Géneros y Sexualidades

Género/Femicidio

Mónica murió en un contexto de vulnerabilidad y violencia de género

El lunes por la mañana, en el sector del Andino, un lugar muy transitado de la ciudad de Río Cuarto, se encontró el cuerpo sin vida de Mónica Viviana Ordoñez, una joven mujer de 34 años, que según los dichos del Fiscal Fernando Moine, sufrió una muerte violenta tras recibir un golpe en el maxilar del lado derecho.

Viernes 7 de agosto | 14:45

Versiones extra oficiales indican que se trataría de un femicidio y hay dos hombres investigados. Hasta el momento no se cuenta con información oficial para ratificarlo. Sin embargo, ya se sabe que Mónica había realizado denuncias por violencia de género en el 2016.

La noticia de la aparición sin vida de Mónica Ordoñez estremeció a la población. En el medio día de ayer, cerca de 50 mujeres y disidencias se convocaron al sitio de los hechos para expresar su bronca y tristeza. Haciendo pintadas con mensajes que recuerdan que las mujeres no aparecen muertas, como dice la prensa, sino que las matan por el solo hecho de ser mujer.

Familiares que se acercaron al lugar señalaron que Mónica se encontraba en un contexto de vulnerabilidad y que había realizado denuncias por violencia de género. Siendo la vulnerabilidad de una persona, un agravante para quien cometa un delito contra ella, es por esto que habrá que esperar los resultados de la investigación.

En diálogo con LID, una estudiante universitaria nos comentaba: “cuando me enteré, me quedé helada, porque después de estar en la Caravana la semana pasa, que un par de días después te enterás de esto, me da mucha bronca. Se te revuelve el estómago, se te eriza la piel. Por eso, hoy cuando vi que se activaba una convocatoria de manera espontánea, ni lo dudé y vine, porque son los espacios en los que no te sentís sola. Veo a familiares y pienso, no quiero nunca tener que escribir un cartel pidiendo justicia por alguna chabona cercana a mí. Por eso hoy estoy acá, siempre luche porque somos todas, porque si tocan a una, nos tocan a todas, pero es muy distinto cuando es tu amiga, tu hija, tu hermana y lees en el diario, "homicidio", "apareció muerta", por esto es que me seguiré movilizando siempre”.

Otra joven que se encontraba en el lugar dijo: "Siento miedo, bronca y mucha tristeza saber que podríamos ser cualquiera de nosotras. Se me heló la sangre al enterarme que hubo otra víctima, que Mónica ya había denunciado, que sufría violencia de género y que el sistema judicial y los gobiernos no toman medidas para combatirla. Tengo miedo de ser la próxima, pero si lo soy, quiero ser la última. Por eso tenemos que luchar para tirar este sistema patriarcal y capitalista y poder vivir libremente, sin opresión, sin explotación y sin machismo."

El pasado viernes 31 de julio, con más de cuatro cuadras de autos y bici, se realizó la primera Caravana en Contra de la Violencia de Género, jornada a la que se sumaron otras 8 localidades del sur cordobés, con el objetivo de visibilizar el aumento de casos de violencia durante el período de aislamiento, y la urgente necesidad de políticas públicas que combatan esta realidad cotidiana para miles de mujeres, jóvenes y niñas, que están conviviendo con su agresor, o que dependen económicamente de la manutención del progenitor, o bien, que se encuentran expuestas a maltratos y abusos.

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Esto demuestra algo que venimos diciendo, en el contexto de pandemia la violencia de género está en aumento. Ya van 61 femicidios, 1 cada 31 horas, y 157 intentos de femicidios. Durante el período de aislamiento, en la ciudad de Río Cuarto las denuncias por violencia de género aumentaron en más de un 40%, y el 67% de los casos suceden en el interior de la provincia.

Es urgente la necesidad de políticas públicas con presupuestos acordes para combatir esta violencia en nuestra ciudad. No queremos ni una Mónica menos, ni una Claudia más. Queremos un plan de emergencia municipal, dónde los refugios funcionen correctamente, campañas de difusión masiva en contra de la violencia de género, subsidios igual a la canasta básica familiar para aquellas mujeres en situación de violencia que necesitan romper los lazos de dependencia económica hacia su agresor, profesionales idóneos en el acompañamiento que no trabajen de manera precarizada.

En el 2015, hicimos una de las movilizaciones más masivas que tuvo la ciudad. Superamos las 8 mil personas que marchamos al grito de Ni Una Menos, y desde ese momento diferentes organizaciones de mujeres y disidencias presentamos un proyecto con planes de emergencia contra la violencia machista. La decida de los gobiernos durante todos estos años, se vuelve más patente cuando la pandemia nos encuentra sin recursos ni refugios para enfrentar la crisis social, económica y sanitaria en la que las mujeres son las más afectadas.

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Por eso, cuando decimos que el Estado en todas sus formas es responsable, decimos que su justicia, sus fuerzas de seguridad, sus espacios para realizar las denuncias son impotentes. La falta de presupuesto en políticas públicas para la prevención y para combatir la violencia machista tiene estas consecuencias. La legitimación y reproducción de una violencia que a diferencia de otras es profundamente estructural. Arraiga en el seno de una sociedad capitalista y patriarcal que funda su desigualdad en la propiedad privada y en la explotación de las personas. Nuestros cuerpos, cosificados, domesticados para ser amas de casa por “mandato divino”, no son propiedad de nadie, aunque así eduquen a la sociedad, aunque así nos hagan creer a mujeres, hombres, niñas, niños y jóvenes.

Queda claro que la violencia machista se sigue naturalizando en esta sociedad capitalista patriarcal, y que solo va a termina el día en que este sistema, que hoy nos empuja a vivir en una pandemia sin precedentes, se termine de una buena vez. Por eso, hoy más que nunca, tenemos que confiar en nuestra fuerza, en nuestra capacidad de organización independiente de todos los gobiernos, a los que no dejaremos de insistirles hasta arrancarles nuestros derechos a seguir vivas, gobiernos que con su desidia nos muestran que la única forma de terminar con el machismo, es poniendo fin al capitalismo patriarcal a los que los partidos políticos que responden al régimen se esfuerzan en salvar a toda costa. Como cuando se refinancian la deuda ilegítima a costa de nuestras vidas y nuestra salud, sin invertir un peso en políticas públicas que combatan esta violencia.

Porque no hay forma de humanizar la explotación, la opresión, el patriarcado, ni la destrucción de la naturaleza, sino es organizándonos por una sociedad completamente opuesta, donde podamos ser, como decía la gran revolucionaría socialista Rosa Luxemburgo, “socialmente igual, humanamente diferentes y totalmente libres.”

¡Tejamos redes entre quienes queremos el socialismo, el pan y también la rosas!







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