Géneros y Sexualidades

HISTORIA

Marcha del Orgullo: una historia de lucha y orgullo

Llega la XXV edición de la Marcha del Orgullo LGTTTBI este sábado 26 de Noviembre. Hagamos un recorrido por la lucha por arrancar nuestros derechos, desde aquellas primeras marchas que tuvieron como agenda la denuncia a los políticos homofóbicos, la Iglesia y la violencia del Estado y sus instituciones.

Jueves 24 de noviembre | Edición del día

El 2 de Julio de 1992 se celebró la I Marcha del Orgullo que en ese entonces sólo llevaba el nombre de “Gay-Lésbico”. Asistieron alrededor de unas 300 personas. La mayoría de los que participaron tenían sus caras cubiertas por máscaras de cartón, para atenuar el nivel de exposición. Para todos aquellos homosexuales, lesbianas y disidentes sexuales que participaron en estas primeras marchas vivían de manera descarnada la opresión sexual impartida por sus patronales y la homolesbotransfobia que era garantizada por los edictos policiales y códigos contravencionales. Estas legislaciones represivas se encontraban (y aún sigue así) intactas desde la dictadura, el escrache contra políticos homofóbicos y los comisarios o las campañas contra el Arzobispo Quarracino y la Iglesia Católica fueron parte de la agenda del movimiento LGTTBI durante estos años.

En las raíces de la marcha, y del movimiento LGTBI, se haya la gloriosa Revuelta de Stonewall, aquél 28 de Junio de 1969. En este bar repleto de personas la policía pretendió hacer una detención masiva amparándose en las leyes: llevar más de dos prendas del sexo opuesto y los actos homosexuales eran ilegales. Las travestis, las más oprimidas y marginadas fueron el puntapié negándose a ser detenidas.

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En Argentina, durante los años sesenta y setentas tuvieron también lugar estas ideas y la fuerza del movimiento LGTBI. Fue así el caso del Frente de Liberación Homosexual (FLH) con grandes figuras como lo fueron Nestor Perlongher y Manuel Puig, entre otros. Nació en un contexto como la Campaña de Moralidad lanzada por el gobierno de Perón a través de la Policía Federal. Con ella se daba vía libre a la policía para reprimir y oprimir cualquier manifestación sexual que no sea una conducta “como Dios manda”. No sólo denunciaban a las fuerzas represivas del Estado sino también a sus instituciones, como la psiquiátrica que patologizaba a las sexualidades que no se ajustaban a la heteronorma. El FLH, de esta manera, cuestionó fuertemente al capitalismo y a las imposiciones de los roles por género.

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Libertad, Igualdad, Diversidad

Esta fue la primer consigna de la Marcha del Orgullo Gay-Lesbico en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Fue una propuesta de Carlos Jauregui, fundador de la Comunidad Homosexual Argentina, que nace frente a las razias policiales en los boliches porteños de la Comunidad LGTBI de los años ochenta, como fueron Contramano y Amerika, entre otros.

La frase hace alusión a la Revolución Francesa criticando fuertemente al régimen político que no legislaba para los derechos del pueblo oprimido. Es verdad que no conseguiremos nuestra libertad sexual dentro de un sistema político que garantiza y legitima la homolesbotransfobia con los aún vigentes Códigos Contravencionales, los dichos del Presidente Mauricio Macri que justifica el decirle piropos a las mujeres en las calles o con las alianzas que vienen desde el kirchnerismo o la “izquierda papal” con la Iglesia Católica que son fieles retractores de la ley de Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Pero aún así, aunque la igualdad formal ante la ley no es la igualdad ante la vida, nuestra lucha por arrancar nuestros derechos no puede cajonearse.

Esta primera marcha se congregó en las puertas de la Catedral: no para rezar ni exigir el perdón de nadie, sino con una clara exigencia de separación de la Iglesia del Estado. Carlos Jauregui, y los activistas de aquella época, tenían en claro que la moral de la Iglesia y sus relaciones con las fuerzas represivas del Estado no traerían a buen puerto las demandas de la comunidad homosexual, lésbica, bisexual, transexual, e intersex. Organizadas al margen del Estado las primeras manifestaciones del orgullo en Argentina dirigían sus denuncias hacia los gobiernos, sus instituciones y la Iglesia.

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De esta manera transcurría la primera marcha del Orgullo Gay-Lésbico. Pronto, al año siguiente, se unieron las travestis, transgéneros y trans. Acosadas por la policía también exigían documentos con su identidad autopercibida. “Vigilemos la policía”, “La discriminación nos condena. La policía nos mata. Seguimos de pie” y “Celebramos la Vida con Orgullo” fueron los lemas que encabezaron algunas de las siguientes convocatorias que fueron creciendo en número.

El orgullo en contracorriente, nace la contramarcha

El 2001 coincidió con la décima edición de la Marcha del Orgullo en Argentina. A las causas que desataron las jornadas del 19 y 20 se unían los agravios que pesaban todavía sobre la comunidad LGTB. Lohana Berkins recuerda los años de De La Rúa bajo el trazo de la transfobia del gobierno radical. Durante sus años en la Jefatura del Gobierno de Buenos Aires De La Rúa quiso inaugurar una cárcel contravencional donde por primera vez se iba a reconocer a las travestis porque iba a haber un pabellón exclusivo para ellas. El proyecto era impulsado por la ahora ministra de Seguridad, Patricia Bullrich.

La eclosión del 2001 también dejó sus huellas en las convocatorias a las marchas del orgullo. Un sector, referenciados fundamentalmente por la CHA, se lanzó a una estrategia más clara de canalizar la energía del movimiento LGTBI a la conquista de leyes, fundamentalmente la extensión en todo el país de la Ley de Unión Civil promulgada en Buenos Aires. Apareció con mayor magnitud el financiamiento de empresas de preservativos, bares y discos con sus carrozas gigantes y sus publicidades privilegiaron el mero festejo por sobre la acción política.

Con los aires aun frescos del 2001 en la XIII edición de la marcha aparecieron un conjunto de organizaciones LGTTTBI, de organizaciones de mujeres y de izquierda que formaron la “Contramarcha”. El primero de estos bloques se organizó en la marcha del 2003. En esta edición, y a instancias de la conducción de la marcha oficial, se escrachó a la Catedral de Buenos Aires y se denunció que con Ibarra en la Ciudad de Buenos Aires y con Néstor Kirchner en la presidencia la discriminación no cesaba, como tampoco la represión y la criminalización contra la protesta.

En el 2004 la “Contramarcha” terminó junto a la carpa que montaron los obreros de la fábrica recuperada Zanón en Plaza Congreso. “A ustedes y nosotros nos une la lucha por la libertad”, fueron las palabras de Raul Godoy dirigente del Sindicato Ceramista. También en esta ocasión se exigió la libertad para las presas y presos de la comunidad LGTBI que habían sido arrestados por repudiar la reforma del código contravencional propuesta por el gobierno de Ibarra.

Un acto pequeño pero significativo que recuperó parte de aquella tradición del movimiento de liberación sexual que en la unión con el resto de los explotados y oprimidos por el capitalismo encontraba una alianza fundamental para sus libertades.

El maquillaje no tapa nuestras demandas

Durante los años de los gobiernos kirchneristas las marchas del orgullo fueron ganando masividad. Aglutinadas en torno a la exigencia de la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario y la Ley de Identidad de Género comenzaron a reunir a un arco más amplio de gays, lesbianas, trans, travestis y también de heterosexuales. Sin embargo también fueron perdiendo su autonomía política. A medida que el lobby parlamentario se consolidaba como la estrategia predilecta del movimiento LGTBI argentino, la hegemonía recaía en el kirchnerismo personificada en organizaciones como la CHA o la Federación Argentina de Gays, Lesbianas y Travestis (FALGBT).

Pero la realidad empezaba a chocar con las expectativas que habían traído estas importantes conquistas históricas. El gobierno de Cristina imponía esos propios límites, con la alianza con el Vaticano liderado por el ahora Papa argentino, con la reforma del Código Civil. Grosso favor a la institución eclesiástica, que puso más trabas a los proyectos de legalización del aborto e impidiendo durante años la implementación del artículo 11 de la Ley de Identidad de Género.

Quedaba claro que por un lado la aprobación de leyes resultaba un avance para vastos sectores excluidos de derechos elementales, pero las mismas no garantizaban la igualdad ante la vida. Las convocatorias de las marchas comenzaron a mostrar que esta contradicción era acuciante. Miles de personas LGTBI siguen siendo objetivos de la persecución policial. Los llamados crímenes de odio se siguen cobrando la vida de gays, lesbianas y travestis, el acceso al trabajo sigue estando vedado para la comunidad trans.

¡Tomemos las calles! ¡Furia disidente!

Esta será la primera marcha que se realiza bajo el gobierno de Mauricio Macri. Mientras Bergoglio desde el Vaticano despliega gestos de buena voluntad hacia Cambiemos, el kirchnerismo y un sector de la izquierda argentina estrechan lazos con la Santa Sede, que se ha mostrado ayer y hoy como pilar de la homolesbobitransfobia.

“La vida es hermosa. Que las futuras generaciones la libren de todo mal, opresión y violencia y la disfruten plenamente.”, nos decía León Trotsky en su testamento. Es esta la responsabilidad de una juventud que no se ajusta a los cinturones de la hetoronorma, de todos aquellos explotados que sufren la violencia estatal y policial sobre sus espaldas, de todos aquellos que luchan por nuestra verdadera libertad sexual sin importar orientaciones ni identidades.

Este sistema podrido solo tiene para darnos el motor de lucha por nuestra liberación sexual, construyendo una sociedad socialista e igualitaria. Por eso marcharemos este 26 de Noviembre en una columna independiente de la Marcha Oficial, con el Frente de Izquierda y de los Trabajadores. Los intereses de los capitalistas no tienen nada que ver con nuestro cuerpo, placer, y deseo.




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