Cultura

HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN RUSA

Manual para desentrañar la revolución más grandiosa de todos los tiempos

El CEIP León Trotsky acaba de reeditar uno de los mejores libros de historia jamás escritos: Historia de la Revolución Rusa. Aquí una humilde recomendación a partir de la relectura de sus primeras páginas.

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Domingo 8 de octubre | Edición del día

“Fíjate, por ejemplo con que fría serenidad se remonta un Goethe por encima de las cosas. Y sin embargo no creas que no hubo de pasar por amargas experiencias: piensa tan solo en la gran Revolución Francesa que, vista de cerca, seguramente tendría todo el aspecto de una mascarada sangrienta y completamente estéril”.

La que escribe es Rosa Luxemburgo. Quien re-escribe, citando a la gran revolucionaria polaca, es León Trotsky. Es la página final de ese libro majestuoso que se titula Mi Vida.

Rosa acierta. Para gran parte de sus contemporáneos la revolución no puede aparecer más que como un caos. Para los millones que entran en la lucha aquello que aparece antes sus ojos es la violencia política abierta, los enfrentamientos, las tensiones sociales y la muerte.

Pero esa “anarquía” es descifrable. La revolución puede atraparse como un proceso científicamente explicado. Detrás del desorden y los choques están las tendencias sociales profundas. Sobre ellas operan los “rápidos, tensos y violentos cambios que sufre la psicología de las clases formadas antes de la revolución”.

Historia de la Revolución Rusa aparece como el manual para desentrañar ese gigantesco proceso que sacudió a la Rusia de los zares hace un centenar de años. Es el mapa para descifrar los caminos de la conciencia de las masas. Y también aquellos, menos sinuosos, que toman las fuerzas políticas.

“El lector no está obligado, naturalmente, a compartir las opiniones políticas del autor, que este, por su parte, no tiene tampoco porque ocultar. Pero si tiene derecho a exigir de un trabajo histórico que no sea la apología de una posición política determinada, sino una exposición, internamente razonada, del proceso real y verdadero de la revolución”.

Así presentará Trotsky su obra. Se trata del prólogo. Del mejor prólogo para el mejor libro de historia.

Conciencia y revolución (o como no caer en el escepticismo)

“La historia de las revoluciones es para nosotros, por encima de todo, la historia de la irrupción violenta de las masas en el gobierno de sus propios destinos”.

Las masas pueden hacer Historia. Con mayúscula. “Con su intervención, crean un punto de partida para el nuevo régimen. Dejemos a los moralistas juzgar si eso está bien o está mal”, escribe Trotsky.

Esa historia colectiva, que se despliega en lugares de trabajo, en los barrios y en las calles no puede ser preparada. La revolución no llega nunca cuando revolucionarios y revolucionarias la piden. La ansiedad siempre es mala consejera cuando se trata de esperar esa enorme movilización social que choca de frente con el orden existente.

“La dinámica de los acontecimientos revolucionarios se halla directamente determinada por los rápidos, tensos y violentos cambios que sufre la psicología de las clases formadas antes de la revolución”, escribe el fundador del Ejército Rojo.

Hay que detenerse en esa conciencia previa. Entender la mecánica de sus cambios. Trotsky lo hace. “Esos cambios rápidos que experimentan las ideas y el estado de ánimo de las masas en épocas revolucionarias no son producto de la elasticidad y movilidad de la psiquis humana, sino al revés, de su profundo conservadurismo”.

El revolucionario ruso explica. La conciencia de las masas no es revolucionaria per se. Por el contrario, es profundamente conservadora hasta que las condiciones objetivas “se desploman catastróficamente, por así decirlo, sobre los hombres”.

Trotsky se adelanta al pseudo-argumento que acusa a la izquierda trotskista de “ver una revolución” cada día.

Pero al mismo tiempo refuta a los escépticos. Rebate a quienes dicen que la revolución “es imposible”. Contesta a quienes atacan la conciencia conservadora de las masas para presentar como utópica la perspectiva revolucionaria.

El caos de la revolución puede ser explicado y descifrado. Las contradicciones de la conciencias de los millones que intervienen en ella, también.

Un poco de oxígeno

Prinkipo, 1929. León Trotsky escribe: “También los buzos se ven obligados a subir de vez en cuando a la superficie para respirar aire fresco”.

No es un tratado de física. Tampoco un conjunto de instrucciones para quienes intenten bucear en las frías aguas del Mar de Mármara. El revolucionario ruso habla de lecturas y de los clásicos del marxismo.

Escribe obligado por la lucha política e ideológica dentro de la III Internacional. Se resigna a leer a Stalin y Zinoviev. Ambos libros, dirá, le producen sensación de asfixia. Uno como si tragara algodón en rama, el otro como si fueran cerdas cortadas en pequeños trozos.

Si hacemos propia su metáfora, la reciente reedición de Historia de la Revolución Rusa viene a ser como una burbuja de oxígeno en el marco de la realidad política y cultural actual. Cuando parte de la moda político-ideológica imperante en la Argentina pretende presentar -paradójicamente- el fin de la ideología, el libro reeditado por el CEIP León Trotsky viene a empujarnos hacia la superficie.

Respiremos.

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El libro se puede adquirir por medio de nuestra página web, en el local de Ediciones IPS (Riobamba 144, Ciudad de Buenos Aires), en locales del PTS en todo el país y en las principales librerías.






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