Economía

ENTREVISTA

Mercedes D’Alessandro: con la reforma se legitiman formas de precarización laboral

La doctora en economía y cofundadora de Economía Femini(s)ta, Mercedes D’Alessandro nos da su opinión sobre la (contra) reforma laboral, y en particular cómo afectaría las condiciones laborales de las mujeres.

Miércoles 15 de noviembre | Edición del día

El Gobierno propone un “blanqueo” laboral que abarata las contribuciones patronales ¿Qué opinión tenés sobre el efecto de esta medida en el aumento en el registro de trabajadores y en el empleo?

Las propuestas que se encuentran en la reforma laboral presentada por el gobierno incluyen varios elementos que van en contra de los derechos de los trabajadores. El primer párrafo del documento borrador deja claro el objetivo: “promover la liberación de las fuerzas de la producción y del trabajo de todos aquellos mecanismos regulatorios y fenómenos distorsivos que impidan el desarrollo de las empresas como comunidades productivas innovadoras, eficientes y competitivas”.

¿Cuáles son los mecanismos regulatorios o distorsivos? ¿En qué consiste la eficiencia y competitividad? La respuesta es bastante simple: se trata de bajar costos laborales y en esa dirección están apuntados los cañones. Reducir la base sobre la que se calculan indemnizaciones por despidos, no pagar horas extras a partir de la generación de un banco de horas, permitir la modificación de los contratos por parte de los empleadores, entre otras. A su vez, la creación de figuras de trabajadores independientes y algunas líneas destinadas a debilitar a los sindicatos traslucen la intensión de debilitar las negociaciones colectivas.

El problema de la precarización laboral es una cuestión central en el mercado de trabajo. Hoy en la Argentina se estima que hay unos 5.700.000 trabajadores informales (dato EPH, 1er trimestre 2017), quienes representan un tercio de los trabajadores totales. En el Noroeste, los informales alcanzan el 40 %. Existen experiencias anteriores en las que se ofrecieron “incentivos” empresariales a la formalización sin mucho éxito. En el caso de esta reforma, al mismo tiempo se habilita una puerta giratoria: se puede contratar más fácilmente, así como despedir sin mayores costos. La idea de formalizar a costa de una mayor flexibilización laboral suena contradictoria. En todo caso, incluso podríamos pensar en que se estaría legitimando formas de precarización. Los números mejorarían en las apariencias, aunque las condiciones laborales no.

Hay otras iniciativas orientadas a aumentar los niveles de precarización (abaratar las indemnizaciones, exención de responsabilidad sobre tercerizadas, extensión de pasantías, etc) y flexibilización laboral (banco de horas, modificación de modalidades laborales). ¿Crees que esto impactará en la situación laboral de las mujeres, quienes ya están sujetas a altas tasas de precarización?

Las mujeres sufren mayores niveles de desempleo y precarización laboral, ganan en promedio un 27 % menos que sus pares, brecha que se amplía para quienes están precarizadas alcanzando un 40 %.

Si además consideramos que el 60 % de los desocupados son jóvenes menores de 30 años y, que entre ellos la mayoría son mujeres, el panorama no puede ser más desolador. En toda la reforma no se observa ningún tipo de reflexión en torno a esta posición desigual de las mujeres en el mercado de trabajo. Incluso, por el carácter de la reforma, se omite al personal de casas particulares, que son casi el 20 % de las trabajadoras ocupadas y que son quienes sufren los mayores niveles de informalidad y los salarios más bajos de la economía.

En el único apartado que aparece algo que podríamos rescatar desde la perspectiva de género es en el caso de la licencia por paternidad que se extiende de 2 a 15 días. Sin embargo, en el marco de una reforma que no contempla el trabajo doméstico no remunerado, que no se propone implementar un sistema de cuidados, o brindar herramientas para conciliar la vida familiar y laboral de los y las trabajadores, ese aumento tiene gusto a poco y nada.

La perspectiva con que se está abordando esta reforma laboral tanto desde el oficialismo como desde las críticas, es sumamente neoclásica en términos de la teoría económica. Esto es, se entiende el trabajo como una cuestión de oferta y demanda, como algo que hay que equilibrar en un cuadrito de Excel.

Además, rige la vieja idea de la teoría del derrame: si a los empresarios les va bien entonces los trabajadores estarán mejor. Esa idea ya mostró muchas veces que dista de la realidad. En Francia o Brasil, las reformas que se han llevado adelante reproducen las mismas limitaciones. A nivel mundial el futuro del empleo es una incógnita mientras avanza la automatización a pasos agigantados. La respuesta más a mano de estos gobiernos es la flexibilización y ajustar sobre los trabajadores. Esto no solo es injusto o anti obrero, sino que además es un parche de corto plazo que no vislumbra soluciones a un problema que solo promete empeorar.

El trabajo es una relación social, y quienes lo entendemos de este modo pensamos que la discusión en torno a la precarización afecta no solo al “mercado de trabajo“ sino también a nuestras relaciones sociales. La precarización laboral es la precarización de la vida.








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