Sociedad

BARRIOS PROCREAR

Modelos de ciudad y sociedad

Andrés Arnone

Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (UBA)

Sábado 25 de octubre de 2014 | Edición del día

Foto de barrio PROCREAR en la localidad de Tigre (Prov. de Bs. As.)

El debate sobre la morfología urbana volvió a instalarse a partir de los planes de urbanización del PROCREAR. Los contratos de Riva SA. y otras empresas menores de la patria contratista, incluyen la construcción de 30 complejos con un total de 7.257 unidades que estarán ubicadas en las pocas tierras fiscales urbanas de todo el país. Más allá de lo que significa esta gota de urbanismo estatal en el océano de la libre especulación inmobiliaria, es un tema que debemos analizar, traspasando lo superficial de la morfología, que es a lo que nos tienen acostumbrados en la academia.

Densidades e ingresos

Es común escuchar en las cátedras la conclusión de que si los grandes conjuntos como Fuerte Apache, Soldati, etc. se convirtieron en zonas marginales y que los barrios de baja densidad (número promedio de habitantes de una determinada área, en relación a una unidad de superficie, expresada generalmente en km2), son insostenibles a causa del alto costo de instalar servicios y transporte solo para 40 familias por manzana, lo que hay que plantear son conjuntos de media densidad, a "escala humana". En el caso del PROCREAR, los complejos son de media densidad con un promedio de 5 pisos, orientado al sector de trabajadores con salarios medios hacia arriba, dejando fuera al sector más pobre, los que más sufren el déficit habitacional, ese 30% de las familias que gana menos que los $5 mil por mes que ponen como requisito (con salario en blanco o monotributo).

Foto de vivienda del Plan del gobierno y foto de Villa Soldati

En las semicolonias como Argentina, la práctica común fue que los barrios planificados del FONAVI o el Plan Federal de Viviendas, eran destinados a los sectores de trabajadores más precarizados, en cantidad y calidad constructiva insuficiente, sin equipamiento de salud, educación, espacios verdes o de interacción comunitaria, convirtiéndose en zonas con alta descomposición social sin importar la densidad poblacional que tenga el barrio. Se calcula que manteniéndose el ritmo de inversión en construcción y reparación de viviendas para estos sectores, el déficit habitacional se saldaría en… 90 años.
En la cúspide de la pirámide social existen grandes emprendimientos privados como Puerto Madero o el corredor costero de capital y zona norte o los countries, todos con una espacialidad y equipamientos acorde al ingreso de empresarios de distinto rango. A nadie se le ocurriría cuestionar la alta densidad de la zona de Barrancas de Belgrano o Las Cañitas ya que tienen equipamiento urbano acorde a los ingresos de sus habitantes, con parques y veredas limpias e iluminadas.

Podemos decir que a escala urbana se aplica el famoso tratado de arquitectura romana de Marco Vitruvio, sin tanta sinceridad por supuesto:

“…Los prestamistas y rentistas dispondrán de casas más cómodas, mas amplias y protegidas frente a posibles negocios ocultos. Los abogados e intelectuales habitarán casas más elegantes y espaciosas con el fin de celebrar sus reuniones cómodamente; los nobles y quienes ostentan cargos políticos o magistraturas, deben disponer de vestíbulos regios, atrios distinguidos, peristilos con gran capacidad. Quienes posean un escaso patrimonio no precisan de vestíbulos suntuosos, ni de recibidores, ni de atrios magníficos, ya que son ellos los que se ven obligados a visitar a otras personas, además de que a nadie se le ocurriría visitarlos…”

Sociología urbana para arquitectos

La raíz de la degradación urbana no está en la densificación (aumento de la densidad poblacional), de que haya poca capacidad constructiva, ni la falta de tierras como ya demostramos en otra ocasión. Desde hace décadas que cada año hay más viviendas por habitante, a la vez que cada vez más gente no puede acceder a ellas: en toda Argentina hay 3 millones de unidades vacías en manos de especuladores, contra 1 millón de familias en villas.

Foto Puerto Madero

No se trata de dar vueltas en círculos discutiendo solo sobre forma, materialidad y lenguaje, sino de ir al hueso del asunto y evidenciar que la degradación urbana y social es resultado de las mismas leyes del mercado que permiten que una ínfima minoría viva del trabajo de la mayoría, mientras acapara con fines de lucro la mayor cantidad posible de viviendas y tierras periféricas.
Aun en los pocos casos que la academia nombra como modelos exitosos de urbanismo estatal o cooperativo, no se tiene en cuenta que se trató de períodos cuando el capitalismo tuvo margen económico para dar grandes concesiones sociales, presionado por la lucha de los trabajadores, resultando ciudades menos polarizadas y con una alta calidad de servicios. Esos tiempos pasaron hace rato a causa de la necesidad del capital de encontrar nuevas ramas donde invertir y no desvalorizarse.
En Holanda, por ejemplo, donde durante casi todo el siglo XX el urbanismo fue una cuestión donde los capitalistas tenían severas restricciones para actuar, y en su ciudad capital casi la totalidad de las viviendas eran de alquiler social y construidas por cooperativas con fondos del Estado. Hasta que a mediados de los 90 se cambiaron las leyes de propiedad inmobiliaria con el objeto de salvar del estancamiento al capitalismo local buscando grandes inversiones privadas, lo que generó un proceso de gentrificación donde los trabajadores más precarios, muchos de ellos inmigrantes, son desplazados paulatinamente hacia zonas más desvalorizadas, como el barrio de Bijlmermeer que con la excusa de la degradación social fue demolido parcialmente para construir en su lugar viviendas y oficinas para vender a precio de mercado.

Foto del barrio Bijlmermeer (Holanda)

En próximas entregas hablaremos de otros casos menos mencionados, donde los trabajadores subvirtieron de conjunto el orden económico y político, y aun con todos los límites y correcciones que puedan hacérseles, dieron los primeros pasos de otro tipo de ciudad y de sociedad. Por ahora dejamos como cierre un fragmento de la Carta de Atenas del 1933, una de las declaraciones más progresivas que tuvo el Congreso Internacional de Arquitectura Moderna y de las más silenciadas convenientemente por muchos de los que dan cátedra naturalizando su urbanismo para pocos:
"...La mayoría de las ciudades estudiadas presentan hoy una imagen caótica. Estas ciudades no responden en modo alguno a su destino, que debiera consistir en satisfacer las necesidades primordiales, biológicas y psicológicas de su población.
El predominio de la iniciativa privada, inspirada por el interés personal y el hambre de la ganancia, se halla en la base de este lamentable estado de cosas…La violencia de los intereses privados provoca una desastrosa ruptura de equilibrio entre el empuje de las fuerzas económicas, por una parte, y la debilidad del control administrativo y la impotencia de la solidaridad social, por otra…
El derecho individual no guarda relación alguna con el vulgar interés privado. Éste, que sacia a una minoría mientras condena al resto de la masa social a una vida mediocre, merece severas restricciones. Debe estar subordinado siempre al interés colectivo, de modo que cada individuo tenga acceso a esos goces fundamentales que son el bienestar del hogar y la belleza de la ciudad..."






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