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ENORMES MOVILIZACIONES

México de pie por los normalistas desaparecidos

De ser el país de las fosas clandestinas, México se transformó en un clamor por la aparición con vida de los 43 estudiantes de Ayotzinapa víctimas de desaparición forzada y por la renuncia de Peña Nieto. Los trabajadores organizados pusieron la nota distintiva.

Bárbara Funes

México D.F |

Sábado 22 de noviembre de 2014 | Edición del día

Fotografía: AGENCIA EFE

Un nuevo aire circula por todos los rincones del país. La solidaridad y la indignación brillan en la mirada de un pueblo que ya se cansó. Aunque el gobierno amenace y provoque, aunque el empresariado reclame una “vuelta a la paz…de las fosas clandestinas”.

Cientos de miles de personas –según informan los principales periódicos del país– se manifestaron en la Ciudad de México, y hubo réplicas en numerosas ciudades y localidades del interior y también en distintos países.

Las caravanas de los padres de los normalistas desaparecidos encabezaron tres columnas que avanzaron desde distintos puntos del Distrito Federal –el Ángel de la Independencia, el Monumento a la Revolución y la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco.

Al paso de la movilización, decenas de miles de personas, abuelos, padres, oficinistas, vecinos, saludaron emocionados la marcha que fue por los jóvenes desaparecidos. La herida sangra, por los estudiantes de Ayotzinapa y por todas las víctimas de desapariciones forzadas.

Sangra por la masacre de los niños muertos en el incendio de la guardería ABC en Sonora, por la precarización laboral, por la miseria que agobia al pueblo mexicano, por los campesinos sin tierra, por los pueblos originarios despojados.

Fue una jornada que conmovió, que acercó, que unió. Fue una jornada que inundó las calles de indignación y de fuerza. Fue una jornada de lucha que tuvo su epicentro en el histórico corazón de la ciudad de los palacios: en el Zócalo que conserva en su superficie tanta historia. Un Zócalo que brilló bajo la luz de las figuras de Francisco Villa y Emiliano Zapata, los héroes de la Revolución Mexicana, de cuyo inicio este jueves se cumplieron 104 años.

Y fue en el Zócalo donde ardió una figura que representaba a Peña Nieto, el símbolo del poder de la clase dominante, el que recibe sobornos de empresas nacionales e internacionales –como su “casita blanca”– para ser beneficiados con licitaciones o adjudicaciones directas en los negocios más jugosos del país.

Las clases populares se apropiaron del reaccionario dicho del Procurador General de la República, Jesús Murillo Karam, “#Yamecansé” el día infame en que el gobierno intentó dar un carpetazo al caso de los normalistas y sin pruebas intentaron apagar la indignación con el horror de unos huesos calcinados.

Nadie les creyó. Y quienes se cansaron son quienes dan vida al México profundo: los jóvenes, los trabajadores, los campesinos, los pueblos indígenas, los intelectuales, los artistas.

Jaque para los de arriba

En el Zócalo, en el mitín principal, según informa el diario La Jornada la madre de uno de los estudiantes desaparecidos sostuvo “Sólo quiero decirles que si el crimen organizado se los hubiera llevado, sus cuerpos ya hubieran aparecido, como el resto de los que han sido ejecutados (por ese grupo). Pero el hecho de que sigan desaparecidos muestra que se los llevó el gobierno, y ellos saben dónde están”.

En el mismo día 20, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) bloqueó un debate en el senado por la Casa Blanca de Angélica Rivera, la consorte de Peña Nieto. Días antes, los diputados del PRI, junto a los del Partido Acción Nacional (PAN) y del Partido de la Revolución Democrática (PRD) estaban repartiéndose partidas de dinero conocidas como “moches”, el dinero que reciben a cambio de otorgar contratos a empresas por distintos productos o servicios.

Una vez más el PRI, el PAN, y el agonizante PRD demostraron que el régimen que integran entre los tres se basa en la corrupción, la pobreza extrema para el pueblo y la riqueza obscena, los excesos y lujos para ellos. Este régimen es irreformable.

Y sus métodos gangsteriles –desapariciones forzadas, torturas, violaciones, ejecuciones extrajudiciales, colusión con el narcotráfico– para mantener su dominio ya no son tolerados por el pueblo mexicano.

El gobierno, los empresarios y el imperialismo estadounidense no saben cómo cerrar esta crisis. No obstante, hay que estar atentos a las trampas y maniobras que puede crear este régimen antidemocrático para salir de la crisis, habida cuenta de que las amenazas de represión no lograron su objetivo de mermar la movilización popular.

El despliegue de fuerzas represivas no disuadió a los manifestantes para expresar su indignación. La represión contra los jóvenes que marcharon hacia el Aeropuerto de la Ciudad de México tampoco.

La clase trabajadora un nuevo actor que se suma a las movilizaciones

En esta histórica jornada decenas de miles de trabajadores de los sindicatos de telefonistas, pilotos, trabajadores de la UNAM y de la Universidad Autónoma Metropolitana aportaron su voz, aportaron su fuerza.

Los telefonistas pararon labores por la aparición con vida de los normalistas desaparecidos porque ellos también están hartos. Hartos de la impunidad, hartos de la precariedad de la vida, hartos de la superexplotación a los que los somete la dictadura de Carlos Slim, uno de los magnates más poderosos del mundo.

Su presencia da un nuevo giro a la crisis de México. Se puede construir otro país si la clase trabajadora, toda, como hicieron el 20N los telefonistas unen sus fuerzas, pero en una huelga general política que paralice el país, hasta tirar a Peña Nieto e instaurar un gobierno provisional de las organizaciones obreras, campesinas y populares. Así se hará posible el reclamo de millones que claman “¡Fuera Peña!” y “¡Fue el Estado!”.

La fuerza de los estudiantes, de los campesinos, de los artistas y los intelectuales se potencian al unirse a los trabajadores organizados.

Sólo esta unidad puede crear una salida: imponiendo en las calles, con la movilización, una Asamblea constituyente Libre y Soberana que debata cómo resolver los grande problemas del país.







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