Cultura

A 50 AÑOS DE LA MUERTE

Milcíades Peña: un derribador de mitos (a lo marxista)

Al hablar sobre la vida de Milcíades Peña se suele remitir a dos o tres datos: su vasta obra en relación a su corta vida, su “formación autodidacta”, y su militancia trotskista. Los tres son solo parcialmente ciertos y sería un grave error considerarlos por separado y absolutizarlos.

Martes 29 de diciembre de 2015 | Edición del día

¿Fue Peña un autodidacta? Si esto significa que no fue formado por la academia es totalmente cierto. Pero basta leer cualquier fragmento de sus obras, para comprobar que su temprana militancia (Peña ingresa al Grupo Obrero Marxista (GOM), de orientación trotskista , dirigido por un Nahuel Moreno diez años mayor que él, a los 14 años), fue formadora de un historiador marxista. La obra de Peña no parte de cero. Parte de las principales elaboraciones teóricas del marxismo, que son las que le permiten entender la historia argentina con tanta originalidad en relación al revisionismo y el liberalismo reinante, a los que combatió fervientemente. Peña intenta captar, a través del concepto de desarrollo desigual y combinado, la especificidad del desarrollo histórico desde la colonia, la Revolución de Mayo, las guerras civiles, la lucha de unitarios y federales, la generación del ‘90, y así cada nudo de los debates historiográficos. El concepto de lucha de clases, es inseparable de su interpretación de los sujetos (burguesía comercial, oligarquía terrateniente) que eran o no capaces de realizar las tareas de la revolución burguesa en Argentina. La utilización del concepto leninista de imperialismo para ubicar a Argentina en el contexto mundial, y la dominación de la nación por los imperialismos europeos primero y estadounidense después, pasando de su existencia como colonia a semicolonia es el concepto articulador de su interpretación sobre los límites para el desarrollo de una burguesía local. Y el Bonapartismo el eje de su explicación del Peronismo. Es decir, sin esta formación marxista que otorga a Peña las herramientas básicas para su interpretación de la historia argentina, es imposible entender su obra y, por ende, su “auto formación” debe ser al menos matizada.

Pero no solo los conceptos analíticos del marxismo explican su obra. La lucha ideológica y política, en su tiempo presente (tiempo que ha sido descrito como una de las épocas de más abundante elaboración historiográfica en Argentina), con el revisionismo y el liberalismo, son el otro gran motor de su obra. La necesidad de desarticular las interpretaciones que abonaban mitos para trazar una historia de las clases dominantes (ya sea su vertiente liberal con el panteón mitrista, o su espejo revisionista con su otro panteón, pero rosista), explican en parte, la abundancia y la extensión temática de la obra de Peña (sus Fichas abarcan desde la época colonial hasta el Peronismo). Por lo tanto, su “extensa obra en su corta vida”, es perfectamente entendida si contemplamos el espíritu militante de toda la obra de Peña, y su persistencia en combatir los mitos de la historia argentina desde una historiografía marxista.

Esta bastedad además le valió una fuerte influencia en la historiografía posterior. Una gran diversidad de autores comenzaron a utilizar sus categorías. Por ejemplo Oscar Oszlak y Waldo Ansaldi recurrieron al concepto de “suboligarquía financiera” para pensar a las facciones internas de burguesía en el proceso de formación del Estado (también en O´Donnel y en su discípulo Shvartzer vemos esta deuda); David Rock y el francés Pierre Salama retoman a Peña en sus estudios sobre Latinoamérica; y en sus estudios sobre el peronismo, Miguel Murmis, Juan Carlos Portantiero y hasta Tulio Halperin Donghi retomaron sus tesis, en donde se caracterizaba al movimiento justicialista como “bonapartismo”.

Pero la obra de Peña, al ser es su gran parte una obra militante (en sus últimos años se aleja de la militancia orgánica y comienza a tener una visión pesimista sobre las posibilidades del movimiento obrero en el marco de la llamada “resistencia peronista”, sólo unos años antes del Cordobazo), aporta a una reivindicación del trotskismo en nuestro país ya que desmiente gran parte de toda la acusación tradicional que hace el populismo y ciertas corrientes sobre el trotskismo en nuestro país, su lugar en la historia de la clase obrera y en la historia nacional. Esa caracterización del trotskismo como una corriente antinacional, que no intenta comprender la historia de su propio lugar, es desmentida párrafo a párrafo por Peña, y en polémica con cualquier tipo de nacionalismo o chauvinismo.

En momentos en donde el fin del Kirchnerismo deja abierto un balance histórico sobre el rol del peronismo, (la falsa, o como diría Peña el “como si”) del “proyecto industrializador”, donde además se habla de la “batalla cultural”, y donde los “vientos de cambio” vaticinan una mayor conflictividad de clases, retomar a Peña se vuelve una gran herramienta para articular los nudos problemáticos del pasado y el presente de la historia argentina desde un punto de vista marxista, en donde la economía , política y cultura se enredan, no en torno a “los grandes hombres” sino al ritmo del conflicto entre las clases.







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