Política Estado Español

GOLPE INSTITUCIONAL DEL 155

Más de 155 razones para defender el derecho a la autodeterminación

¿Qué es y cómo aplicaría el 155 Rajoy? Un artículo de la Constitución nacida del Régimen del 78. Sus efecto más allá de Catalunya. El PSOE y la pasividad inadmisible de Podemos y los sindicatos. Es imprescindible una “hoja de ruta” de la clase trabajadora de todo el Estado.

Cynthia Lub

Barcelona | @LubCynthia

Lunes 23 de octubre | 21:30

Edició català

El gobierno de Rajoy anunció estrenar el artículo 155 contra el pueblo catalán, si es que ya no se fue aplicando de forma encubierta, por primera vez en la historia española. Un verdadero golpe institucional.

Aprobado hace casi cuarenta años, la primera vez que se anunció sobre otra comunidad autónoma fue en febrero de 1989, en Canarias, Cuando el entonces presidente autonómico Lorenzo Olarte, del Centro Democrático y Social (CDS), se negó a aceptar la supresión de aranceles – una reducción de derechos de aduana del 15% sobre las mercancías europeas- producto de la adhesión a la Comunidad Económica Europea.

Fue bajo el gobierno de Felipe González, quien envió un requerimiento que servía como paso previo a la activación del 155 al Ejecutivo canario, para que cumpliera sus obligaciones fiscales, dándole un plazo de un mes. Finalmente, llegaron a una negociación antes del vencimiento del plazo. Y la intervención de las competencias autonómicas quedó suspendida.

El artículo 155 de la Constitución refiere al poder del Gobierno del Estado para controlar a las Comunidades Autónomas, a través de mecanismos de carácter excepcional o extremo y alcance coercitivo, que imponga a la Comunidad autónoma el "cumplimiento forzoso" de la ley. Así lo explica el Artículo 155:

1. Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.
2. Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas.

Mariano Rajoy lo ha “actualizado” contra el pueblo catalán, anunciando la suspensión de todo el Govern catalán, Puigdemont, Junqueras y todos los consellers.

Dijo que los ministerios del gobierno del PP, que en las últimas elecciones autonómicas solo recibió el 8,5% de los votos en Catalunya, ejercerán el gobierno en todas las áreas, incluida la educación o TV3. Dijo que el Parlament quedará intervenido, pudiendo solo debatir aquello que el gobierno central autorice. Y dijo que será disuelto cuando Rajoy considere para convocar nuevas elecciones. Unas elecciones que serán totalmente controladas ya que el nuevo Parlament catalán que se eligiera no podrá proponer candidato a la presidencia, y lo hará un organismo designado por el gobierno central. Dijo Rajoy, con el apoyo de la corona, Cs y el PSOE.

Un artículo que está en el ADN de la Constitución nacida del Régimen del 78

En definitiva, la aplicación del 155 implica atacar la autonomía de Catalunya y los derechos democráticos elementales. Pero sobre todo implica liquidar al gran movimiento democrático por el derecho a la autodeterminación, expresado en la voluntad de una gran mayoría del pueblo catalán el 1-O.

¿Es un “exceso” de parte de Rajoy? Más allá del debate de grados con los que se debería aplicar el 155 – desde el PSOE y hasta algunos demócratas “de izquierda” como LLamazares dicen que no debe ser tan drástico- la realidad es que la Constitución del 78 niega la autodeterminación, cuando en el Artículo 2 dicta:

“La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”.

De este modo quedaba anulado el derecho de autodeterminación y a cambio se establecieron diferentes niveles de autonomía a las regiones y nacionalidades del Estado español, bajo una “Monarquía Parlamentaria” pactada por los de entonces principales partidos nacionalistas de la burguesía como el PNV (Partido Nacionalista Vasco) CiU (Convergencia y Unión) el PSOE y hasta el legalizado PCE.

La naturaleza de la Ley y del Estado capitalista español, así como su régimen político, demuestran que no será de forma pacífica o con maniobras parlamentarias por arriba que se podrá pasar a una “república catalana”. Ni tan siquiera la deseada “revolución o radicalización de la democracia”.

La forma en que ha anunciado Rajoy la aplicación del 155 es de por sí un golpe institucional que difícilmente pueda hacerse efectivo sin el uso de las fuerzas policiales, cuyo contingente va en aumento día a día y la estadía de guardias civiles y policía nacional promete alargarse más tiempo en Catalunya.

La estrategia de Junts pel Sí, la ANC y OMNIUM no es efectiva no sólo para cumplir con el mandato del 1-O, sino tampoco para defenderlo del 155. La disposición a la movilización queda demostrada en la respuesta masiva de las manifestaciones, la huelga del 3-O, o las huelgas estudiantiles, el surgimiento de los CDR (Comités de Defensa del Referéndum o la República). Pero la dirección de las fuerzas independentistas actúan de freno y control constantemente.

Mientras, el pueblo catalán viene soportando la ocupación de la Policía Nacional y la Guardia Civil, manifestaciones del PP, Cs y PSOE junto con la extrema derecha, el chantaje de “guerras comerciales” de las principales empresas de la burguesía catalana, la ilegalización de huelgas o las graves detenciones a “los Jordis” como aleccionadoras de lo que les puede pasar si se ejerce el derecho a decidir por medio de la movilización.

El PSOE y la pasividad de Podemos. Los efectos del 155 más allá de Catalunya

El temible 155 anunciado por Rajoy cuenta con el apoyo también del PSOE. Esta formación viene siendo duramente criticada e incluso dentro de sus filas se han anunciado dimisiones y críticas de alcaldes socialistas. Tal vez la recuperación del PSOE con Pedro Sánchez esté sufriendo una recaída difícil de recomponer otra vez.

Por su parte Podemos rechaza el 155, pero sin reconocer la legitimidad del resultado del 1-O y por lo tanto el derecho de los catalanes a conformar su propia república independiente. En medio de la brutal represión del Gobierno central, hablan de “derrotar al independentismo en las urnas”, echando al PP.

Primero fue llamando a un “pacto histórico” con el PSOE para seguir el modelo de Castilla-La Mancha. Pero los socialistas dejaron sola a la formación morada aliándose con el Estado, la corona, Rajoy y Cs.

La pasividad de la dirección de Podemos, así como de Izquierda Unida, es inadmisible. Sus portavoces repiten a gritos que el 155 es un “hecho gravísimo y un ataque a la democracia”, pero no hacen ni un solo llamado a la movilización. Esta formación que dice haber nacido del 15M ocupando las plazas, hoy está actuando de bloqueo de la movilización que podría surgir en solidaridad en todo el Estado con el pueblo catalán, uniendo las demandas que permitan acabar con la Monarquía y el régimen. El pasado domingo salieron cientos a las calles de Madrid, pero los líderes de Unidos Podemos estuvieron ausentes.

Mientras la crisis abierta entre el pueblo catalán y el reaccionario Régimen del 78 se agudiza de manera acelerada día a día, el posicionamiento político de cada partido se expone de manera descarnada: el PP muestra ser la derecha más rancia alentando incluso a la extrema derecha en las calles y aplicando “en nombre de la ley” ataques brutales a los derechos democráticos más elementales. El PSOE se muestra más social liberal que nunca del lado del Estado central y la Corona contra el pueblo catalán. Y Podemos se ubica como la pata izquierda restauradora del Régimen llamando a “derrotar al independentismo” eso sí, en las urnas y no por la fuerza.

El gran problema está en que la inédita suspensión de la autonomía de Catalunya es un hecho que pasará a la historia y que trascenderá a las fronteras catalanas. Porque una derrota del movimiento democrático catalán tendrá una gran repercusión de gran calado en todo el Estado. El 155 será la amenaza incluso para cualquier “oposición” al Régimen.

José Julián Gregorio, delegado del Gobierno en Castilla-La Mancha por el PP, el pasado miércoles amenazó al presidente socialista de esa comunidad, diciendo “García-Page está pidiendo a gritos el artículo 155 para que sea el Estado el que enmiende la labor del Gobierno que forman el PSOE y Podemos”. El pasado domingo, Alfonso Alonso, presidente del Partido Popular en el País Vasco, dijo que “En Euskadi hay un nacionalismo en el poder (PNV), fuerzas radicales que aún están en la justificación de posiciones violentas (Bildu), populistas de Podemos que son la tercera fuerza, y la plataforma Gure Esku Dago, embrión de una Asamblea Nacional Vasca”. Y advirtió (o amenazó?) que, “Si estos ingredientes se unen nos llevarían a la misma situación, y por lo tanto al mismo desafío y al mismo peligro que se está sufriendo en Catalunya”

La derecha se envalentona y la “izquierda” se reubica en los rincones que encuentra en el Régimen. Los sindicatos continúan con su criminal “pax social” aún más criminal frente al golpe institucional del PP. No sabemos cómo terminará este “octubre caliente”, si es que termina en octubre, o en 2017.

Pero quienes más acabarán pagando las consecuencias de este ataque brutal será en primer lugar el pueblo catalán frente al 155, así como la clase trabajadora, la juventud y las mujeres de todo el Estado, por otras y no tan distintas razones.

Por eso es imprescindible que se imponga otra “hoja de ruta”. Una República de los trabajadores, los oprimidos y el pueblo pobre que tome las riendas de sus propios destinos no solo en un sentido de emancipación nacional, sino también de clase. Así como que en el resto del Estado se desarrolle la solidaridad con este pueblo hermano desde la convicción de que un pueblo que oprime a otro no puede ser libre. Y así, soldar la unidad de la clase trabajadora de todo el Estado en una lucha común que permita acabar con la Monarquía y el régimen. Es decir, la perspectiva de extender el derecho a decidir a todas las naciones históricas del Estado español, soldando la fraternidad entre sus pueblos en el camino de la construcción de la libre federación de los Estados socialistas ibéricos.

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