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TRIBUNA ABIERTA

Mi vida y el BOE: ¿Esta es la educación que queremos?

Publicamos este artículo testimonio de una profesora de filosofía en un instituto público sobre la “reválida” y los contenidos seleccionados por el ministerio para dicha prueba.

Jueves 17 de noviembre | 16:35

Foto: EFE

Desde hace casi treinta años soy profesora de filosofía en institutos públicos y funcionaria. Este curso el 1 de septiembre me he visto obligada a aplicar y desarrollar toda una normativa publicada a lo largo de los meses de julio y agosto, de forma absolutamente precipitada, en lo que parece primar la urgencia de la Administración frente a la calidad a la que se quiere hacer referencia en la LOMCE.

Normativa de obligado cumplimiento con respecto a la organización, funcionamiento, evaluación y promoción en la ESO (O. 2398/2016 de 22 de julio, BOCM), la organización, funcionamiento, evaluación y promoción en bachillerato (O. 2582/2016 de 17 de agosto, BOCM) y la regulación de las evaluaciones finales en ESO y bachillerato (R.D. 310/2016 de 29 de julio, BOE), conocida popularmente como “reválida”.

Toda esta urgencia legislativa del entonces gobierno en funciones generó un comienzo de curso caótico con unos claros perjuicios para los centros de enseñanza, para los profesores y sobre todo para los estudiantes. Aunque el actual presidente de gobierno se ha apresurado a declarar que este curso la “reválida” no tendrá efectos académicos (como por otra parte ya preveía la ley en su primer año de aplicación), lo cierto es que para los alumnos de segundo de bachillerato estas evaluaciones finales sustituyen a la PAU (la “selectividad”), por lo que se juegan su acceso a la universidad. Estos alumnos de segundo de bachillerato que no han dispuesto de la información necesaria para realizar una elección de asignaturas coherente con sus intenciones a la hora de continuar con estudios posteriores, ni han dispuesto de la información correspondiente a las posibles ponderaciones de las distintas asignaturas, ni tienen referencias de cómo van a ser las pruebas.

Dado que la Administración dispone hasta el 30 de noviembre para concretar la prueba, los profesores nos hemos visto obligados a diseñar programaciones sin datos objetivos, en claro perjuicio de los propios alumnos, lo que puede llegar a suponer la práctica pérdida de todo el primer trimestre. Esta semana se ha filtrado, a través de los sindicatos mayoritarios, el borrador del esperado decreto y la lista de horrores continúa. Quiero poner sólo dos ejemplos de dos asignaturas de las que tengo que dar clase en bachillerato: Filosofía de 1º que es común para todos los alumnos, por lo que se tendrán que examinar de ella en la “reválida” y Psicología de 2º, que es una optativa y por tanto se podrán examinar de ella los que así lo escojan.

Una de las estrategias de la LOMCE (la ley educativa que ahora nos están imponiendo) es aumentar los contenidos de las materias que se imparten, aunque, como en el caso de la Psicología, pase de ser una asignatura de cuatro horas a la semana a ser una de dos horas. El milagro del BOE de dar más contenidos en menos tiempo, se puede traducir en la práctica de dos maneras: o memorizar sin comprender y acumular datos acríticamente, o seleccionar aspectos relevantes y poder profundizar en ellos. La primera opción convierte los institutos, en el mejor de los casos, en academias preparadoras de exámenes y en el peor en auténticas carreras de obstáculos generadoras de estrés, competitividad, segregación y desigualdad. El segundo camino permite armonizar mejor los distintos ritmos de aprendizajes y tipos de intereses, adecuarse más a las capacidades y necesidades de los alumnos, desarrollar trabajo cooperativo... Pero claro, yo quiero lo imposible con esta ley: que mis alumnos aprendan a aprender y además que aprueben la dichosa “reválida”.

Como la propia Administración es consciente de que los temarios que propone la LOMCE son inabarcables, la regulación de la “reválida” supone entre otras cosas determinar que parte del temario “entra” en ella. Por eso esperamos ansiosamente el decreto que el Ministerio de Educación aún no ha tenido a bien publicar, para que nos sirva de guía en el maremagnum del temario y, ya que es imposible estudiar dignamente todo, profundizar en aquello que les pueda resultar útil a los estudiantes.

Pues bien, para mi sorpresa, en el borrador citado, (y aquí va el ejemplo) en el temario de Psicología en la unidad “Fundamentos biológicos de la conducta”, de lo que se va a examinar a los alumnos (lo que pomposamente se llama “estándares evaluables”) es “Describe y compara las diferentes técnicas científicas de investigación del cerebro: angiogramas, EEG, TAC, TEP, IRM, intervenciones directas y estudio de casos.” “Explica la influencia de los componentes genéticos que intervienen en la conducta e investiga y valora si éstos tienen efectos distintivos entre de la conducta femenina y masculina.” “Relaciona y aprecia la importancia de las alteraciones genéticas con las enfermedades que producen modificaciones y anomalías en la conducta, utilizando el vocabulario técnico preciso: mutación, trisomía, monosomía, deleción, etc.” “Investiga las diferencias endocrinológicas entre hombres y mujeres y sus efectos en la conducta, valorando el conocimiento de estas diferencias como un instrumento que permite un mejor entendimiento y comprensión entre las personas de diferente género”.

Es decir, que de ese tema concreto lo que les ha resultado tan relevante como para que pueda determinar el acceso a la universidad de mis alumnos es, en dos puntos de cuatro, valoraciones sobres diferencias de género supuestamente basadas en diferencias biológicas. Es decir, que de todo lo que se supone que un alumno de bachillerato debiera saber sobre el funcionamiento del sistema nervioso y endocrino, donde quieren que se ponga la lupa es precisamente en eso. ¿No será, una vez más, la vieja estrategia de usar el discurso supuestamente científico para legitimar las diferencias? Ese presupuesto del determinismo biológico casa también con el otro punto, en el que se relacionan las “anomalías en la conducta” con alteraciones genéticas. No olvidemos que las ideologías que consideran que “por naturaleza” se es superior o inferior, normal o anormal, femenino o masculino son las que están dispuestas a imponer esa supuesta naturaleza. Y que si por naturaleza se es listo o tonto no hace falta invertir en una educación que compense las desigualdades, que fomente la participación, la cooperación, el pensamiento crítico. Sólo hace falta diseñar pruebas que seleccionen y separen. Y desechen a los que “no valen”.

El otro ejemplo que quería poner es de Filosofía de 1º, de la que se examinarán todos los alumnos en la reválida aunque no la hayan cursado en 2º, ya que la Historia de la Filosofía que era antes común ahora es optativa. Pues bien, uno de los bloques es Filosofía Política, y la pregunta que sobre la misma pueden hacer en la reválida será sobre alguna teoría importante del pensamiento político. En la enumeración de autores no aparece Marx. ¿Alguien puede entender algo del pensamiento político o económico contemporáneo sin conocer la teoría de Marx? No niego que sean importantes las teorías de otros autores que se mencionan, desde grandes clásicos como Platón o Aristóteles a autores menores que no tienen propiamente una teoría política como Popper. Pero, ¿de verdad quieren borrar a Marx de la filosofía?

En fin, esta LOMCE es francamente peligrosa. Y va cargada. No solo debemos luchar para que se elimine sino que tenemos que estar bien vigilantes del supuestamente próximo “pacto de estado” por la educación. No podemos permitir que nos cuelen leyes regresivas, elitistas, injustas, sesgadas. La educación es una cosa muy seria: es el futuro lo que nos jugamos.




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