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Macri y un furcio revelador

Los errores de Macri que revelan sus convicciones profundas. La ley del menor esfuerzo.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Miércoles 13 de abril de 2016 | Edición del día

Fotografía:DyN

En una conferencia de prensa, luego de una reunión ampliada de gabinete en la localidad de Quilmes, el presidente Mauricio Macri afirmó “Estoy tratando de hacer lo mínimo posible para acompañar este proceso y que todos lleguemos a buen puerto”, en referencia a las medidas implementadas desde el inicio de su gestión.

Rodeado de María Eugenia Vidal y el chef intendente Martiniano Molina, el presidente Macri cometió un furcio que deja en claro el poco apego al trabajo del primer mandatario y de su escasa lucidez intelectual al hablar públicamente. Quien lo acompañaba, el intendente Molina, cometió un furcio similar al confundir el centro clandestino de detención conocido como “El Pozo” de Quilmes con un bache (nada extraño para una derecha que plantea la destrucción de la educación pública y niega el genocidio).

También se podría interpretar que el hacer el mínimo esfuerzo se refiere a que no se va a tomar el trabajo de defender los intereses populares, lo que se contrasta con la rápida resolución con que beneficio a la burguesía agraria y el gran capital y la rápida resolución con que despidió a los trabajadores estatales.

Mauricio Macri, que a consejo de sus asesores de imagen intenta utilizar sus furcios y su ignorancia como un guiño para la “gente común”, revela como un fiel representante de una clase social tan parasitaria que ha abdicado de su formación intelectual y de una casta política descompuesta de lavadores de dinero cuya única idea para gobernar es llevar adelante alguna variante de ajuste sobre los trabajadores y el pueblo pobre, como lo demuestra la política del gobierno nacional, así como la del gobiernos provinciales de Tierra del Fuego y Chubut donde manda el kirchnerismo.

Muchos analistas que conocen el backstage de la Rosada suelen decir que Macri se aburre con más de dos horas de reunión. Es decir que, como todos los ricachones, confiesa sin quererlo, que el trabajo, incluso el más liviano, no es lo suyo.







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