Cultura

PELÍCULAS

Made in Dagenham: “Son derechos, no privilegios”

Por estos días se puede ver en el cable la más que recomendable película británica que relata la huelga de las obreras de la fábrica Ford en 1968.

Cecilia Ruiz

Delegada escolar UEPC | Agrupación Docentes D-Base

Domingo 17 de julio de 2016 | 22:35

Buscamos el reflejo, ver en otro lo que nos pasa, la representación de nuestros conflictos, esa mimesis con el Héroe, (como llamaban en la antigua Grecia) cuando nos pasa lo mismo que al personaje principal. Nos duelen los mismos dolores, las mismas injusticias, nos llenan las mismas sonrisas… Así se detuvo el zapping una noche en la imagen de un grupo de mujeres entrando en bicicleta a una fábrica, sonrientes, hablando en entre ellas, y mirándose con dulzura, así descubrí una película de mujeres luchadoras, una más, de esas que no pasan habitualmente en los canales de aire, que te recomiendan amigas, compañeras, alumnas…

Pago Justo es la traducción del inglés, y vaya que sí lo era, cuando las primeras escenas muestran a 171 mujeres de la fabrica Ford trabajando en condiciones precarias, muertas de calor y decididas a ir a la huelga para exigir categorización de su trabajo, que no solo estaba mal pago, si no que era cualitativamente inferior al de los hombres. Las mujeres de Dagenham pararon sus máquinas y salieron a la calle para gritar algo tan básico como “We want sex equality”. La empresa respondió a la huelga, como es habitual en estos casos, amenazando con despidos masivos e incluso con cerrar la planta. Ford (*) no quería que cundiera por el mundo el ejemplo de las trabajadoras británicas y alegaba que no se podía permitir igualar su sueldo.

Y a pesar de que la película, basada en una historia real en Inglaterra, está contextualizada en 1968 cuando en Francia obreros y estudiantes tomaban el cielo por asalto en el Mayo Francés, las similitudes aparecen todo el tiempo, y se vuelve a colar “la identificación” con Rita, que es mujer, y tiene que enfrentar al maestro de su hijo, un retrógrado y violento que le pega a sus alumnos con una tabla, un machista que la trata de manera pedante y Rita se atraganta con tanta rabia que no puede hablar.

Y sí, cuanto nos cuesta muchas veces animarnos a hablar, pero cuanto tenemos por decir cuando la bronca estalla, cuando de adentro nuestro, con voz entrecortada, le decimos a nuestras compañeras ¡Basta! cantamos la justa a los patrones, como hace Rita desobedeciendo al burócrata del sindicato que le había pedido que se quedara callada mientras él hablaba en nombre de “las chicas”.

Se llama catharsis cuando la identificación que se produce con el héroe, en este caso la/las heroínas, nos lleva a la risa o el llanto, sentimos sus tristezas o sus alegrías como propias, y vaya que hay semejanzas en las historias de trabajadoras que enfrentan conflictos con sus familias, con sus amigas, o con sus proyectos, cuando salen a luchar. Y vaya que hay cariño, afecto y fuerza para salir adelante.

-“Y si las rechazan ¿cómo se las van a arreglar?”

  •  ¡¿Cómo nos la vamos a arreglar?! ¡Somos mujeres! No hagan preguntas estúpidas

    Así responde Rita a un periodista cuando están por entrevistarse con una funcionaria que las apoya y será parte de la aprobación en 1970 de la Igualdad de Salarios, que se dio en Gran Bretaña y el resto del mundo, como fruto de la pelea en las calles del movimiento de mujeres, porque ¡Los derechos no se mendigan, se conquistan! O como responde Rita a su marido en una escena de la película “son derechos, no privilegios”.

    (*) Esta multinacional, al contrario de lo que reza el final de la película, en la actualidad continúa teniendo ganancias multimillonarias, mientras explota a las y los trabajadores.







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