Cultura

TEORÍA

Marxismo y Dialéctica

Un repaso por algunos debates sobre el marxismo y sus fundamentos filosóficos. En la imagen: Hegel, Marx y Feuerbach.

Juan Dal Maso

juandalmaso@gmail.com

Domingo 3 de julio de 2016 | 23:44

Si reparamos en la situación actual del marxismo, la dialéctica es uno de sus componentes más desprestigiados. Durante los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, jugaron un rol central las oposiciones entre marxistas hegelianos y estructuralistas hasta el ascenso de lucha de clases de los años 70 y su posterior derrota. Luego vino una suerte de giro "antidialéctico" que acompañó la reacción intelectual de las décadas de retroceso y restauración burguesa.

Cierta izquierda (que como decía un personaje de la novela El Péndulo de Foucault, terminó citando a Nietzsche y a Cèline) buscó un pensamiento sin mediaciones (partido, soviets, Estado de transición) para conciliar el radicalismo intelectual con las condiciones de la derrota. Desde la otra vereda, para los derechistas, el repudio a Hegel y su dialéctica fue una forma elegante de pegarle a Marx sin quedar como anticomunistas reaccionarios y dar por superada la controversia con el marxismo.

Y sin embargo, hablar del marxismo es hablar también de la dialéctica. Palabra complicada que muchas veces suele explicarse con un gesto de los dedos índice y pulgar, con la oposición de un sí y un no o con la fórmula que introdujeran los discípulos de Hegel (no muy a tono con el pensamiento del maestro): Tesis, Antítesis, Síntesis. Se habla también de una "lógica de las contradicciones" o de un pensamiento de lo concreto.

Hay muchos ángulos desde los que se puede considerar la relación del marxismo con la dialéctica. Repasemos algunos.

El primer aspecto que explica la dialéctica es que hay una diferencia entre esencia (verdad de las relaciones de explotación) y apariencia (forma en que se manifiestan estas relaciones) que moldea a todo el sistema capitalista, lo cual se expresa en el carácter aparentemente "libre" de las relaciones de explotación económicas. En este sentido, el marxista checo Karel Kosik iniciaba hace muchas décadas su gran obra Dialéctica de lo concreto afirmando que la dialéctica trata de la "cosa misma" pero hay que llegar a ella a través de un rodeo, destruyendo el mundo de la "pseudoconcreción" es decir toda una serie de prácticas que esconden la esencia de las relaciones sociales capitalistas, presentando como transparentes sus apariencias inmediatas, sacralizadas por el sentido común.

Desde este punto de vista, la dialéctica en el marxismo no se limita a un método de exposición progresivo de los contenidos en el cual los conceptos se van complejizando y reordenando a medida que se llega a una composición creciente de una totalidad. Para poder hacer esto es necesario un punto de partida dialéctico para la investigación (diferencia entre esencia y apariencia, de la que se deriva la necesidad de la ciencia) y a su vez una concepción sobre las relaciones entre la teoría científica y la práctica revolucionaria, en la cual la centralidad de este concepto filosófico-político moldea lo demás.

Respecto del lugar de la dialéctica dentro del propio cuerpo teórico del marxismo, las discusiones que niegan su importancia son relativamente limitadas, porque tiene mucho peso y los detractores del enfoque dialéctico se han visto obligados a retroceder hasta Spinoza o Kant o Galileo, que "en su justa medida y armoniosamente" pueden ser rescatados desde el propio marxismo.

No obstante, hay mucho más debate en cuanto a las posibilidades de plantear la dialéctica materialista como base para una concepción (laica) del mundo. El marxista italiano Antonio Labriola, seguido en esto por otro Antonio, es decir Gramsci, planteaba a fines del Siglo XIX que "la filosofía de la praxis" era una concepción independiente de corrientes como las del positivismo y el darwinismo social, al mismo tiempo que veía el marxismo como una teoría que "naturalizaba" la historia así como en otros ámbitos las ciencias habían ido estableciendo explicaciones materialistas y racionales de procesos que antes se consideraban originados por causas externas (divinas). De esta forma, el marxismo (dialéctica incluida) quedaba ubicado como parte de un proceso de secularización, modernización y progreso de las ciencias.

Durante el Siglo XX, con el desarrollo de corrientes tan disímiles como las fenomenológicas y estructuralistas, se multiplicaron las posiciones a favor y en contra de la dialéctica.

En este marco, se dieron movimientos diversos dentro del propio marxismo: vuelta a Marx, vuelta a Hegel, vuelta a Kant, entre otros y se desarrollaron dentro y fuera del marxismo distintas posiciones sobre la cuestión de la dialéctica que el marxista crítico Mihailo Markovic resumía del siguiente modo en su obra Dialéctica de la Praxis (1968).

"Existen tres concepciones de la dialéctica que en mi opinión deben desecharse:

a- La dialéctica como doctrina ontológica acrítica de las leyes universales de la naturaleza, de la sociedad y del pensamiento humano.

b- El otro extremo: total escepticismo respecto de las posibilidades de existencia de todo principio metodológico general o de supuestos teóricos sobre el mundo humano como totalidad.

c- Una especificación de la dialéctica tan estrecha que la reduce a una teoría y métodos especiales relativos únicamente a la historia humana, y que le niega posibilidad de aplicación a la naturaleza y a las ciencias naturales."

La "a" corresponde al estalinismo y sus "manuales" de filosofía. La "b" abarca un amplio espectro de posiciones, científicos de profesión (Markovic pensaba en ellos principalmente), corrientes irracionalistas, post y también academicistas que, permeadas por el "giro lingüístico" se cierran sobre los discursos y pierden su relación con la realidad como fundamento de hacer algún tipo de ciencia. La "c" a posiciones como la de Lukács y Sartre (en cierta forma Gramsci se ubica en un espectro parecido, pero su posición se parece más a la de Markovic que a la de Lukács).

Posiblemente en la actualidad prima el punto de vista englobado en "b". De hecho en ciertas universidades se enseña en la carrera de filosofía que el de la ciencia es un discurso similar al de la religión y tiene muchísimo peso el enfoque "lingüístico" de lo que es la verdad científica, entendido este como un discurso sin relación con la realidad.

Contra este punto de vista predominante, un marxismo dialéctico se basa en la crítica del fetichismo y la "pseudoconcreción" de la sociedad burguesa, en la centralidad de la praxis como subversión de la vieja concepción de lo que es la filosofía (entendida ésta como una actividad meramente contemplativa), en un método de exposición y progresión de conceptos y contenidos que busca reconstruir una totalidad por encima de los enfoque particularísimos y unilaterlamente parciales. Todos ellos, fundamentos de una concepción laica del mundo.

Para construir este enfoque, Marx se valió de la crítica de la filosofía de Hegel y la de Feuerbach, así como de otras corrientes filosóficas relacionadas, en un doble movimiento. Se apoyaba en la tradición del idealismo alemán en tanto defendía el rol activo del sujeto, como en la tradición materialista, en tanto reclama objetos reales y no ideales.

Pero ese será un tema para próximos artículos.







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