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“México no es Venezuela”: claves de la crisis diplomática

Luis Videgaray, canciller de Enrique Peña Nieto: “Lo que tenemos es un país que de facto ha dejado de ser una democracia funcional”. Delcy Rodríguez, canciller del gobierno de Nicolás Maduro: “El país más peligroso del mundo no tiene moral para hablar de Venezuela”.

Bárbara Funes

México D.F |

Viernes 2 de junio | 19:06

No es un secreto la tradicional alineación del gobierno mexicano con la administración estadounidense en la Organización de los Estados Americanos (OEA). Pero esta subordinación detonó un nuevo pico del conflicto diplomático entre México y Venezuela, en el contexto de la crisis del gobierno de Maduro.

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Los dichos del “aprendiz de diplomático”

El secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, propuso fungir como mediador en un proceso de acuerdo político en Venezuela ante la OEA, con el objetivo de sentar las bases para la injerencia imperialista en la crisis venezolana. Operando así, como un peón de Washington.

Él mismo ya tuvo un revés cuando el miércoles 31 de mayo, en la reunión de ministros exteriores de los países de la OEA no se aprobó un documento conjunto. La propuesta de declaración encabezada por EE.UU., México, Perú, Canadá y Panamá reprobaba la Asamblea Constituyente y cuestionaba al gobierno de Maduro, mientras que la presentada por los países de la Comunidad del Caribe (Caricom), aliados tradicionales de Venezuela, no se hacía eco de esas demandas.

Por su parte, Videgaray, en su reciente visita a Florida, fue entrevistado por el periodista Andrés Oppenheimer, del Miami Herald. Allí afirmó “Si la comunidad internacional, y esto incluye a México, puede asistir el proceso de acuerdo político mediante la mediación, o ser parte de algún instrumento de mediación, (...) y si México puede jugar ese papel, estamos más que listos para hacerlo”.

Oppenheimer le preguntó si el gobierno de Maduro podía señalarse como una dictadura, a lo que el canciller respondió: “Estamos viendo rasgos francamente autoritarios, como por ejemplo el uso recurrente de tribunales militares para enjuiciar civiles”.

Abundó Videgaray para justificar la intervención de la OEA: “A mí como mexicano no me gustaría que, si de pronto en México hay un atentado tan grave contra la democracia se cancelaran elecciones, se desconociera al Poder Legislativo, se encarcele a los opositores, se utilicen los tribunales militares para enjuiciar a quienes marchan contra el gobierno, si esto ocurriera en mi país, a mí no me gustaría que la comunidad internacional mostrara indiferencia y adoptara criterios de política exterior que le permitieran estar ausentes del tema”.

También criticó la “figura de una asamblea constituyente, electa de una manera cuestionable”, ya que considera que puede “enrarecer el problema y hacerlo más complejo”.

La respuesta en redes sociales se hizo sentir. Se multiplicaron los memes y tuits de mexicanos contra su propio gobierno con el hashtag #MéxicoNoEsVenezuela, que fue tendencia por unas horas. Las desapariciones forzadas, la violencia contra periodistas, la corrupción, la proliferación del crimen organizado y la profundización de la pobreza en amplios sectores fueron algunos de los cuestionamientos.

Venezuela replica: y por casa… ¿cómo vamos?

Estas declaraciones arrojaron más leña al fuego. La respuesta de Venezuela no se hizo esperar. Según analistas de El País, se avecina “una escalada en el fuerte enfrentamiento entre el gobierno venezolano y el mexicano, el que ha impulsado las críticas de 15 países de la OEA ante “la creciente escalada autoritaria del régimen de Nicolás Maduro”.

En rueda de prensa, Delcy Rodríguez, la canciller venezolana replicó: “El país más peligroso del mundo no tiene moral para hablar de Venezuela”. Esto en el marco de que el jueves 1 de junio anunció en Caracas que su gobierno participará de la próxima Asamblea General de la OEA, a realizarse en Cancún, México, entre el 19 y el 21 de junio, a pesar de que en abril se iniciaron los trámites para retirarse de ese organismo.

Según declaró Rodríguez “Allí llegaremos con los pueblos a defender a Venezuela, a ratificar nuestro retiro de la OEA justamente por estas pretensiones intervencionistas que un grupo de países, que no cuenta con el apoyo de la mayoría de nuestra región, pretenden imponernos”.

La canciller venezolana hizo alusiones concretas sobre la situación de México, Argentina y Brasil, cuyos gobiernos encabezan las críticas a Venezuela y actúan como agentes del gobierno estadounidense para avanzar en la injerencia imperialista en el país cuyos recursos naturales –entre ellos el petróleo– codician las trasnacionales, como se explica acá.

Respecto a México, Rodríguez señaló que “es uno de los países con mayor desigualdad de la región. El gobierno mexicano no tiene moral para hablar de Venezuela porque es el país más peligroso del mundo para ejercer el periodismo, donde el narcotráfico ha penetrado toda la institucionalidad convirtiéndolo en un estado fallido, donde los desaparecidos suman cifras realmente espeluznantes”. Hasta amenazó con llevar el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa a la Asamblea de la OEA.

A su vez, calificó a Luis Videgaray de sinvergüenza, lo denunció por cumplir un papel “para recibir algo a cambio”, de criticar a Venezuela y no mirar la realidad de México. Añadió que espera señalarle en Cancún “que atienda las demandas de su pueblo, atienda a los desaparecidos, la violencia y el narcotráfico”.

En la misma conferencia de prensa, la canciller anunció que Caracas invitaría a Nicaragua, El Salvador, San Vicente y las Granadinas, República Dominicana y Uruguay para intentar “rescatar el diálogo con la oposición”.

Contra la represión y contra la injerencia de la OEA

Ante la crisis venezolana, es necesario que la clase trabajadora y los sectores populares de México y todo del continente repudien toda intervención de la OEA en el destino de Venezuela. Hay que levantar bien alto la bandera “Fuera yanquis de América Latina”.

Al mismo tiempo, alertamos a la clase trabajadora y los sectores populares el peligro que entraña el creciente poder de los militares en la vida pública, tanto apoyando a Maduro o apoyando a la derecha venezolana. Las avanzadas de la represión hoy pueden profundizarse y ser el instrumento para descargar la crisis catastrófica sobre las espaldas de las mayorías.






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