Política Uruguay

A pocos días de las elecciones

Más similitudes que diferencias

Se acerca el día de votación de unas elecciones reñidas en las que el Frente Amplio es favorito, aunque sin la diferencia suficiente como para garantizar el triunfo en el balotaje de noviembre. Lo que está claro es que gane quien gane habrá ajuste, porque así todos lo vienen anunciando en la campaña.

Jueves 24 de octubre | 08:58

Aunque los principales partidos intentan diferenciarse y marcar un perfil propio lo que ha mostrado esta campaña es que son muchas más las similitudes y coincidencias que lo que separa a los principales candidatos.

¿El Frente Amplio es un freno a la derecha?

Tras 15 años de gobiernos frenteamplistas en su base social ya no hay expectativas de que pueden lograrse cambios profundos con gobiernos del Frente Amplio.

Si desde su fundación la clase trabajadora y los sectores populares pensaron que con la llegada del FA al gobierno habría cambios estructurales, esta ilusión prácticamente se ha desvanecido y en todo caso solo se lo visualiza como una herramienta política que puede conservar los pequeños avances logrados.

Aunque es un proyecto político que ya no entusiasma, aún existe la creencia de que votando al Frente Amplio se evitarán los ajustes antipopulares y se pondrá freno a la derecha.

Sin embargo el camino que nos muestra Martínez, y los principales dirigentes frenteamplistas, va en el mismo sentido que lo que promete esta misma derecha, aunque quizás con otros tiempos y otras formas que los que le gustaría a los sectores patronales.

Tres periodos en el gobierno han demostrado que el Frente es confiable para el gran capital y los empresarios, cuestión que es reconocida por los propios organismos financieros internacionales o sus medios de prensa, que no paran de alabar la gestión de Astori y compañía.

Continuar por este camino es lo que propone Daniel Martínez; un modelo basado en subsidios y exoneraciones impositivas para los empresarios, grandes oportunidades de negocios para las transnacionales, privatizaciones y tercerizaciones, empleos precarios y bajos salarios (actualmente hay más de 600 mil trabajadores cobrando salarios menores a 25 mil pesos).

Por si esto fuera poco el Frente Amplio es uno de los principales promotores de subir la edad jubilatoria, lo que implica al decir de Mujica, que los uruguayos van a tener que “trabajar 5 años más”. La crisis del sistema provisional la pagarán los trabajadores, mientras los militares siguen con sus privilegios y las empresas que administran las jubilaciones privadas lucran con el trabajo ajeno.

Frente al desempleo creciente y los cierres de fábricas que vienen en aumento, Martínez propone profundizar la matriz extractivista, primarizadora y contaminante. El ejemplo de UPM2 es paradigmático; atraer inversiones a cualquier costo, y si es necesario restringir derechos laborales, hacer infraestructura a medida y a costa del Estado (como el Ferrocarril Central) o darle injerencia en la educación a las multinacionales.

En el terreno de los derechos humanos no está de más recordar que junto a los partidos tradicionales el Frente Amplio, del pacto del Club Naval en adelante, fue también un garante de la impunidad para los genocidas de la dictadura militar.

Los responsables de asesinatos, torturas y vejaciones para miles de presos políticos así como de las desapariciones de compatriotas permanecen libres en su amplísima mayoría; y es el propio Frente Amplio (por supuesto con el total apoyo de blancos y colorados) el que ha intentado dar vuelta la página y avanzar en el camino de la reconciliación.

Martínez, a lo sumo hace algún comentario a favor de conocer la verdad sobre el destino de los desparecidos, pero eso parece ser más bien un intento de cerrar el tema definitivamente que una política de avanzar en el camino de la justicia y las condenas para todos los responsables del terrorismo de Estado.

La derecha, representante histórica de la burguesía y las patronales

Por supuesto que de los candidatos de la derecha no se puede esperar absolutamente nada; gobernaron 150 años al servicio de los terratenientes y la burguesía, y en acuerdo absoluto con el imperialismo; siendo cómplices más o menos activos del golpe de estado y el periodo dictatorial.

El escándalo de Moreira en Colonia, deja ver una forma de gobernar que viene desde siempre y es propia de los partidos tradicionales; acomodos, amiguismo, tráfico de influencias y negocios para los amigos.

Lacalle, Talvi o Manini son directos representantes de los sectores de poder y un gobierno de cualquiera de ellos (o en coalición) sería un instrumento directo para el ajuste y reformas antiobreras.

Se preparan para el ajuste

Si todo el sistema político coincide en que el próximo periodo de gobierno será un tiempo de ajuste y de ataques a las conquistas a los trabajadores es lógico que todos se preparen también para fortalecer el aparato represivo.

Con la excusa de la delincuencia, consecuencia directa del propio modelo de exclusión social vigente, todos se proponen aumentar el poder represivo del Estado.

Larrañaga y su propuesta “Vivir sin miedo” o el discurso de mano dura de Manini van en este sentido; así como los anuncios de Lacalle Pou o Talvi.

Pero tampoco el Frente Amplio se queda muy atrás: en estos años es mucho el dinero que se ha destinado a modernizar el aparato represivo y también se han implementado medidas de control social.

El anuncio de Gustavo Leal como hipotético ministro del interior confirma este camino: criminalización de la pobreza con la excusa de la persecución del micro narcotráfico (consecuencia de la falta de trabajo y la descomposición social), continuar con los megaoperativos, más PADO y cámaras de vigilancia, el hostigamiento y la estigmatización a los jóvenes pobres y a las personas en situación de calle, etc. Mientras, los ladrones de guante blanco (los que realmente se llevan el dinero) tienen las leyes y abogados a su favor, o en todo caso, cárceles de lujo si alguna vez no pueden eludir a la justicia.


La izquierda que no se resigna

El único horizonte posible para la izquierda es no resignarse a ser un simple administrador prolijo y ordenado del capitalismo; por el contrario se trata de luchar por terminar con este sistema injusto que no tiene nada para ofrecer a los trabajadores y sectores populares.

La crisis la tienen que pagar los capitalistas, y no los jóvenes precarizados, los jubilados que no llegan a fin de mes, los excluidos que no tienen trabajo ni vivienda digna, los trabajadores que pierden su empleo cuando cierran las fábricas.

Por eso desde la Corriente de Trabajadores por el Socialismo (CTS) llamamos a apoyar en estas elecciones la Lista 1917, porque es importante llevar al Parlamento una voz de la izquierda que no se resigna, aquella que peleará por defender cada una de las conquistas y a la vez ir por más.

Porque la lucha en el Parlamento debe contribuir a desarrollar la lucha en las calles contra el avance de la derecha y las ilusiones en la falsa izquierda.







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