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PAROS Y MOVILIZACIONES EN FRANCIA

Masiva jornada de lucha en Francia: ¿comienza un movimiento social contra Macron?

Cientos de miles de trabajadores públicos, estudiantes, algunas empresas privadas y masivamente los ferroviarios pararon y se movilizaron el jueves contra las reformas antipopulares del gobierno, posiblemente marcando el comienzo de un movimiento social contra Macron.

Viernes 23 de marzo | Edición del día

Todo lleva a pensar que comenzó algo, con los ferroviarios como vanguardia. Lo que nadie esperaba fue la alta tasa de paro en la SNCF (empresa nacional de trenes) a pesar de que todas las organizaciones sindicales salvo SUD Rail habían llamado solo a la movilización.

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Es que aparte del ataque histórico al estatuto, la campaña del gobierno queriendo presentar a los trabajadores como privilegiados y responsables del mal funcionamiento de los trenes (el “ferrovario bashing”), tocó una fibra íntima y desató una cólera difícil de parar por las direcciones sindicales. Una especie de lucha por la dignidad contra el desprecio y la humillación instrumentada por el gobierno. Más aun cuando el estado es enteramente responsable, como patrón de la SNCF, de la situación y su decisión de privilegiar el “Todo TGV” (el sector más rentable de los ferrocarriles), en contra de un plan racional de inversiones para el conjunto de la red ferroviaria, es decir de los trenes que más usa la mayoría de la población trabajadora.

Por eso, en la marcha parisina de hoy de la que participaron ferroviarios venidos especialmente de toda Francia se sentía que la lucha no era solo por la defensa del estatuto sino que iba más allá: la defensa de los servicios públicos estaba en juego. Es decir un cierto valor de civilización incompatible con en el “todo privatizable”, “todo rentable”, “todo vendible” de la filosofía macronista.

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Es este sentimiento profundo lo que motoriza un proceso de masas en los ferroviarios, incluso en sectores de gestión y encuadramiento que son utilizados a menudo por la patronal durante periodos de paros para reemplazar a los huelguistas. Por eso, esta situación augura un fuerte comienzo y la posibilidad misma de desbordes de las direcciones sindicales del sector que han llamado a tres meses de paros dos días sobre cinco desde el próximo 3 de abril, con la sola oposición de SUD que plantea una huelga dura y reconductible (donde las y los trabajadores deciden periódicamente en asambleas si la huelga continúa).

Más en general, y a diferencia de los primeros meses de su presidencia donde Macron logró pasar sus (contra) reformas sin gran oposición -en buena medida gracias a su política de diálogo social y meloneo a las direcciones sindicales y sus batallas no dadas- comienza a verse un cierto desgaste del macronismo. Un elemento pequeño pero significativo es que el gobierno viene de corregir en algunos detalles su reforma impositiva que afecta una gran mayoría de jubilados, un sector que había apoyado su política y hoy en las encuestas comienza a ponérsele en contra y que la semana pasada organizó una marcha nacional. O la manifestación, que tuvo enorme apoyo popular, de los centros de cuidado de ancianos, cuyos empleados se quejan a gritos de la falta de medios y del deterioro de sus condiciones de trabajo y por ende de la de sus pacientes.

Por su parte, aunque aún cuesta masificarla nacionalmente, la lucha contra la selección encubierta en la Universidad, especialmente en universidades como Montpellier, Bordeaux, y sobre todo el Mirail en Toulouse, tomada desde hace semanas por los estudiantes, junto a una minoría de docentes y mayoritariamente el personal no docente, indica que algo podría estar cambiando. Y esto sin hablar de la nueva huelga de todo el personal de la aerolínea de bandera Air France que tendrá lugar este viernes por aumento de salarios y decenas de conflictos menores que recorren Francia.

Visto como invencible por todo el mundo hasta hace poco tiempo, ¿estará llegando el macronismo a un límite? No por casualidad después de la reaparición de la calle, algunos editorialistas lúcidos se lo empiezan a preguntar a su manera. Así Cecile Cornudet en el patronal Les Echos dice: “Para romper con la supuesta inmovilidad de François Hollande, Emmanuel Macron se convirtió en un bulldozer seguro de su legitimidad.

Salvo que en el momento del primer balance, el bulldozer corre el riesgo de instalarse como un ‘presidente desconectado’ y las reformas amenazan con no ser percibidas por la falta de un "cuerpo" político, asociativo e intelectual para difundirlas”.

En resumen: la debilidad de la base social y política del macronismo como el último intento tardío del neoliberalismo a la francesa podrían empezar a concretizarse. Júpiter, como gustaba autodefinirse a sí mismo Macron para resaltar su bonapartismo, aparece cada día más como terrenal y vencible.

Esto a condición de tener una estrategia para vencer. La presentación de un programa, una organización democrática y una perspectiva que vaya hasta el final y supere el cuadro sindical-corporativista de las direcciones actuales del movimiento obrero, deviene crucial para no solo lograr una buena defensa sino pasar a la contraofensiva y vencer. Es decir para que este movimiento social, que coincidencia de la historia, comenzó el mismo día que cincuenta años atrás en Nanterre surgía la movilización estudiantil que fue la punta de lanza del Mayo, se transforme en un “1968 victorioso”.

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