Política

OPINIÓN

Misterio (público) fiscal

Los ataques denunciados por Fernando Cartasegna, uno de ellos en su despacho de la Fiscalía de La Plata, abren múltiples hipótesis y muchos interrogantes.

Daniel Satur

@saturnetroc

Viernes 5 de mayo | Edición del día

Foto Noticias Argentinas

Fernando Cartasegna es el titular de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 4 de Delitos Conexos con Trata de Personas y Pedofilia del Departamento Judicial de La Plata. Obviamente, como se desprende de su función, maneja infinidad de nombres y apellidos de policías, de capitalistas legales e ilegales, de agentes penitenciarios, de sicarios y de miembros del propio Poder Judicial. Algunos de esos nombres figurarán como testigos. Pero probablemente la gran mayoría estén imputados.

Cartasegna aparece regularmente nombrado en los medios de comunicación ya que muchas de esas causas generan revuelo público. Sin ir más lejos, actualmente tramita el sumario por abusos sexuales a niños sordos cometidos en el Instituto Provolo, que tiene una sede en La Plata. Otro de los casos que investiga refiere a las coimas recibidas por un grupo de comisarios de la Policía Bonaerense. Según los rumores más firmes, el origen de los ataques estaría en este último expediente.

Sin embargo, hasta el momento lo único que se sabe con certeza es que Cartasegna realizó dos denuncias por ataques sufridos contra su persona. Y no mucho más.

El factor Nisman

El primer ataque habría ocurrió el sábado 29 a las 6:30, cuando según su versión dos hombres y una mujer lo abordaron al bajar de su auto, lo golpearon con un bastón expansible y le ordenaron que no investigue a abogados “caranchos” relacionados con la Bonaerense. Antes de dejarlo le habrían dicho que, si no, iba a convertirse en el “nuevo Nisman”.

El segundo hecho lo denunció en la tarde del miércoles. Cartasegna relató que estaba en su despacho e inesperadamente alguien lo agarró de atrás, le rodeó el cuello con un cable de teléfono, lo ató de pies y manos y con una cinta de empaquetar le tapó la boca. Y que antes de retirarse, el atacante escribió la palabra “Nisman” en el piso con azúcar. Según fuentes oficiales, un largo rato después lo encontró una mujer que hace de custodio en el edificio, quien al ingresar al despacho extrañada porque nadie atendía el teléfono se topó con la víctima.

Sobre este último episodio Cartasegna dijo en una entrevista por Radio El Mundo que se sentía “aturdido pero bien”. Y buscando una explicación a lo sucedido afirmó que “no había manera de prevenir lo que pasó, con todos los custodios, la gente que está encima. Buscaron la manera. Es difícil reconstruir lo que me pasó”.

Por estas horas el fiscal prefiere hablar poco y dejar que todo corra por el terreno de las especulaciones y los rumores. Quizás razones no le falten. “No puedo contar porque esta vez me pidieron que tenga mucha prudencia”, afirmó. Y quizás también tenga un poco de miedo.

Es por eso que ya empezó a tejerse un sinfín de hipótesis alrededor de quiénes y por qué habrían atacado al fiscal. Siempre y cuando, claro, se den por ciertas sus denuncias y los hechos hayan sucedido tal y como él los relató.

Sea como sea, quien deberá hablar en breve será la fiscal Ana Medina, quien quedó a cargo de la investigación sobre los ataques a Cartasegna.


Foto Diario Hoy

¿Yo, señor? No, señor

Leandro Milone, secretario de la Fiscalía de La Plata, en la mañana del jueves fue a visitar al fiscal a su casa. En la vereda, al entrar y al salir, habló ante los medios y dijo que desde la Fiscalía no saben si el mensaje es directamente para Cartasegna o “para alguien más. La verdad no lo sabemos”. A su vez dijo con ironía, respecto a la custodia con la que cuenta el edificio donde trabajan, que “es lo que hay”; y confirmó que los detectores de metales y de armas instalados en el ingreso del edificio “no funcionan”.

Milone se encargó de aclarar que no hay ningún empleado de la Fiscalía complicado por este tema. “Me acabo de reunir con la fiscal Ana Medina y no hay ningún empleado nuestro sospechado”, sentenció. Y en medio de la conversación con periodistas cometió un sincericidio.

“¿El fiscal está seguro en su casa?”, le preguntó la periodista Valeria Sampedro en vivo y en directo. “Supongo que sí, está custodiado por personal de la Policía Federal, sí, está seguro... supongo... esperemos que sí”, respondió Milone. “También estaba seguro en los Tribunales en el momento en el que lo atacaron”, retrucó Sampedro. “Sí, eso es verdad”, reconoció el secretario.

Prácticamente la totalidad de la custodia de la Fiscalía de La Plata está compuesta por personal retirado del Servicio Penitenciario Bonaerense. Es decir por hombres y mujeres avezados en cuidar lo que les conviene y con una vasta experiencia en dejar pasar, con mucho sigilo y alguna comisión, personas, bienes y servicios de un lado a otro de muros y rejas. Es más, su condición de “retirados” a muchos de ellos los ubica cumpliendo tareas nada menos que durante la dictadura cívico-militar.

Sin embargo, Cartasegna pone las manos en el fuego por ellos. “Esto no se pudo prever de ninguna manera, yo estaba custodiado. Tengo gente alrededor y pongo las manos en el fuego por ellos, es gente que sufre por mí”, aseguró por radio El Mundo mientras reposaba en su casa de Gonnet.

Durante la mañana de este jueves fuentes judiciales citadas por Clarín aseguraban que el Servicio Penitenciario Bonaerense “tiene identificado a un empleado de la Fiscalía al que han visto pegando afiches contra Fernando Cartasegna”. En el mismo momento por TN el periodista Adrián Ventura agregaba confusión afirmando que, según sus propia fuentes, los hechos del sábado no tendrían el mismo origen que los hechos del miércoles. Y por la noche Clarín decía que ya se plantean dudas sobre la agresión al fiscal. ¿De dónde provienen las dudas más fuertes? De los mismos fiscales que comparten con Cartasegna el edificio y más de una causa conexa.

¿Quién habrá sido la persona que se metió en el despacho de Cartasegna? Debería ser alguien con profundo conocimiento del lugar, puesto que el viejo edificio de calle 7 entre 56 y 57 tiene una arquitectura laberíntica (que hace perder al menos distraído) y el acceso al despacho del fiscal está limitado a una puerta que da a un pasillo y a una ventana que da al estacionamiento interno que está a la vista de todo el mundo.

¿Quién envió a esa persona a atacar a Cartasegna? Debería ser alguien con profundo interés en que el fiscal frene o desvíe alguna investigación. Y ahí entra desde la jerarquía de la Iglesia Católica hasta proxenetas de bajo vuelo, pasando por comisarios, miembros del Servicio Penitenciario, punteros, abogados “caranchos” y empresarios de todo tipo de negocios ilegales asociados al poder político-policial-judicial.

Las preguntas son muchas. Y serán más en cuanto mayor sea la incertidumbre sobre lo que pasó. Todo eso, se reitera, en tanto y en cuanto se den por ciertas las denuncias del fiscal y los hechos hayan sucedido tal y como él los relató.

Creáse o no

Como ya se dijo en este sitio, Fernando Cartasegna estuvo a cargo de la causa por el femicidio de Sandra Ayala Gamboa en la ciudad de La Plata, del que en febrero se cumplieron diez años. Fue Cartasegna quien hace ocho meses decidió archivar la causa, sin haber investigado las pruebas que involucran directamente al personal de la Comisaría Primera de La Plata.

A horas de desaparecer Sandra, desde esa seccional se negaron a recibir la denuncia e incluso se negaron a revisar el edificio donde horas después fue hallado el cuerpo de la joven. Ese edificio pertenece al Ministerio de Economía provincial.

Cartasegna tiene a su cargo, también, otro caso emblemático. Se trata de la desaparición del joven estudiante de periodismo Miguel Bru, ocurrida en agosto de 1993 y de cuyo paradero aún no se tienen noticias. A Miguel lo secuestró, mató y desapareció personal de la Comisaria Novena de la capital bonaerense.

En varias oportunidades la madre de Miguel, Rosa Schoenfeld, exigió que se aparte al fiscal de la investigación, ya que la búsqueda desde que el expediente está en sus manos está prácticamente estancada.

Muy posiblemente a Cartasegna no le crea todo el mundo. Pero eso no quita que sea prioritario y necesario saber qué es lo que le pasó y quiénes son, si los hay, los culpables.








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