Cultura

CICLO DE PEDAGOGOS NACIONALES

Miguel Soler Roca y los programas escolares II

El presente ciclo de Pedagogos nacionales, abordará las principales corrientes de la tradición del pensamiento pedagógico nacional, expresado en diferentes textos emblemáticos y autores fundamentales del campo. Agradecemos a los compañeros de Reactiva contenidos por compartir el material audiovisual de su "Ciclo de pedagogos nacionales", columna del programa "A la olla con los grillos" emitido por Radioactiva FM 102.5; en la que participa nuestro compañero columnista de La Izquierda Diario Uruguay,

Lunes 14 de mayo | 15:02

Si en la pasada entrega abordábamos el contexto histórico de los programas escolares analizados por Soler, deteniéndonos particularmente en su contenido ideológico-político y en los aspectos más generales de su discusión democrática (o falta de ella); en este caso quisiéramos centrarnos en otras aristas problematizadas en Uruguay: Análisis crítico de programas escolares de 1949, 1957 y 1979.

Los fundamentos psicopedagógicos

Los programas de 1949 y 1957 son ambos la síntesis de la confluencia de las corrientes teóricas más sofisticadas de la época: las corrientes de la psicología del aprendizaje no positivistas (Piaget, Vigotsky) y la elaboración teórico-pedagógica y la experiencia de la Escuela Nueva (Dewey, Pankrust, Dalton).

En consecuencia los programas del 49 y el 57 se asientan sobre fuertes y sólidas bases epistemológicas, en lo más avanzado del desarrollo teórico de las ciencias de la educación en general, y en los aportes de la psicopedagogía en particular, conocimientos aplicados a la realidad concreta de la escuela nacional y al proceso de aprendizaje y de subjetivación del niño, teniendo en cuenta las condiciones del medio (rural o urbano) y fortaleciendo la capacidad crítica del sujeto aprendiente.

En cambio el programa de 1979 de la dictadura, apoyándose tan sólo en rudimentos de teoría psicopedagógica y en edificios marcadamente positivistas como el Conductismo, tributario de una concepción lineal, evolutiva y fragmentaria del proceso de aprendizaje, logró de esta forma divorciar lo que había sido una conquista de los programas anteriores: la fusión en el campo de la educación entre teoría y práctica, o sea entre la teoría pedagógica y la experiencia viva de la escuela uruguaya.

La actividad como base del proceso educativo no debe confundirse con la simple manualidad. El niño opera y debe operar, desde luego con objetos, animales y plantas, pero también está activo en el manejo de símbolos, en la reflexión, en la discusión, en la duda, en la abstracción, en la creación estética. Hay también silencios activos, maduraciones calladas pero vigilantes. Lo importante es que el niño sienta que su pensamiento recorre un terreno que le es propio y significativo, venciendo dificultades que no pueden sino ser las suyas.

Como podemos apreciar en la concepción general de los programas del 49 y del 57 la actividad polivalente del niño (Escuela Activa) y el respeto a su zona de desarrollo próximo (Vigostky): "maduraciones calladas"; constituyen algunas de las apropiaciones críticas más importantes de la pedagogía nacional, que serán objeto de un feroz ataque por parte de la dictadura.

Estado y educación: la cuestión presupuestal

Entre los aspectos analizados por Soler con respecto a la regresión operada por la dictadura en todos los planos del terreno educativo, se encuentra el componente económico-financiero de la educación pública; el autor constata que el sistema educativo en el proceso cívico-militar sufre un fuerte desfinanciamiento, pasando objetivamente de un 3,7 % del presupuesto a un 2,1%, recortando de esta manera el presupuesto educativo e incrementando el militar.

Las consecuencias de las políticas de la dictadura son catastróficas desde el punto de vista del daño social cometido contra la escuela pública, repercusiones negativas que van desde la caída abrupta de la matriculación escolar hasta la reducción y el desmantelamiento de las áreas de fin social de la escuela, como comedores escolares o guarderías estatales.

Si tenemos en cuenta que la UNESCO y otros organismos internacionales dirigidos por los países imperialistas recomiendan a los estados el 6% del PIB como gasto mínimo para garantizar una educación de calidad, en Uruguay y en la mayoría de los países latinoamericanos esta sigue siendo por un lado una justa aspiración de las masas y por otro la demostración de la inconsecuencia de los gobiernos progresistas en asegurar un presupuesto digno para la educación, más allá del exceso discursivo.

Sólo Cuba duplica con creces las recomendaciones internacionales de los organismos imperialistas, lo que expresa las profundas conquistas, a pesar de las deformaciones burocráticas, del único Estado obrero que hoy sobrevive en el mundo, donde tanto en educación como en salud la orientación de la política estatal es el sujeto y no la ganancia capitalista.

En Uruguay y en los países de América Latina, nos atrevemos a conjeturar que sólo una revolución socialista bajo la dirección de la clase trabajadora, más allá de emular el ejemplo cubano, realizará la revolución pedagógica más importante en la historia del continente; materializando así el sueño igualitarista de profetas como Julio Castro o Miguel Soler.

Matias Matonte en "A la olla con los grillos". Radioactiva FM 102.5:






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