Política Estado Español

ESCÁNDALO JUDICIAL

Manos Limpias, de franquistas reciclados a extorsionadores seriales

Una mirada al enésimo escándalo judicial del Estado Español permite comprobar cómo se mueven las aguas en las cloacas de los altos representantes, empresarios y banqueros del podrido Régimen del 78.

Martes 26 de abril de 2016 | 18:49

Un repaso de la historia de Manos Limpias y Ausbanc

El Colectivo de Funcionarios Públicos Manos Limpias es un autodenominado sindicato fundado en 1995 que no ha llevado a cabo labor sindical alguna desde entonces. Se ha limitado a una frenética actividad judicial querellándose contra todo tipo de personajes, instituciones y organizaciones en innumerables, variopintas y no pocas veces surrealistas causas.

Ha sido parte de la acusación en procesos como el de los ERE de Andalucía, la tragedia del Madrid Arena o el escándalo de las Tarjetas Black. Sin embargo, la rancia impronta ultraderechista y antiobrera de este pseudosindicato se ha podido ver en querellas contra piquetes de trabajadores, contra Nunca Mais, su recurso contra la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo o la grotesca denuncia a "los Lunnis" por mostrar una familia homoparental en uno de sus episodios.

Por su parte, Ausbanc se mostraba públicamente como una asociación en defensa de los usuarios de la banca contra las malas prácticas y abusos de esta. Un organismo que, en la práctica, vivía de la publicidad de esas mismas organizaciones bancarias contra las que se querellaba.

Sendas organizaciones estaban dirigidas por dos viejos elementos de la extrema derecha. Miguel Bernad es conocido por formar parte en la organización del Frente Nacional de Blas Piñar tras la disolución de Fuerza Nueva, mientras que Luis Pineda dirigía la banda terrorista ultraderechista Frente de la Juventud.

Estos dos fascistas de toda la vida unieron sus fuerzas para tejer una red criminal enfocada a la extorsión, pidiendo importantes sumas de dinero a cambio de no presentarse como acusación particular en causas judiciales que involucraban a personajes públicos de todo calado o a entidades bancarias y de crédito por no realizar informes negativos en sus publicaciones.

Detenciones más que “oportunas”

Pocas dudas caben acerca de las intenciones y métodos de estos dos sujetos de la ultraderecha, pero la naturaleza de los delitos y lo “oportuno” de su descubrimiento -que podría resultar en la salida de la infanta Cristina de los juzgados- solo puede llevar a nuevas preguntas en lo que podría ser el gran escándalo judicial de este mes.

La primera pregunta y más obvia que cabe plantearse sería por qué se descubre ahora todo esto y a quién benefician las detenciones. No existe duda de que la infanta Cristina es la principal favorecida. La hermana del rey se ha visto inmersa en uno de tantos escándalos de corrupción y actualmente se encuentra sentada en el banquillo de los acusados por su implicación y la de su marido en el Caso Noos.

La posible disolución de Manos Limpias planteada por Miguel Bernad supondría la salida inmediata de la infanta, al ser esta organización la única que realiza la acusación contra ella que no efectuó la Fiscalía del Estado, que ha venido ejerciendo el papel de abogado de la familia real en todo el proceso.

Parece claro que la ambición de Bernad y Pineda les ha llevado a molestar demasiado alto. Pero una mirada más crítica sobre todo el asunto plantea nuevos interrogantes.

¿Cómo es posible que las todopoderosas entidades bancarias y financieras pudieran dejarse extorsionar por estos dos personajes? ¿De qué clase de secretos serán conocedores Bernad y Pineda que valgan comprar su silencio por centenares de miles de euros? ¿Cómo se explica la relación orgánica entre los grandes magnates de la banca y estos militantes ultraderechistas, uno de los cuales dirigía la "organización más peligrosa en el escenario político español, después de ETA" en palabras de Juan José Rosón, ministro del interior entre 1980 y 1982?

Estas preguntas desnudan la cruda realidad del Régimen Monárquico del 78. Un Régimen heredero de la dictadura franquista en el que sus elementos más reaccionarios campan a sus anchas obteniendo pingües beneficios, en el que la corrupción forma parte de su ADN y la posibilidad de encausar a sus responsables depende del mercadeo de influencias y los medios materiales para tapar las bocas necesarias, medios que salen del pueblo trabajador que es reprimido sin piedad cuando se atreve a protestar contra la injusticia.







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