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FEMAREC SCCL, empresa del tercer sector social de Barcelona, despide a una trabajadora en situación de embarazo de riesgo. En pleno siglo XXI los panfletos de nuestras madres o abuelas color sepia o blanco y negro, hoy continúan a vivos colores y en formato digital, casi con las mismas reivindicaciones.

Cynthia LubBarcelona | @LubCynthia

Miércoles 27 de enero | Edición del día

“Femarec és una entitat d’iniciativa social sense ànim de lucre creada l’any 1991 amb l’objectiu de construir una societat més justa, solidària i respectuosa amb la diversitat, cercant fórmules de lluita contra l’exclusió, eficaces i sostenibles”. Así se presenta una empresa que consta entre 150 y 200 personas, dedicada a la inserción social y la formación pero que, paradójicamente, en enero de 2020 despidió a Silvia, quien trabajaba como técnica de orientación e inserción.

¿Los motivos?, nunca se lo han explicado, pero “casualmente” lo han hecho dos días después de que Silvia presentara la documentación médica en la que constaba su situación de “embarazo de riesgo”. El día 9 de enero de 2020 la empresa quiso obligarla a firmar una carta de despido, a diez minutos de la hora de salida y con fecha de 20 de diciembre de 2019. “A mí me echan justo cuando yo entrego todos los papeles de que tengo un embarazo de riesgo, porque yo tenía contrato hasta el 31 de enero de 2020. Y nadie me dijo nada del motivo de despido y cuando tuve que firmar el finiquito no lo firmé. Denuncié y tuve que irme al paro, me gasté seis meses de paro sin ninguna necesidad. Yo tenía que estar de baja médica por alto riesgo de embarazo”, nos explica Silvia. Pasado un año del despido, el juicio se realizará durante enero de 2021.

No es una hecho ocurrido en el siglo XIX: si en pleno siglo XXI las mujeres trabajadoras tenemos que seguir luchando por “igual trabajo, igual salario y condiciones laborales” o por jornadas de ocho horas, también seguimos luchando por poder trabajar si decidimos ser madres. Y así, los panfletos de nuestras madres o abuelas color sepia o blanco y negro, hoy continúan a vivos colores y en formato digital, casi con las mismas reivindicaciones.

La realidad es que las mujeres, aquí y en el mundo, hemos conquistado importantes derechos en los planos políticos, civiles y democráticos. Podemos votar, trabajar sin permiso, tener cuenta bancaria, derecho al aborto y al divorcio. Pero es en el terreno laboral donde más retrocesos hemos tenido, pese a que la feminización del trabajo ha dado una nueva configuración de la clase trabajadora compuesta por, en el Estado español, un 47% de mujeres. Pero este notable crecimiento de la fuerza asalariada femenina se ha dado en paralelo a un incremento de la precariedad y la explotación en los sectores más desvalorizados del mercado laboral, mayoritariamente representado por mujeres.

“No son casos aislados. ¡Si nos tocan a una, respondemos todas!”, dice el comunicado de la CGT, sindicato al que pertenece Silvia y que prepara manifestaciones frente al comienzo del juicio contra FEMAREC SCCL. No es la primera vez que la empresa despide trabajadoras embarazadas, tal como señala Silvia, “Hace poco una trabajadora lo denunció en un grupo de Facebook donde FEMAREC publicó una oferta de trabajo, diciendo ‘cuando se enteraron que estaba embarazada me echaron’. Y yo le contesté: ‘igual que a mí’. Y es la tónica de esta empresa, han echado a muchas chicas por estar embrazadas, pero en esta empresa impera el miedo, las sanciones y los gritos a las empleadas, y nadie se anima a denunciar”.

Si las tareas reproductivas -trabajo no remunerado- condenan a la mayoría de las mujeres a empleos de media jornada o son obligadas a la retirada del mercado laboral, por si no fuera suficiente las empresas directamente también despiden a mujeres embarazadas. Otra gran mayoría continúa con la “doble carga” de jornadas extenuantes en el centro de trabajo y en el hogar; cuestión aún agravada por los recortes en dependencia, cuidados y falta de educación pública y gratuita de 0 a 3 años. “Somos las mujeres las que tenemos que enfrentarnos a este tipo de situaciones. Somos nosotras las que tenemos que trabajar media jornada o directamente dejar de trabajar para cuidar de nuestros hijos. Al final nadie realmente nos está defendiendo. Nos dicen ahora que nos dan la igualdad, pero nos están vendiendo una moto. Que a mí me ha costado seis meses de paro y la maternidad”, sentencia Silvia.

También era habitual el maltrato y humillación a las trabajadoras,“Nos han gritado y humillado delante de todo el mundo muchas veces. De hecho si no me hubieran echado, yo las hubiera denunciado por acoso laboral. Inventaban cualquier cosa para gritarnos a grito pelado. De hecho muchas mujeres, cuando les gritaban, se iban al lavabo para llorar”, continúa Silvia. Claramente, las mujeres trabajadoras continuamos luchando contra el acoso laboral, contra los despidos por situación de embarazo o por estar sindicalizadas.

Todo esto ocurre a pesar de que “el derecho a la igualdad de trato y a la no discriminación y el principio de igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres” es un principio consagrado por la Constitución en los artículos 14 y 9.2. Pero las empresas utilizan esta discriminación de género para explotar aún más a las mujeres, actuando con toda la impunidad que las reformas laborales del PP y del PSOE han aplicado, para ampararse en sus rincones legales de las “cooperativas” o “fundaciones", todas “sin ánimo de lucro” pero recibiendo subvenciones públicas, en este caso de Ayuntamiento de Barcelona. Que la estructura externalización-precariedad laboral-subvenciones públicas no podría funcionar sin todo un entramado político, ya es sabido por muchos colectivos de trabajadoras, tal como por ejemplo denuncian las del SAD (Servicio de Atención Domiciliaria). O las trabajadoras precarias de la educación, como las monitoras de comedor y tiempo libre.

En el sector social no es muy diferente, y el caso de Silvia es un ejemplo de cómo sus beneficios cuantiosos se sustentan destrozando los derechos laborales más elementales de las mujeres, para imponer las peores condiciones de precariedad y explotación, con contratos de obra y servicio, bajísimo salarios, jornadas intensas saltando los días festivos sin compensación. “El tipo de contratación es totalmente ilegal. Porque no te hacen una contratación ligada a la duración de un programa, con inicio y fin, y juegan con nuestro futuro laboral. Te hacen un contrato por obra y servicio, como a ellos les parece y como a ellos les da la gana. Y a gente que llevaba más de dos años, no les hacían contrato fijo-discontinuo, aunque estén obligados a hacerlo”, nos cuenta Silvia.

Los retrocesos en los derechos laborales más elementales hunden sus raíces en un sistema patriarcal y capitalista cuyo fin es obligar a las mujeres a la reclusión en los hogares, como en siglos pasados. Un retorno histórico al modelo de mujer “ángel del hogar”. Pero, desde el comienzo de la crisis, hace más de una década que ha emergido una nueva generación de mujeres que, mientras se enfrenta a las consecuencias de la crisis, el paro, la precariedad laboral y la pobreza en los hogares, cuestiona al sistema patriarcal que recorta cada vez más sus derechos y oprime mediante múltiples violencias. Claramente, el caso de Silvia es otro ejemplo más.

Este miércoles se realiza la primer concentración en la Ciutat de la Justicia de Barcelona, a las 9:15hs.




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