos estamos comportando ni construiríamos ciudades como las hemos construido. Yo creo que tenemos que aprender a vivir en nuestro propio planeta. En vez de cambiar todo el rato nuestro entorno a nuestras propias necesidades tenemos que cambiarnos a nosotros mismos para adaptarnos más a nuestro planeta. Yo creo que, el movimiento ciborg, en vez de alejarnos de la naturaleza nos puede unir más a ella y entenderla mejor. También a otras especies y en lugar de sentirnos superiores o alejados de los animales, creo que tenemos que admirarlos y aprender de ellos. Si sólo cogemos un sentido que un animal tiene, nuestra percepción del planeta puede cambiar y ser emocionante.

En un mundo tan horroroso como el que vivimos, lo que ustedes postulan ¿no es a la vez banal y horrible? ¿Cómo podrían democratizar su propuesta de hacerse ciborgs?

- N.H.: De todos los que me mandan colores, el que más me manda es el de África y es el que mejor conexión a Internet tiene respecto a los otros. En el futuro nos vamos a sorprender porque creo que donde va a haber más ciborgs es en África porque no es la cuestión del dinero lo importante para hacerse ciborg sino la cuestión de perder el miedo a modificarse a uno mismo. Yo creo que la tecnología es lo más democrático que hay, de hecho, todos los desarrollos que estamos haciendo son open source y si tú quieres hacerte mi antena te la puedes hacer y crear tú mismo. Todos los sentidos que se están creando no son cerrados sino que cada persona puede acceder a un código y crearse sus propios sentidos. Además, cuando haya impresoras 3D, será aún más fácil crear estos órganos de sentidos.




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