Géneros y Sexualidades

HIPOCRESÍA CLERICAL

Mientras denuncia el feminicidio, la Iglesia mantiene su cruzada antiaborto

La Iglesia católica y el Episcopado mantienen cruzada antiaborto e impulsan reformas que criminalizan a las mujeres que deciden sobre sus cuerpos, se pronuncian contra feminicidios.

Yara Almonte

Estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales-UNAM

Miércoles 19 de abril | 20:43

En su semanario Desde la Fe, con un tiraje masivo a nivel nacional, la Iglesia católica mexicana se pronuncia contra el feminicidio pero calla sobre los responsables, funcionarios públicos, militares y policías que encubren asesinos, violadores y pederastas, sumándose con su silencio a mantener la impunidad.

Al mismo tiempo, resulta escandaloso que enarbole un discurso contra la violencia hacia las mujeres cuando desde la despenalización del aborto en la capital del país a raíz de la Ley de Interrupción Legal del Embarazo hasta las 12 semanas en 2007, se ha encargado de impulsar una feroz campaña anti abortista.

Dice estar a favor de la vida, refiriéndose a los fetos y tejidos celulares cuya gestación es interrumpida mediante legrado o pastillas al dar término a estos embarazos, la gran mayoría no deseados o producto de una violación. Pero con su campaña anti aborto en realidad está a favor de que cientos de mujeres mueran por secuelas de abortos clandestinos, que sólo en América Latina suman casi un millar cada año.

Así lo demuestra su última campaña anti abortista “40 días por la vida” en Veracruz, que se suma a una ofensiva de doble moral y ultra conservadora que impulsa en alianza con el Estado y sus instituciones. Este discurso “pro vida” fortalece un discurso reaccionario, homolesbitransfóbico y clerical que ha generado un alza en los crímenes de odio a nivel nacional.

La Iglesia católica y el Episcopado mexicano no tiene ningún reparo en llenarse la boca de un discurso contra la violencia mientras una y otra vez se pronuncia por el respeto a las fuerzas represivas y por mantener al ejército en las calles, que bajo pretexto de combatir al narcotráfico ha desencadenado miles de desapariciones forzadas, asesinatos y fosas clandestinas y fenómenos muy descompuestos como el feminicido y el juvenicidio.

Incluso señala la “insuficiencia” de la Ley de Alerta de Género en varios estados, a sabiendas de que esta reaccionaria ley propone profundizar la militarización de las zonas “inseguras” para “garantizar la seguridad de las ciudadanas”.

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A decir de la Iglesia, los crímenes contra las mujeres son el “diagnóstico lamentable de nuestro fracaso como sociedad”, pero olvida –y no casualmente- mencionar que la violencia contra las mujeres y, en particular el feminicidio, es un crimen del Estado burgués que perpetúa una violencia sistémica, estructural y funcional a los capitalistas.

De ahí la colusión entre el Estado y el crimen organizado que controla las redes de trata y prostitución, y también su silencio frente a la esclavitud doméstica que impone una doble jornada laboral para las mujeres trabajadoras y de sectores populares. Frente a esta situación, la Iglesia católica calla cínicamente y refuerza la imagen de mujer-madre de familia que asume como “natural” hacerse cargo de las tareas domésticas, y del cuidado de niños, ancianos y enfermos como parte de sus labores como “ama de casa”.

La lucha por nuestros derechos nos lleva a enfrentar a la cúpula religiosa

Pero al mismo tiempo que pregona escasez y precariedad para los que menos tenemos, obtiene ganancias millonarias de los aportes de feligreses en todo el mundo para mantener a una casta parasitaria de funcionarios religiosos. En 2005 estos aportes llegaron a los 60 millones de dólares.

Quienes militamos en la agrupación internacional de mujeres Pan y Rosas, consideramos que no podemos confiar en quien protege y se codea con la casta política corrupta y asesina ni en sus leyes, que protegen la propiedad privada –también de la Iglesia.

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Para nosotras, las clases dominantes han utilizado la religión para mantener a las clases explotadas sometidas, apelando al buen comportamiento, la pasividad y la asimilación de condiciones de vida cada día más difíciles con la expectativa de llegar “al paraíso celestial” donde nuestras penurias y miserias serán “recompensadas gloriosamente”.

Muy por el contrario, consideramos que la lucha por nuestros derechos, como la interrupción legal del embarazo y el freno a la violencia, vendrá de la movilización y lucha independiente de la clase trabajadora y los sectores populares del campo y la ciudad, en alianza con organizaciones de derechos humanos, feministas y estudiantiles.

Por eso, hacemos un llamado a todas aquellas jóvenes, trabajadoras, amas de casa, activistas y estudiantes que quieran organizarse por sus derechos a levantar comités de Pan y Rosas en cada centro de estudio, trabajo, barrio y colonia donde se pueda en perspectiva de levantar un movimiento nacional de mujeres anticapitalistas, socialistas y revolucionarias.

Desde estos comités proponemos luchar por extender el aborto libre, legal y seguro, garantizado por el Estado en hospitales a todo el país. Junto a la implementación de una educación sexual integral y no sexista, además de programas de salud y anticonceptivos gratuitos. Contra la injerencia de la Iglesia en nuestras vidas y por la separación de ésta y el Estado. ¡Súmate a Pan y Rosas! ¡Organiza tu comité!






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