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Macri pasó sin pena ni gloria a rehabilitar obras retrasadas en la Línea Roca

Una obra pública improvisada que terminó siendo un parto: tardó 9 meses en rehabilitarse el tramo Quilmes-Berazategui del FFCC Roca. El presidente evitó dar declaraciones. Se fue en helicóptero.

Augusto Dorado

@AugustoDorado

Martes 14 de junio de 2016 | Edición del día

Clima frío pero no sólo del tiempo: la llegada de Mauricio Macrí a Berazategui no suscitó ningún entusiasmo ni en usuarios de la línea ferroviaria que recorre todo el sur del Gran Buenos Aires, ni en vecinos de la zona, ni en trabajadores del riel. Junto a una comitiva compuesta por María Eugenia Vidal, el intendente de Quilmes Martiniano Molina y el de Berazategui Patricio Mussi (del Frente para la Victoria), el Ministro de Transporte Guillermo Dietrich y el subsecretario de Interior Ricardo Giaccobe, el Presidente de la Nación tenía pautado un acto que finalmente nunca se concretó.

El motivo de la visita: la reanudación –luego de 9 meses de interrupción- del servicio hasta la Estación Berazategui, ahora cubierto por formaciones eléctricas. La obra comenzó en septiembre del año pasado; en febrero se habilitó hasta Quilmes y ahora se agregan Ezpeleta y la estación de la localidad gobernada por Mussi. Aunque en los últimos meses se fueron sugiriendo distintas fechas, producto de la improvisación en las obras, el servicio se restableció recién ayer poco antes del mediodía.

Estaba el escenario montado y los medios de comunicación presentes. Macri optó por pasar de largo, posar para algunas fotos oficiales que ilustrarían un posterior comunicado de prensa y volar raudamente en helicóptero (que lo esperaba a tres cuadras del predio). Tal vez no tanto por una demostración de repudio de algunos vecinos alentados por el FpV que portaban carteles con leyendas del tipo “Berazategui no es Panamá”. Más bien por la ausencia de usuarios entusiastas que participaran del evento.

Cuando el tren pasó entre Ezpeleta (donde subió la comitiva) y Berazategui, Mauricio Macri saludó alzando su mano a un grupo de trabajadores ferroviarios apostados a un costado de la vía. La respuesta fue nula.

Si bien la extensión del servicio significa una buena noticia para el público usuario, que durante 9 meses debió sufrir traslados en micros de línea que en algunos momentos se demoraban más del doble de lo que tarda un tren, la obra es una muestra de la alarmante improvisación con que todo es realizado en el ámbito del transporte ferroviario: los andenes provisorios de todo el tramo Avellaneda-Berazategui son de madera sobre fierros encastrados (aparentemente firmes pero precarios) y ninguna tiene techo. Cualquier tormenta les recordará a usuarios y trabajadores que el Ministerio de Transporte no reparó nunca en su comodidad ni durante la gestión Randazzo ni la actual de Dietrich. Pero además en Berazategui quedó plasmada en un símbolo que de tan grosero termina siendo gracioso: como la vía finaliza en curva una parte del andén provisorio quedó alejada; cuando para la formación nadie puede bajar por ese lado por ser peligroso y la “solución” aportada por las esferas de dirección de la empresa es… clausurar el vagón que para en ese lado y colocar un muro en medio del andén. Un verdadero homenaje a Ignacio Copani y su “lo atamo´ con alambre”.

Por otra parte, la obra sigue inconclusa: la extensión hasta La Plata y el ramal hacia Bosques (partido de Florencio Varela) no tienen fecha cierta de finalización. Actividad no se percibe en esos tramos. ¿Cuándo caerá el famoso “día del arquero”?

Las obras de electrificación se aceleraron durante la gestión de Randazzo bajo el gobierno de Cristina Kirchner en el marco de todo un plan para mejorarle la cara a las nefastas políticas ferroviarias que había tenido el kirchnerismo hasta el 22 de febrero de 2012, cuando el tren “chapa 16” chocó contra paragolpes vencidos provocando 51 muertes y centenares de heridos en el hecho conocido como la Masacre de Once. Hasta ese momento las empresas a cargo de la concesión de las líneas tenían total impunidad.

El Estado debió intervenir para maquillar la situación y Florencio Randazzo aprovechó –sobreactuando en cada obra- para lanzarse como candidato presidencial. Lo llamó “revolución ferroviaria”. Se estima que, si en algún momento se concreta, el recorrido final entre Constitución y La Plata se cubriría en 55 minutos: lo mismo que tardaba en 1992. Con este burocracia en la dirección del sistema ferroviario (que en muchos casos proviene de las empresas TBA, EMEPA y Metrovías que llevaban las concesiones y que atravesó distintos gobiernos) apenas se puede retroceder sobre las ruinas que su propia gestión produjo.







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