Juventud

PARO NACIONAL 25J

Mi primer corte de ruta: crónica de un paro activo

Aún no puedo expresar en palabras el sentimiento que me surgió cuando con voz fuerte y potente cantábamos al unísono: "somos mujeres trabajadoras y hoy vinimos a gritar ¡plan de lucha ya! Me sentía empoderada al lado de todas mis compañeras, luchando.

Miércoles 27 de junio | 17:26

Domingo a la noche. Estábamos sentados a la mesa, compartiendo una rica comida con un grupo de compañerxs. Risas y anécdotas sobre Pepsico, el Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario, los cortes de Lear y hasta sobre el gendarme “carancho”. De repente, un compañero interrumpe con una pregunta que da inicio a la charla previa al paro general del 25J. Para muchos, como quien escribe, era la primera vez que íbamos a cortar una ruta. Hablamos de todos los escenarios posibles y se despejaron nuestras dudas e inquietudes. No tenía miedo: estaba ansiosa de vivir la experiencia.

Son las cuatro de la madrugada. Comenzamos a ponernos capas y capas de ropa porque el frío es inminente. Aún sigo un poco dormida, ya que por la ansiedad solo descansamos una hora ¿Cómo iba a poder conciliar el sueño cuando estábamos por hacer historia? Llegamos al local del Partido de Trabajadores Socialistas y Pan y Rosas de Ramos Mejía. Mate o café en mano para combatir el frío, listos para combatir al gobierno y sus ajustes. Rápidamente nos explican cómo va a ser la estrategia para garantizar el corte y nos subimos a los micros camino hacia el puente Pueyrredón.

El viaje se hizo verdaderamente corto. Ahora nos alertan que estamos por bajar. Miro rápidamente por la ventana y se ven decenas de autos que frenan para dar comienzo al corte. Bajamos y comenzamos a caminar velozmente a donde estaba la columna. Sin embargo no alcanza con caminar: un compañero grita ¡corran! El tiempo lo es todo, debemos llegar antes que la yuta.

Oímos las instrucciones de nuestras compañeras: las mujeres adelante. Así que lista con mi pañuelo verde voy con mis compañeras del profesorado a las primeras filas.

Aún no puedo expresar en palabras el sentimiento que me surgió cuando con voz fuerte y potente cantábamos al unísono: "somos mujeres trabajadoras y hoy vinimos a gritar ¡plan de lucha ya! Y todas juntas hacer que tiemble el gobierno nacional". Me sentía empoderada al lado de todas mis compañeras, luchando. El ruido de los tambores acompañaba los latidos del corazón y yo dejé mi garganta en cada canto.

Saltando, silbando, ovacionando y cantando. Estaba en el lugar correcto, en la lucha por nuestros derechos como mujeres y trabajadoras. Exigiendo aborto legal seguro y gratuito, que se baje el acuerdo con el FMI, no al pago de la deuda y más presupuesto para la salud y la educación. Estaba exactamente donde tenía que estar: rechazando el ajuste.

Me recuerdo escéptica hace tres años atrás: no confiaba en que se pudiera cambiar el sistema. Pero cuando te ves al lado de tus compañeras cantando y luchando por tus derechos te das cuenta que para eso nos preparamos. Mi experiencia lejos de ser derrotista me impulsó a querer seguir en cada lucha, de ahora en más.

Luego de varias horas la yuta se retira de su cordón y queda la vía libre para seguir marchando. Avanzado el camino, aprendí dos nuevas canciones que canté con ganas:

"Mulo del patrón, mulo del patrón, no son obreros no son trabajadores, son los milicos cuidando a los patrones”

"Que feo, que feo, que feo debe ser reprimir obreros para poder comer".

Saber que estaba del lado correcto, mirarlos a la cara y cantarlo con fuerza.

Y esto les va a parecer algo tonto pero quería destacarlo. Como era obvio, tras muchas horas en la ruta, nos dio ganas de orinar y fuimos a una estación de servicio. Lo que voy a decir ahora no va a sorprender ya que es moneda corriente: había una enorme fila en el de mujeres. Le solicitamos a los que estaban haciendo guardia que cada tanto dejaran entrar a mujeres al baño de hombres. Ellos accedieron tras la insistencia de un compañero y pudimos entrar. Lo destacable no es eso, sino que mujeres compartiéramos baño con los hombres. Sabíamos que nada malo nos podía pasar con ellos: son compañeros de lucha, con quienes peleamos codo a codo. Y ahí una muestra más de que la sociedad puede cambiar para bien.

Volvimos a subir al micro, ahora yendo hacía el obelisco. Llegamos y nuevamente la secuencia se repitió: la lucha la encabezábamos las mujeres. Pañuelos verdes en los cuellos, en los brazos y piernas, agitándose por los aires y en banderas enormes. Todas cantando:

"A dónde está, que no se ve, esa famosa CGT".

"Ya se siente, ya se siente, llegamos las mujeres las que le cortamos el puente, ya se siente".

"Llamen a Mauricio y Vidal, ¿para qué? para que vean que estas mujeres no pagan la deuda, pelean pelean, ¡plan de lucha ya!".

Me desperté al día siguiente aún con los cantos rondando en mi cabeza. Me hicieron compañía, de forma casi permanente, incluso cuando bajé en la estación de Haedo y caminé hacia el profesorado. Entre cursada y cursada me entero que ya se dictaminó la fecha para tratar la interrupción voluntaria del embarazo: la cita de honor es el 8 de agosto. Comprendí que así como nos habíamos organizado para garantizar un paro activo, el 8 ante el Senado tenemos que ser miles y miles en las calles reclamando que sea ley. Y una vez más, ver los pañuelos agitándose sobre el aire al canto de: “Aborto legal en el Hospital”.







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