Géneros y Sexualidades

LA IGLESIA ES CÓMPLICE

Monja demanda al Arzobispado de Santiago tras violación silenciada e inculpamiento

Una joven monja de las Hermanas Clarisas Capuchinas interpuso una demanda civil en contra de su congregación y del Arzobispado de Santiago, por no haber prestado ayuda tras una violación de la cual fue víctima y haber ocultado el hecho en el año 2012.

Martes 4 de abril | 15:34

Ayer, lunes 03 de Abril en un reportaje del programa ‘24 Horas’ del canal abierto ‘Televisión Nacional’ (TVN), se dio a conocer el caso de quien se identifica como la ‘Hermana Francisca’, quien declaró al programa que había sido víctima de violación sexual a manos de Hernán Ríos Valdivia, individuo externo a la congregación que realizaba trabajos en el monasterio de la Santísima Trinidad (Calle Carmen 876 de Santiago). Francisca declaró que “por miedo, por vergüenza, porque hay una vergüenza que lo invade y que no deja a uno expresarse”, ocultó el hecho. Sin embargo, luego de tres meses descubrió que el ultraje trajo consigo un embarazo.

Igual que con Karadima: la Iglesia es cómplice e incubridora

Cuando trató de buscar apoyo la respuesta de la congregación en cuestión fue responsabilizándola del hecho y levantando calumnias que desacreditaban su testimonio, además de esto, señala que la presionaron para que firmara su salida de la congregación y de la iglesia, presión a la que no accedió. A pesar de que Francisca logró dar en adopción a su bebé a través de la Fundación San José y que la denuncia realizada derivó en que su agresor fuera detenido y condenado por el delito de violación a cinco años de presidio menor, y liberado con vigilancia el año 2015, el enjuiciamiento y la omisión de la iglesia no ha cambiado en nada desde lo ocurrido hasta la fecha. La demanda civil de Francisca contra el arzobispo de Santiago Ricardo Ezzati busca que la iglesia reconozca su inocencia.

Ricardo Ezzati, involucrado por conocimiento y omisión en el caso de Karadima es una más de las figuras de la iglesia que han encubierto violaciones a menores de edad, acoso y otro tipo de agresiones tanto dentro de la institución como fuera de esta. Si bien la denuncia de Francisca busca el reconocimiento de su inocencia, es necesario destacar que la iglesia ha sido cómplice de un sin número de transgresiones sexuales y que si bien pueda o no reconocer que ‘erró’ al no reconocer la inocencia de la víctima, el fondo es que el haber silenciado este hecho convierte a la institución en cómplice de la violencia sexual de la cual han sido víctimas niños, niñas y que ya en reiterados escándalos han salido a la luz.

Finalmente, el amedrentamiento que sufrió Francisca con la presión a que involuntariamente firmara su renuncia a la congregación, las calumnias y el silencio de mujeres ‘hermanas’ que en ese momento estaban en la institución y de autoridades religiosas como Ricardo Ezzatti y el encubrimiento de las violaciones de menores como lo es en el caso Karadima, muestra una vez más de la complicidad de la iglesia con la violencia machista, la misoginia y el patriarcado.






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