Cultura

RESEÑA

Michalina Wislocka: "La revolución sexual soy yo"

El arte de amar. La historia de Michalina Wislocka es una película polaca que se estrenó en 2017. Aquí una reseña del provocador film de Maria Sadowska, basado en una historia real.

Lucia Battista Lo Bianco

Consejera Directiva Mayoría Estudiantil | Filosofia y Letras/UBA

Sábado 31 de marzo | 14:53

Bajo la atmósfera opresiva del régimen estalinista polaco, la ginecóloga y sexóloga Michalina “Mishka” Wislocka (Magdalena Boczarska) lucha contra todo tipo de tabúes prejuicios por publicar su libro “El arte de amar”. Libro que es producto de la larga investigación que durante años desarrolló junto con sus pacientes a quienes asistía en consultas alrededor de todo lo que tiene que ver con la sexualidad: el placer propio, el placer ajeno, la posibilidad de quedar embarazada, la necesidad de protección a la hora del sexo, y demás.

Podemos decir que, esta mujer, una pionera en el tema, ha sido también una pionera en materia de educación sexual. El consultorio de Michalina siempre explotaba de pacientes y había largas colas para atenderse con ella, por el simple hecho de que “ciertas cosas” solo podían hablarse o consultarse con ella, sobre todo las pacientes mujeres. Todo esto debido al contexto represivo y opresivo como el que recorre la película desde el año 1945 durante la Segunda Guerra, hasta 1976, cuando finalmente logra publicar.

“Queremos hijos, pero es mejor para todos si decidimos cuando sucede. Para eso son los métodos anticonceptivos”, sentencia Mishka en una charla pública que viaja a dar a algún pueblo polaco. Inmediatamente el cura del lugar se levanta entre el público y comienza a rezar algo que podría parecerse al padrenuestro. Acto seguido, comienzan los abucheos y a volar cosas contra “la doctora” -así también la llamaban sus pacientes y todo aquel que algo de ella hubiera escuchado por ahí-.

“Quieren destruirlo todo, incluso nuestro amor”

Dice en un pasaje de la película, Mishka, ya muy cansada de pelear contra viento y marea para que sus ideas sean escuchadas. Pero muy consciente también, de que no lo iba a permitir, que la libertad sexual era algo de lo que todas las personas debían tener el derecho de gozar. Así fue como se enfrentó decididamente durante décadas al oscurantismo de la Iglesia, a los prejuicios de la burocracia estalinista, la opinión pública, algunos periodistas y sus colegas médicos, contando con algunos pocos aliados. Es significativo un momento de la película en el que Mishka le pregunta a un miembro del Politburó del Partido Comunista Polaco, si acaso el “socialismo” no quería “iluminar” como ellos no se cansaban de decir, ante la cara de desconcierto de éste y de su compañero, ella responde pues que bueno, “iluminar” precisamente era lo que ella quería con su libro.

Es que, la película tiene la cualidad de graficar a la perfección la connivencia del poder político con el eclesiástico. “No quiero tener problemas con la Iglesia”, sentencia el mismo miembro del Politburó del PCP, luego de que Mishka lo haya increpado por negarse a dar vía libre para que pueda publicar su libro. Y yendo aún más lejos, la doctora también le había preguntado, buscando incomodar -como lo hacía con todos, allí adonde sea que fuera-, si acaso él no disfrutaba del sexo: “Bueno, entonces, ¿por qué cree que puede impedir que otros lo hagan?”, disparó Mishka, dejando anonadados a estos dos fulanos.

Claro que la del machismo fue otra de las batallas contra las que Mishka peleó. No faltaron aquellos médicos y periodistas que en los años 70, mientras intentaba y no se cansaba de perseverar para publicar su libro, la acusaron de “académica poco seria” (por, por ejemplo, prestar la camilla de su consultorio para que sus pacientes experimenten el placer de la masturbación por primera vez, mientras ella las ponía música e indicaba para ayudarlas-, de hacer “pornografía barata” o desestimaron su trabajo simplemente porque ya había otro y era varón que se dedicaba a lo mismo. Ni hablar de la censura estalinista que, luego de mucho insistir a través de una editora y un editor amigos, accedió a publicar el libro pero quitando el capítulo sobre los orgasmos. Ante lo cual, determinante como siempre lo fue Mishka, sentencia: “No habrá arte de amar sin orgasmos”, arrancándole de las manos el manuscrito al burócrata.

Y yendo aún un poco más allá, Mishka fue una adelantada también para su época en términos de su vida personal. Durante la Segunda Guerra Mundial, mientras estudiaba y trabajaba en la universidad en los inicios de su investigación, convivió con un alemán y una alemana con quienes entabló una relación poliamorosa y de amor libre, que aunque no tuvo final feliz por razones que preferiremos no spoilear, fue una experiencia que sin dudas aportó y mucho a desarrollar como luego lo hizo una vida desterrada de prejuicios reaccionarios sobre el amor y la sexualidad de las personas, algo que para Mishka tuvo su climax en los años ‘60 en otra relación que tuvo y donde descubrió muchas otras cosas sobre el sexo y las relaciones sexuales. Así fue que cuando “El arte de amar” fue publicado, en una presentación alguien le preguntó si algo de todo eso que allí decía tenía que ver con su vida, ella respondería sonrojada con la metáfora: “Un ciego no puede escribir sobre colores”. Más claro, echale agua.

Pero si “El arte de amar” finalmente se publicó y fue best seller en el año 1976 vendiendo más de 7 millones de ejemplares, fue -como no podía ser de otra manera- gracias a las organización de las mujeres. Fueron ellas, las mujeres esposas de los altos mandos de la burocracia estalinista las que, como otras miles de mujeres que alguna vez habían pasado por el consultorio de Mishka, las que reconocieron en ese libro una posibilidad de empezar a romper con los sentidos comunes opresivos que les imponían no disfrutar del sexo a piaccere, condenarlas a tener relaciones solo para quedar embarazadas, a tener gustos heterosexuales necesariamente, entre otras decenas de prejuicios. Para lograr que salga a la luz, se reunieron y se organizaron para convencer cada una a su esposo, que cuando escucharon el pedido, ya conociendo perfectamente a Mishka, sus ideas y su incansable perseverancia que no cesó nunca, no tuvieron más que acceder.







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