Mundo Obrero

EXPLOTACIÓN INFANTIL

Misiones: lanzan la campaña “Me gusta el mate sin trabajo infantil”

Con ese nombre se inició la campaña y se difundió el documental que sacó a la luz los problemas que viven a diario los tareferos (cosechadores de yerba mate) en el noreste argentino.

Jueves 28 de julio | Edición del día

El 90 por ciento de la yerba mate que se consume en la Argentina y el 60 por ciento de la que se puede adquirir en el exterior se cultivan en Misiones, con trabajo infantil. El 16 por ciento de los menores, hijos de tareferos, nunca concurrió a la escuela y se dedica al trabajo rural para ayudar a sus familias. En ese contexto, el 80 por ciento de esas familias usa letrinas y casi el 50 por ciento no tiene agua potable.

Según estudios de la Universidad Nacional de Misiones en la provincia hay cerca de 17 mil personas que se dedican a esta actividad, de las cuales más del 80 por ciento trabaja en negro.

“Cuando llega un control debemos salir por el camino de atrás del yerbal, y si nos encuentran decimos que somos albañiles, porque si no multan al patrón, y ahí no cobramos”, contó un tarefero para La Izquierda Diario.

Muchos niños a temprana edad deben abandonar la escuela para colaborar con sus padres en la cosecha porque si no lo hacen no les alcanzaría el dinero para sobrevivir.

Hoy en día no hay trazabilidad en la cadena de producción de la yerba mate por lo tanto se podría decir que todas las empresas producen yerba es gracias al trabajo infantil y a la explotación.

"Como tienen que trabajar y no pueden mantener dos viviendas, se llevan a las familias. Viven en carpas, sobre colchones, que ni siquiera son colchones. Toman agua, si hay un arroyo. Se asean y van al baño en el monte. Comen reviro (mezcla de harina, sal y agua) y chipá, una o dos veces por día, y trabajan entre 10 y 12 horas de corrido. Allí, los chicos empiezan a cosechar a los cuatro años.

“Tanto el gobierno, los productores y el sindicato tienen las herramientas para eliminar el trabajo infantil y sin embargo después de 100 años de abuso no se ha hecho” expresó para La Izquierda Diario Patricia Ocampo, ex tarefera, que hoy coordina la campaña y fue parte del documental Me gusta el mate sin trabajo infantil con el cual dieron impulso a la campaña con juntadas de firmas en el sitio change.org.

Tráiler del documental: https://www.youtube.com/watch?v=tJD2kNgGbhA

Yerba mate una riqueza que empobrece

La cosecha de yerba mate consiste en el corte de las ramas de la planta con serrucho o con tijera. Luego, la quebranza -separación de la hoja del palo grueso- y el embolsado de la yerba “ponchada” (cosechada y quebrada), en raídos de 100 a 120kg. Las bolsas de arpillera viajan en las espaldas de los tareferos hasta el camión y el cobro del jornal va de la mano de la destreza. Es a destajo, entre 700 y 1200 kilos por día.

Los tareferos suelen trabajar 15 días continuos para luego descansar el fin de semana y con suerte llegaran a cobrar 3.000 $ por mes. Superan las jornadas de sol a sol: levantados a las 3 o 4 de la mañana –según la distancia hasta el yerbal- sus pies recién se posan a las 8 de la noche.

Uno de los peores momentos es el viaje, En 2013, tres adolescentes de 13, 14 y 17 años murieron al desbarrancar un camión, con yerba que los trasladaba.

La problemática de los tareferos como vemos es histórica y ningún gobierno ha buscado solucionarlas, al contrario algunos se han beneficiados por ser accionistas de los molinos, grandes terratenientes o contratistas, como es el caso de Ramón Puerta ex presidente por un día, ex gobernador de la provincia y actual embajador del gobierno de Macri en Italia.

Puerta es un importante empresario yerbatero que tiene más de 2.500 hectáreas distribuidas en el menos cuatro estancias: Yohasa (1480 hectáreas) y Yerbal el 17 (110 hectáreas), ubicadas en Corrientes, y Chacra Cruce Pinal (46 hectáreas) y Estancia I Pora (1004 hectáreas) y fue denunciado por trabajo esclavo luego de que se hallara a 32 peones rurales en condiciones infrahumanas en uno de sus campos.

Otro caso es el de Eladio Barreto un político de la localidad de Montecarlo quien fue parte de una estafa a los tareferos, probada en la justicia a años atrás.

Pocas marcas concentran el 80% del mercado. Se trata de Taragüí (Las Marías); Rosamonte (Hreñuk); Amanda (La Cachuera); Cruz de Malta y Nobleza Gaucha (de Molinos Río de la Plata); La Tranquera (Llorente) todas, menos Molinos, pertenecen a la zona productora de Corrientes y Misiones. De la tercerización del acopio y el trabajo a destajo logran sus fabulas ganancias del llamado oro verde.

La informalidad en que se encuentran los tareferos con más del 80 % de los mismos en negro es causa también de la complicidad con las patronales de la Union Argentina de trabajadores rurales y estibadores (UATRE) conducido por el “Momo” Venegas que también dirige el RENATER (registro nacional de trabajadores y estibadores rurales) con el que lo premió el gobierno de Macri por su incondicional apoyo y con un jugoso presupuesto para sus ambición de conducir la CGT. Mientras Venegas se codea con la Sociedad Rural y los patrones de estancia miles de tareferos deben trabajar de sol a sol, parados en la interzafra sobreviviendo como pueden.

Existen experiencias de cooperativas como La Hoja que es administrada por sus trabajadores luego de que los dueños se declararse en quiebra en el 2008 a fuerza de lucha y organización lograron en el 2014 volver a acopiar y producir la yerba, mates cocido y té.

Misiones se disputa entre el orden feudal y el capitalismo, es una provincia que recibe a millones de turistas al año, produce para el mundo y sin embargo es una de las más pobres del país.

“Dicen que Misiones es hermosa, pero acá hay hambre y miseria” se queja la tarefera Felicia Insaurralde, y lamenta que “todos los argentinos disfrutan del mate, pero no sepan que los trabajadores que lo hacen no están disfrutando tanto, mediante nosotros hay la yerba, sino no hay mate”.

Como relataba Rodolfo Walsh en los 60, en su crónica La Argentina ya no toma mate; esa realidad no cambió. “Ahí están, hormigueando entre las plantas verdes, con sus caras oscuras, sus ropas remendadas, sus manos ennegrecidas: la muchedumbre de los tareferos. Hombres, mujeres, chicos, el trabajo no hace distingos.

En un yerbal alto como éste, el jefe de la familia trepa al árbol y con la tijera poda las ramas que su compañero y su prole cortan y quiebran en un movimiento incesante, separando la hoja del palo y amontonándola en las ponchadas –dos bolsas abiertas y unidas- que cuando estén llenas se convertirán en "raídos".

No hay cabezas rubias ni apellidos exóticos entre ellos. El tarefero es siempre criollo, misionero, paraguayo, peón golondrina sin tierra.

Se acercan, nos rodean mansamente, y no tenemos que preguntarles siquiera para que caiga sobre nosotros el aluvión de su protesta”.




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