Política

PANORAMA POLITICO

Macri, Massa y la “esquizofrenia” política de Cambiemos

De la condena y los agravios a las reuniones secretas. Un llamado al diálogo que exuda debilidad. Gobernadores, la Iglesia y la CGT, verdaderos poderes detrás del oficialismo.

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Jueves 15 de diciembre de 2016 | Edición del día

“Llegaron a un camino secundario, de tierra, que estaba convertido en un lozadal. Se arremangaron los pantalones y empezaron a caminar por él. Tres horas más tarde la lluvia seguía cayendo. La marcha se hacía difícil (…) Se quedaron sin cigarrillos. Soriano había juntado las colillas en su bolsillo, pero las guardaba para más adelante. Ignoraban adonde llevaba el camino”. Triste, solitario y final. Osvaldo Soriano.

Sergio Massa pasó de ser el opositor “razonable” que garantizaba gobernabilidad a ser un “impostor” y “la persona menos confiable del sistema político argentino”. Menos de una semana después, volvía a ser el “líder de un bloque muy importante en la Cámara de Diputados”.

No se trata de un personaje oscuro y enroscado de Ernesto Sábato. El protagonista de esos vaivenes es nada más y nada menos que Marcos Peña, jefe de Gabinete del Gobierno de la ceocraia.

El oficialismo llegó a su primer cumpleaños blandiendo la amenaza de un segundo veto presidencial, haciendo recordar ese precedente que tantas críticas despertó, con la Ley Antidespidos. Sin embargo, en pocas horas, la amenaza se convirtió en un chantaje liso y llano. A ello contribuyó mensurar el costo político de volver a quedar expuestos como el “Gobierno de los ricos para los ricos”.

Cambiemos pudo proceder así porque usufructuó parte de la “herencia”. No tan solo la kirchnerista, sino una más lejana, venida desde el propio ciclo menemista: la extrema dependencia de los recursos nacionales por parte de muchas provincias.

El hecho de que en muchos distritos, más del 60 % de los ingresos provengan de recursos federales, permitió al kirchnerismo ejercer, por años, aquello que hemos definido como “bonapartismo fiscal”. Un disciplinamiento constante medio de “la caja” que, hasta ayer nomás, dio lugar a una unidad relativa del peronismo; y que este martes permitió al macrismo neutralizar la ofensiva política en su contra.

La amenaza del desfinanciamiento a las arcas provinciales ilustró las tensiones internas del mismo peronismo. El poder territorial volvió a ser funcional a las necesidades del oficialismo. Como una suerte de infantería ligera, los gobernadores atacaron las posiciones de sus propios legisladores. En una suerte de mini-guerra interna, los Schiaretti, Bertone y Urtubey -por solo nombrar algunos- se centraron en denostar el “mamarracho” votado por sus representantes parlamentarios. Una postal de los límites que todavía tiene la tan reclamada unidad del peronismo.

Confesiones de verano

La conferencia de prensa de este miércoles tuvo como protagonistas a Marcos Peña y Rogelio Frigerio. El ala “política” del Gobierno suplió la ausencia de funcionarios del área económica. La pregunta por Prat-Gay, no estuvo ausente en la reunión. Quedó a la vista quien es ahora el “padre de la derrota”.

En el híper-presidencialista régimen político argentino, la imagen del primer mandatario siempre tiene un salvavidas en los ministros. Así como el titular de Hacienda será el blanco de las críticas internas, ayer Marcos Peña fue quien tuvo que disculparse por el trato dispensado hacia Massa…por parte de Macri.

El llamado al diálogo lanzado por el Ejecutivo evidencia su debilidad. Se trata de un reconocimiento tardío de la derrota en Diputados, una confirmación de que la simple prepotencia de Macri no alcanza para revertir la relación de fuerzas establecida socialmente, que tiene una dimensión parcialmente distorsionada en la composición en las cámaras parlamentarias. En este caso también se evidenciaron “los límites de la voluntad”, como escribiera Marcos Novaro, junto a otros, en relación al kirchnerismo.

Ese grosero error político también encontró refracción en la interna de Cambiemos. En una entrevista publicada el martes en el sitio Letra P, Emilio Monzó señalaba que “uno tiene que tener la humildad de saber que a veces, producto del contexto, uno es escuchado y otras veces no (…) Hoy la preponderancia es la de Durán Barba”. Las afirmaciones del presidente de la Cámara Baja tenían, hasta cierto punto, el carácter de lo efímero. Menos de 24 horas después, junto a Nicolás Massot, era enviado a una reunión secreta para recomponer los lazos con Sergio Massa.

Negociando contrarreloj

La otra gran “corpo” que entró en la negociación a partir del llamado del Gobierno es la CGT. Los caciques sindicales fueron los primeros en ser convocados a esta nueva farsa de diálogo. El dato ilustra el peso político y social de una dirigencia que, en un año de ajuste y caída de las condiciones de vida de los millones a quienes dicen representar, garantizó una tregua de hierro.

Por el lado de las espadas legislativas del FpV y el peronismo, en una suerte de tibio condicionante, a propuesta de Miguel Ángel Pichetto, ayer el Senado votó dar una semana al Gobierno para presentar un nuevo proyecto. De lo contrario, tratarían el que fue votado en Diputados.

La significación central de toda maniobra reside en ganar tiempo y evitar el choque frontal. La orquestada por Pichetto puede terminar en la nada. En última instancia, las credenciales del rionegrino son las de haber sido un buen equilibrista entre provincias y Gobierno nacional. Si las primeras ven amenazados sus recursos, posiblemente prescindan de ese “gestor”.

“Gobierno de minoría” con bendición papal

Lo que volvió a traer a escena la conferencia de Peña y Frigerio es la debilidad política global de Cambiemos. La definición de “Gobierno de minoría” la hizo Andrés Malamud en la entrevista que le realizó para La Izquierda Diario Fernando Rosso. El concepto volvió a hacerse patente pocas horas después de ese diálogo, cuando el oficialismo sufrió la derrota en Diputados por Ganancias.

El reciente llamado de Massa a la “unidad nacional” y la reunión que el Gobierno impulsó con él, casi en las mismas horas, no hacen más que evidenciar el hecho de que, a pesar del camino electoral abierto, la gobernabilidad de Macri sigue siendo una cuestión de Estado para la clase dominante. Para confirmarlo basta un recorrido por el año parlamentario de Cambiemos, que deja en evidencia que lo esencial de la gobernabilidad fue aportado por la oposición política patronal.

Aportando en la misma sintonía, este miércoles se conoció el documento de la Conferencia Episcopal Argentina, que en uno de sus puntos, condena “los cálculos mezquinos, la especulación financiera y la subordinación del bien común a intereses electorales (…) Como pueblo necesitamos sentarnos a la mesa, disponernos para el diálogo responsable y permanente, y así fortalecer nuestra aún frágil convivencia ciudadana. Que nadie se sienta excluido de esta invitación, porque la hora de la patria reclama de todos gestos de grandeza”.

Un mensaje de garantía a la gobernabilidad que, como se ha señalado ya en demasía, puede traducirse como “cuiden a Mauricio”.








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