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“Marx nace”, un homenaje al que Marx no estaría invitado

El próximo 7 abril en el teatro Cervantes se realizará un evento a propósito de los 200 años del nacimiento de Karl Marx. Insólitamente (o no tanto), los organizadores no han convocado entre los panelistas a ningún intelectual de los partidos de izquierda.

Viernes 6 de abril | Edición del día

Bajo el nombre “Marx nace”, el Teatro Cervantes dependiente del Ministerio de Cultura y el Goethe-Institut realizan un evento a 200 años de su natalicio, que según los organizadores “invoca la letra de Karl Marx para tomar la voz escénica de artistas y pensadores contemporáneos de la Argentina”. A pesar de contar entre los panelistas con la presencia de algunos intelectuales de izquierda, varios de los cuales se referencian en el Frente de Izquierda (de lo contrario sería más escandaloso aún), llama la atención una gran ausencia: la de los intelectuales con militancia orgánica en la izquierda partidaria, quienes quedaron meticulosamente excluidos.

Cuenta la leyenda que el propio Marx quiso entrar al Cervantes, pero los organizadores optaron por dejarlo afuera al descubrir su militancia en la Liga de los Comunistas y la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT). Según explica su organizador, Fernando de Leonardis, al diario Infobae: “La idea es evitar interpretaciones en torno suyo”. Léase: cuánto más podamos dejar de lado el debate mejor. Obviamente, un polemista de fuste como Marx sería una presencia incómoda.

Excluido en su propio homenaje, Marx ve que la convocatoria extrañamente no habla de él sino de la oposición entre “Marx” y “los marxistas”. Le da curiosidad. En busca de mejores explicaciones, el autor de El Capital compra la revista Ñ que tiene su cara en la portada, y encuentra una nota de Horacio Tarcus. Lo primero que percibe es que nada dice sobre el comunismo por el cual él luchaba, este solo aparece como algo negativo, asimilado –agregaríamos nosotros- al bastardeo que hicieron de aquella palabra todo tipo de burocracias, empezando por el stalinismo. Luego lee en el artículo de Tarcus: “Este esfuerzo por separar a Marx del marxismo, con todos los problemas que entraña, nos brinda de todos modos una pista para descifrar este nuevo interés por Marx. Los nuevos lectores y los jóvenes estudiosos ya no son los militantes de partido ni sus compañeros de ruta”.

Enterado de que sus lectores ya no son militantes, el viejo Marx camina cabizbajo mientras piensa en su propia militancia. Aquellos días cuando escribía el Manifiesto Comunista con Engels para presentar a la Liga de los Comunistas y el estallido de la revolución en Francia y en Alemania en 1848. La vuelta a su país natal para participar de la revolución, la publicación de la Nueva Gaceta Renana, los intentos en 1849 de organizar al movimiento obrero nacionalmente, y luego la persecución y expulsión de Alemania. La memoria lo lleva a la fundación, años después, de la Primera Internacional, y a sus esfuerzos, hacia el final de su vida, para forjar el Partido Socialista Obrero de Alemania (luego Partido Socialdemócrata).

Por suerte, el rechazo en su propio homenaje solo es una leyenda y Marx no tuvo que pasar ese mal trago. Sin embargo, de haber sucedido pronto podría haber constatado que no estaba tan solo. Se hubiera enterado que la izquierda marxista partidaria (y para colmo trotskista) tiene una fuerte presencia política e ideológica en la Argentina. Que muchos de sus intelectuales, con inserción universitaria o no, pueblan los debates en una amplia variedad de temas. Que en las universidades muchos de ellos están en diferentes cátedras, que la izquierda partidaria tiene un importante peso militante entre los estudiantes. Que hay revistas como Ideas de Izquierda, que casualmente hacen desde hace años militantes partidarios en conjunto con otros intelectuales que no lo son. Que la izquierda partidaria impulsa editoriales, que llevan publicando hace 20 años, como Ediciones IPS-CEIP, que casualmente va a publicar parte de las obras de Marx en este aniversario. Que existen iniciativas como la miniserie “Marx ha vuelto”, protagonizada por Carlos Weber, que también fue hecha por militantes.

También podría leer en los diarios sobre la izquierda marxista como la oposición realmente existente en los sindicatos a la burocracia sindical y como protagonista en las principales luchas de la clase trabajadora del último tiempo; incluso encontraría que uno de los principales diarios digitales de la Argentina lo hace la izquierda partidaria (La Izquierda Diario). Se enteraría que, solo en lo que respecta al Frente de Izquierda, obtuvo 1 millón 200 mil votos en las pasadas elecciones, con 18% en Jujuy, 12% en Mendoza, etc., que tiene una bancada de tres diputados en el Congreso Nacional, y casi 40 legisladores a nivel provincial y municipal.

Pero claro, al pobre Marx no se le ocurrió mejor idea que ir al evento que conmemora los 200 años de su nacimiento en el Cervantes. Igualmente, no lo subestimemos, tan estúpido no era. Seguramente, como era su costumbre, dudaría de las “verdades” de Tarcus, sobre todo por el tono tan antimilitante y el intento de poner su obra en un olimpo separado de la revolución. Le llamaría muchísimo la atención la ausencia en el evento de intelectuales con militancia orgánica en los partidos de izquierda y probablemente se preguntaría si es que los organizadores le tienen miedo al desarrollo de debates que podrían incomodar. Como mínimo, le parecería un curioso homenaje el que excluye a buena parte de los que hoy luchan por sus ideas.

Si bien Marx, con razón, se agarraba los bolsillos frente a más de uno que se decía “marxista”, la parte que se saltean los organizadores del homenaje en el Cervantes y Tarcus es que toda su vida estuvo dedicada a la fundación de una corriente revolucionaria para terminar con el capitalismo y conquistar una sociedad comunista sin explotación ni opresión.

Como decía un “marxista”: “Con la doctrina de Marx ocurre hoy lo que ha ocurrido en la historia repetidas veces con las doctrinas de los pensadores revolucionarios y de los jefes de las clases oprimidas en su lucha por la liberación. En vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso, con la campaña más desenfrenada de mentiras y calumnias. Después de su muerte, se intenta convertirlos en iconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria ‘consolar’ y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria”. Con estas palabras de Lenin, seguramente Marx se hubiera sentido identificado.








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