Economía

DOSSIER METAS DE INFLACIÓN

Modelo M en política monetaria: ¿continuidad o cambio?

Los dos caminos, el ortodoxo representado en Cambiemos y el heterodoxo del kirchnerismo, se proponen encontrar una medida adecuada de intervención monetaria, sin contradicciones. ¿Hacia dónde apunta cada uno?

Lucía Ruiz

Economista

Viernes 7 de octubre de 2016 | Edición del día

El kirchnerismo dispara contra el macrismo afirmando que es un modelo completamente opuesto a su “modelo con inclusión”, y a su vez el gobierno actual pretende mostrarse como un gestor ordenado y transparente de los agregados monetarios. Estas diferencias también se expresarían en los objetivos de política monetaria, construyendo un relato de “inflación vs. crecimiento”.

Si bien pueden encontrarse diferencias en las concepciones y formas de dirigir de la entidad monetaria, como fue expuesto, la resolución de la puja entre salarios e inflación durante el kirchnerismo no expresa otra cosa que una “gestión” de la emisión monetaria a favor del capital.

En un reportaje que le realizaron recientemente a Miguel Bein, la periodista de Clarín le pregunta “¿Qué pasó este año?”, y su respuesta fue “ganara quien ganase el año pasado, era inevitable la recesión. Porque había que mover lo que se ajustó. Cuando se corrige el dólar 60%, los salarios 32% y 170% las tarifas, el resultado inevitable es una recesión”.

Así, los mismos economistas que asesoraron a Daniel Scioli en la campaña electoral, como Miguel Bein o Mario Blejer, afirman que las medidas que implementó el macrismo en materia económica fueron correctas. Los maticen son de plazos, pero todos apuntaban a una nueva devaluación que reimpulse la economía atacando al salario y engrosando las ganancias empresarias.

Pocas dudas quedan respecto al rumbo que hubiese adoptado el sciolismo-kirchnerismo de haber resultado ganador en las elecciones ejecutivas. El camino de la devaluación de 2014 junto con “medidas paliativas” como propuso recientemente el ex ministro Kicillof en un programa televisivo, no habría tenido consecuencias muy distintas sobre el deterioro del salario y las condiciones de vida de los sectores populares, y lejos está de transformar la estructura productiva atrasada y dependiente que genera el círculo vicioso de devaluación y endeudamiento.

Los dos caminos, el ortodoxo representado en Cambiemos y el heterodoxo del kirchnerismo, se proponen encontrar una medida adecuada de intervención monetaria, en distintos contextos concretos, que favorezcan la realización de la ganancia capitalista, bajo el menor costo posible. Léase, la ilusión de un sendero armonioso, sin contradicciones.

El ortodoxo, de la mano de una política monetaria supuestamente “independiente” de la fiscal, más estricta con altas tasas de interés encareciendo el crédito y enfriando la economía, mientras que la visión heterodoxa considera a la inflación como un problema colateral que si bien va deteriorando el salario, lo hace de forma solapada a los ojos de los trabajadores y ayudada por la “ilusión monetaria” de los ingresos nominales, siendo lo fundamental que no obstaculiza el crecimiento.

La vía oficial del macrismo ha golpeado las condiciones de vida de los sectores populares en forma acelerada como se vio durante los primeros diez meses del año, mientras que la del kirchnerismo ha sostenido con parches monetarios (entre otros) los distintos frentes problemáticos de su propio “modelo”, tras lo cual, los años de crecimiento y condiciones de ganancias extraordinarias apenas “derramó” migajas a los trabajadores, derivando más tarde que temprano en el ajuste por mano propia, por más que haya sido con una supuesta “sintonía fina”.

Es una ilusión creer que se puede desarrollar un capitalismo “en serio” que pueda evadir las crisis de la economía sin atacar los lazos de la dependencia y el atraso. El único camino que se abre para avanzar en una política monetaria en beneficio de las grandes mayorías es a partir de la nacionalización de la banca bajo control de sus trabajadores. Es centralizando todos los recursos del sistema que será posible evitar su utilización para la especulación y el cobro de intereses altísimos para consumos módicos, y permitir destinarlos a créditos baratos para las viviendas, para acceso a vacaciones y consumos a los que los sectores populares nunca llegan.




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