Política

DICTADURA Y CONTINUIDAD

Macri festejó con el Ejército apostando a la reconciliación y el punto final

En el cumpleaños 206 de la institución pidió que se deje de cuestionar el rol de las Fuerzas Armadas. César Milani, jefe del Ejército de Cristina denunciado por delitos de lesa humanidad, estuvo allí.

Gloria Pagés

Hermana de desaparecidos | CeProDH | @Gloria_Pages

Martes 31 de mayo de 2016 | Edición del día

Fotografía: DyN

El anuncio del aumento que iguala los salarios al del resto de los empleados estatales fue apenas un dulce en el marco del acto para conmemorar un nuevo aniversario del Ejército Argentino.

Lo sustancial fue la ubicación del gobierno respecto de esta fuerza, emblema de las más atroces matanzas desde la denominada Campaña del Desierto para aniquilar a los pueblos originarios, hasta el genocidio que se inauguró el 24 de marzo de 1976. Un trazo grueso que sirve para señalar que minimizar su rol al extremo de plantear su historia en términos de luces y sombras es un acto de cinismo extremo.

“El Ejército es una organización con una vida tan larga como la de la Patria, con una cultura fuerte, con una historia que nos muestra luces y sombras”, señaló el general Suñer, actual jefe del Ejército. “Nuestra razón de ser es velar por los intereses supremos de la república y garantizarle un ambiente de seguridad, libertad y autodeterminación”, continuó Suñer.

Evidentemente su idea de “libertad” poco tiene que ver con la de quienes defienden y luchan por plenos derechos para los trabajadores y el pueblo.

Luego de que hablara el militar, le tocó a Macri. El presidente se despachó con su retórica tan sensible a los intereses de los sectores poderosos. En este caso, su brazo armado del Ejército, a quienes les aseguró que comenzó “una nueva etapa en la vida del país”.

“Sé que las Fuerzas Armadas vienen de años en los cuales el Estado las ignoró, las abandonó y eso trajo problemas de presupuesto, de equipamiento y de infraestructura”, agregó Macri para congratularse con los militares.

Milani, la dictadura y la continuidad

La presencia del hombre fuerte en inteligencia militar, César Milani, en la primera fila del acto presidido por Macri, parecía más que un gesto protocolar.

Ante Milani el mandatario dijo que era necesario “dejar atrás enfrentamientos y divisiones” y agregó que “las Fuerzas Armadas vienen de años en los cuales el Estado las ignoró, las abandonó”.

No fue precisamente esto lo que sucedió cuando el kirchnerismo puso al mando del Ejército a Milani, con numerosas denuncias por crímenes cometidos durante la dictadura. Fue más un acto de “salvataje” y para mostrar que, ante todo, el Estado va a hacer lo imposible por preservar a las Fuerzas Armadas y lavarles la cara al servicio de esa tarea histórica.

Lo cierto, y como fue denuncia implacablemente en este diario, Milani era la punta del iceberg de una gran cantidad de militares que siguen en funciones luego de la dictadura.

“Milani y 50 generales más son parte de un Ejército argentino que cuenta con 3.381 miembros que provienen de la dictadura. Una situación que se repite en la Armada, donde 543 oficiales y 759 suboficiales comparten ese origen. Varios de ellos pasaron por la ESMA, pero tienen la fortuna de que ningún exdetenido desaparecido los haya reconocido, por lo que se amparan en el pacto de impunidad que se mantiene con firmeza y efectividad gracias a que este gobierno mantiene ocultos los archivos de la represión. La Fuerza Aérea incluso supera esos números, con más de 600 oficiales y 1.700 suboficiales que aún están en funciones desde la dictadura”, denunciaba Myriam Bregman tiempo antes de la renuncia del general Milani, demostrando crudamente la continuidad en los propios hombres de las Fuerzas Armadas entre la dictadura y la actualidad.

Que Macri pretenda “dejar atrás enfrentamientos y divisiones”, en un nada sutil llamado a la reconciliación, no sorprende. Es que desde que asumió, el gobierno de Cambiemos ha demostrado sin ningún velo, que su aspiración es la de reeditar la teoría de los dos demonios para poder imponer un nuevo punto final y cancelar la “etapa” de juicios a los represores de la dictadura, conseguidos tras años de lucha de los familiares, víctimas y organismos de derechos humanos, en pos de reconciliar al conjunto de la sociedad con las Fuerzas Armadas.

De este modo se proponen poner a las Fuerzas Armadas, con la excusa del narcotráfico, al servicio de los intereses de imperialismo yanqui, buscando también insertarlas en tareas internas que el gobierno anterior ya había iniciado a través de “apoyo logístico” ante catástrofes naturales y en la frontera a través del llamado Escudo Norte.

De la mano de esta política, las fuerzas de seguridad como Prefectura y Gendarmería ya se encuentran literalmente militarizando barrios enteros de la Ciudad de Buenos Aires y el interior del país, persiguiendo y atacando a los sectores más humildes.

La herencia en tareas de inteligencia

Las tareas de inteligencia interna son también parte del “arsenal” que el macrismo heredó del kirchnerismo. No por nada la presencia de Milani ayer frente a Macri. El Ejército cuenta con un cuerpo de 1,403 agentes de inteligencia, y claramente, como lo demostró el juicio contra el Almirante Godoy que fue condenado por espionaje interno en la Base Almirante Zar, esos agentes se dedican a perseguir e investigar a organizaciones sociales y luchadores. El famoso Proyecto X no fue un hecho aislado.

Macri dijo ayer que las Fuerzas Armadas pasaron años ignoradas y abandonadas por el Estado. Pero si fuera así no se entiende por qué Cristina Fernández multiplicó exponencialmente el presupuesto para las áreas de inteligencia de las Fuerzas Armadas. Como se escribió en este sitio en 2014, “la distribución de los $ 836,9 millones destinados al aparato de inteligencia militar será realizada en 2015 de la siguiente manera: $ 568,5 millones para el Ejército; $ 123 millones para la Armada, y $ 104 millones para la Fuerza Aérea. El Ministerio de Defensa se reservará para su servicio de inteligencia $ 40,7 millones”. Mucho abandono e ignorancia no parecía haber de parte del kirchnerismo.

Ayer Macri volvió a hablar de “terrorismo” como hipótesis de conflicto. “Trabajemos juntos contra las amenazas del terrorismo”, dijo. No es posible ni un centímetro de ingenuidad. Mientras descargan un ajuste sin precedente al pueblo trabajador, mientras amplios sectores empiezan a manifestarse en las calles contra el gobierno, volver a hablar de terrorismo tiene una connotación grave que no se puede dejar pasar. Del mismo modo es menester repudiar, junto a la mayoría de los organismos de derechos humanos, la presencia de Obama en el 40 aniversario del golpe y la presencia en la ESMA de oficinas de la ONU y de familiares de represores.







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