Cultura

50 AÑOS DEL '68

Michel Foucault y el Mayo francés de 1968: marxismo y biopoder

¿Qué pensaba Michel Foucault del Mayo de 1968 en Francia?

Sergio Abraham Méndez Moissen

México @SergioMoissens

Miércoles 25 de abril | 15:07

El Mayo Francés, en el que obreros y estudiantes realizaron la más poderosa huelga general en la historia del país generó un ambiente de revuelta, esperanza y utopía. Tal vez, desde entonces, el espíritu de lucha había llegado a su cúspide.

Con el 68, que cumple 50 años, emergió de forma inesperada, imposible de predecir y difícilmente asimilable aunque realmente estaba ocurriendo, un movimiento en rechazo a la civilización capitalista: la familia, la escuela, el trabajo, la moda, la normatividad sexual, el estado, psiquiatría y la cultura dominante.

¿Qué pensaba el filósofo de la Locura en la época clásica sobre el 1968? El movimiento lo cuestionó todo. Incluso a él mismo. Según Michel Foucault, en sus pocas alusiones al tema, el 68 cuestionó la enseñanza media:

Los individuos sometidos a la enseñanza y sobre los cuales pesaban las formas más limitadoras del conservadurismo y de la repetición se pusieron a la cabeza de un combate revolucionario. En este sentido, la crisis de pensamiento que Mayo inició es extraordinariamente profunda. Dejó a la sociedad con una perplejidad y un aprieto tales que todavía no los ha superado. (1)

Vincennes: La Reforma Universitaria

Ciertamente hay que esclarecer que Foucault no participó del movimiento más radicalizado de la historia de Francia. Él se encontraba en Túnez. Ya para entonces su fama le convirtió en un filósofo importante en particular luego de la publicación de Las palabras y las cosas.

A diferencia de Jean Paul Sartre que vivió el movimiento con megáfono en mano y cerca de los combates callejeros, Foucault detestaba la jerga de izquierda. A diferencia de Guattari que fue un instigador de la ocupación del Opera Foucault estaba planeando una reforma universitaria... en los despachos de ministros gaullistas en medio de la escritura de Las palabras y las cosas.

Según su biógrafo “cuando escribía Las palabras y las cosas, Foucault no andaba preparando la revolución, ni pensando el barricadas. No. Estaba discutiendo, en los despachos de un ministro gaullista sobre el futuro de la enseñanza superior en Francia” (2) Foucault, es más, era violentamente anticomunista. Su paso en el PCF le llevó a detestarlo a la posteridad.

La Reforma de la Enseñanza de la Educación Superior de De Gaulle era una medida para desactivar el movimiento estudiantil: en ese instante Foucault fue electo en Vincennes.

Foucault fue cuestionado en todo momento por los estudiantes radicalizados y boicotearon sus aspiraciones lo que lo obligó a partir al College de France. Aún así la policía entró en distintas ocasiones a la escuela y llevó preso a Foucault en 1969.

¿Qué más podía oxigenar la aburrida escena de la vida académica sino invitar al filósofo del momento para escribir el plan de filosofía? Paradójicamente Foucault aceptó. Terminó en un fracaso. Aunque los cursos reflejaban mucho de la radicalización de la época el francés consideraba las protestas como, según su biógrafo, “sutiles delirantes sobre la revolución.”

Marxismo y biopoder

Era común que los estudiantes le cuestionaran con las frase “las estructuras no bajan a la calle” para cuestionar la historia estructuralista que encabeza el autor de Historia de la locura. Luciend Goldman, filósofo marxista, le remataba “la historia la hacen los hombres de verdad, no las estructuras”.

Invitó a Jacques Lacan a impartir un seminario y los estudiantes los abuchearon, lo interrumpieron y fue maltratado. El amigo de Foucault declaró “los jóvenes revolucionarios de hoy en realidad requieren un maestro, una autoridad”.

Ciertamente Foucault, mucho después se involucrará en política de izquierda del lado del grupo Izquierda Proletaria de formación maoísta, y su principal causa será la crítica a la institución psiquiátrica y penitenciaria.

La obra “foucaultiana” tiene su nodo en la categoría de biopoder. Esencialmente describe que el poder, como relación de dominio, no tiene centro, es más parecida a una red capilar.

Podemos decir que el biopoder, sistema de opresión capilar y omnipotente, emerge de la derrota de 1968 y eso explica que fuera asimilado por cierta “izquierda”. Así es que “la gestión de la vida del biopoder, diríamos que corresponde a la generalización teórica de las condiciones propias de la derrota del ascenso de masas internacional iniciado en 1968”, como plantean Emilio Albamonte y Matías Maiello acá.

Categorías como “biopoder” se producen en el contexto del reflujo del movimiento de 1968 y 1970. El “sujeto” había terminado y la destrucción de la soberanía del ser, o del albedrío, y fue reemplazado por el biopoder (forma capital de imposición de la disciplina) por medio de las instituciones y dispositivos. Esta concepción de poder, “post moderna”, remplazó la idea de cambiar el mundo por un “grado cero” del problema de la estrategia.

Foucault olvida el poder concentrado del estado capitalista, “monopolio de la violencia” en Karl Marx, y su pensamiento derivó en un escepticismo de la posibilidad de cambiar el mundo. El poder, como biopoder, disciplinario de los cuerpos aparece en la obra foucaultiana imposible de subvertir.

En todo caso la misión del intelectual es la de describir los mecanismos de opresión de las instituciones modernas: la clínica, la fábrica, la sexualidad, la escuela, la prisión. Pero de lo que se trata no es sólo de interpretar el mundo, sino de transformarlo.

Notas:

(1) Foucault, M. et al., Conversaciones con los radicales. Barcelona, Kairós, 1975, 21-44, 31. (Traducción de J. Luis López). Edición original, C’est demain la veille, París, Éditions du Seuil, 1973. Texto original “Au delà du bien et du mal”, Actuel, 14 (1971), 42-47. Vid. “Más allá del bien y del mal” en M. Foucault, Microfísica del poder. Madrid, La Piqueta, 1978, 31-44. El texto de Foucault se trata de en unas declaraciones recogidas por Philippe Graine y Michel-Antoine Burnier.

(2) Eribon, Didier, Michel Foucault, Anagrama, 2004.






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