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ANIVERSARIO DE SU MUERTE

Mateo Fossa, el dirigente obrero argentino que conoció a Trotsky

Fue el referente de la huelga de la construcción de los años 30 y adhirió a la IV Internacional luego de su encuentro con Trotsky en México.

Ivana Otero

Docente | Agrupación 9 de Abril

Lunes 26 de junio | 11:06

En el año 1938, Fossa llega a la tierra de la revolución mexicana liderada por Villa y Zapata hacia el Congreso obrero latinoamericano montado por la Internacional Comunista dirigida en esa época por Stalin. Allí tuvo la experiencia directa con esa burocracia cuando le impidieron participar a pesar de representar alrededor de 28 organizaciones incluyendo 24 sindicatos independientes de la Argentina. ¿La razón? Su voz disidente contra el PC en Argentina, partido en el que había participado un tiempo pero con el que luego presentó profundas diferencias.

Esta actitud, sin embargo, le permitió ponerse en contacto con Van Heijenoort, secretario del dirigente de la Revolución Rusa que lo llevó hasta él. León Trotsky se encontraba exiliado en México luego de una larga travesía y desesperada búsqueda de asilo a lo largo y ancho del mundo. En un intento de impedir que su lucha contra la burocratización de la URSS se contagiara, había sido deportado por Stalin a Alma Ata, al sur de la URSS en 1928, y en 1929 a Prinkipo, una isla de Turquía. Pero fue recién por medio del reconocido muralista mexicano Diego Rivera que logró que el presidente Lázaro Cárdenas le diera el único asilo político en el mundo, con la promesa, eso sí de no pronunciarse por la política nacional mexicana. Trotsky y Natalia Sedova arribaron a Tampico el 9 de enero de 1937.

A pesar de la hostilidad y persecución en la que se encontraba, Fossa relata en un folleto titulado Conversando con León Trotsky que, "El hombre más perseguido de la Tierra tenía todavía fuerzas para alentar a los otros a soportar las persecuciones, insignificantes en comparación a las que él sufría. No hay que perder el coraje frente a las calumnias y las maniobras de los burócratas” me dijo". También le aconsejó hacer conocer las maniobras burocráticas que sufrió él mismo por parte de la dirección stalinista, al proletariado mexicano, cosa que hizo en una reunión organizada a tal fin, poco tiempo después.

De la Chispa a la huelga general

Antes del encuentro que marcaría su vida, este obrero nacido en el seno de una humilde familia y hábil tallador de madera, tendría un pasado militante y sindical. A la edad de 17 años, adhiere al Partido Socialista y en 1917 funda el periódico La Internacional. Durante la primera guerra mundial Fossa apoyó el a la internacionalista del PS, que se negaba a dar su respaldo a ninguno de los bandos imperialistas que participaban de la guerra y defienden la Revolución Rusa, la primera revolución que puso en pie un estado obrero, mientras que la dirección del partido encabezada por Justo apoyará a Francia y Gran Bretaña. Esta tendencia de izquierda fundará, en 1918, el Partido Socialista Internacional que luego, en 1921, se transformará en el Partido Comunista argentino.

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Los pasos por el PC de Fossa van de la mano de los debates y luchas políticas que tenían lugar al interior. Ya en el PC también se integrara a su ala izquierda y es expulsado del mismo en el año 1925 al comenzar el viraje burocrático de Stalin en la URSS y la Internacional Comunista. En 1926 funda el Partido Comunista Obrero, grupo que será conocido como “los chispistas” por editar el periódico La Chispa.

Cuando vino nuevamente el ascenso de los trabajadores, allí estaba Fossa. En 1938, luego de su destacado papel en la huelga de la construcción y en la Huelga general de 1936, viaja a México.

"Camaradas: A través de las presentes líneas afirmo mi adhesión a las filas de la IV Internacional" (México, 28 de septiembre de 1938)

Durante su estadía en México, Fossa visitó tres veces la casa en la que se refugiaba Trotsky, a quien describe como "esbelto, sólido, con un aire de energía y orgullo que se reflejaba en su mirada penetrante y fuerte". Entre lo que se conoce de este encuentro se destaca la anécdota de que el dirigente de la revolución rusa cuando lo vio entrar con unas alpargatas gastadas le regaló un par de zapatos suyos.

En los relatos de este encuentro, Fossa cuenta no solo lo que conversaron sino cada detalle que llama su atención: "Trotsky hablaba bastante bien castellano y decía en francés algunas palabras que no conocía. Al lado de su escritorio tenía una mesa donde, yo creo, que había un mimeógrafo y a la derecha, un estante sobre el cual estaban los manuscritos de los trabajos que estaba realizando, que daban una idea de la tarea que lo esperaba".

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Trotsky no solo dio su apreciación sobre las organizaciones y el movimiento obrero latinoamericano y argentino sino que se mostró muy interesado en saber la opinión del propio dirigente obrero, "Trotsky me hizo muchas preguntas sobre los problemas de América del Sur, a las que respondí dándole algunos elementos que me pedía. Él quería, particularmente, conocer la situación del movimiento obrero argentino"e hizo hincapié en la necesidad de asumir la tarea revolucionaria "y no dejarnos llevar por el pesimismo y la pasividad del entorno".

Corría los fines de la década del `30, un mundo convulsionado por la crisis económica y el fasismo en auge y una III Internacional que perdía todo carácter revolucionario. Trotsky luego de dar una batalla como Oposición de Izquierda, planteará que Stalin había "firmado el certificado de defunción" de la IC con el último giro hacia los Frentes Populares y fundará la IV Internacional el 3 de septiembre de 1938 rescatando las tradiciones revolucionarias del bolchevismo y aprobando como programa político, el Programa de Transición. “Estamos, -me dijo- en una encrucijada histórica de una importancia tal que, si la clase obrera no conduce victoriosamente la revolución entraremos en un período de regresión, miseria y esclavitud. No puede haber vacilación. Todos los que se sientan orgullosos revolucionarios deben continuar luchando sin ceder por la victoria del socialismo”.

En la segunda entrevista Fossa ya confiesa su decisión de adherir a la IV internacional, "debido a mi convencimiento sobre la degeneración burocrática y contrarrevolucionaria del stalinismo".

Al despedirse, Trotsky le encargó "transmitir sus cordiales saludos a los trabajadores de Argentina y su llamado a que prosiguieran sin vacilar la lucha por su emancipación, en la cual están obligados a hacer desaparecer a todos los burócratas y traidores.”

"León Trotsky cayó bajo el golpe dado impunemente por un sicario de Stalin. Lo vengaremos poniendo en práctica sus ideas y sus consignas" (Tercera entrevista)

A pesar de todos los obstáculos Trotsky con la colaboración de decena de dirigentes latinoamericanos entre los que se encontraba Fossa, publican la revista Clave entre 1938 y 1941, un intento de voz de la IV Internacional en Latinoamérica que subsiste durante algunos años luego del asesinato.

Mateo se incorpora al Grupo Obrero Revolucionario dirigido por Liborio Justo. El GOR se mostró muy activo, editando su prensa en gran tiraje -5.000 y hasta 10.000 ejemplares en ocasión del asesinato de Trotsky. Por divergencias se irá del grupo y comenzará a probar por distintos grupos trotskistas. En 1973 ingresa al Partido Socialista de los Trabajadores de Nahuel Moreno del cual, a los 77 años, será candidato a Senador por la Capital Federal.






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