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OPINIÓN

Lula: un discurso para no luchar

El desmovilizador discurso de Lula da Silva en la Plaza de la República de San Pablo, tras la condena judicial que atenta contra el derecho del pueblo a decidir a quién votar.

Isabel Infanta

@isabel_infanta

Jueves 25 de enero | Edición del día

Fotografía: EFE/Marcelo Chello

“Estamos aquí ‘existiendo para resisitir’, ¿cierto?” rapeaba Preta Rara, conocida rapera y activista brasileña, frente a las cerca de 50.000 personas que esperaban ansiosas que les dirigiera la palabra el recién condenado Lula da Silva. “Falso” le contestaría el expresidente, en un discurso elíptico en su forma pero políticamente muy claro.

Tras ser presentado como un hombre soñador y valiente, “el mayor liderazgo de la historia de la clase trabajadora, guerrero del pueblo brasileño”, Lula se encargó de aclarar que la cosa no es para nada así.

Para posar de guerrero, Lula tendría que haber planteado hacerle la guerra a las "oligarquías" y sus reformas que, según dijo, están por detrás de las maniobras judiciales y mediáticas con el objetivo de revertir las conquistas de los trabajadores. Pero nada parecido a eso escucharon los manifestantes que fueron a darle su apoyo.

En otra longitud de onda, Lula afirmó que “No estoy preocupado por si voy a ser candidato o no, yo quiero que me pidan disculpas por la cantidad de mentiras que están contando sobre mí desde hace ya cuatro años. Ahora estoy condenado por un departamento que no tengo”.

Luego trajo a la memoria colectiva la figura de Mandela, con quien quiso mirarse en el espejo y establecer una trayectoria política paralela, al decir que “estuvo preso 17 años, volvió y fue presidente de Sudáfrica”.

Vale recordar que la elección de Nelson Mandela como el primer presidente negro en Sudáfrica fue la culminación de su lucha y al mismo tiempo lo que permitió que en Sudáfrica la caída del Apartheid, jaqueado por las movilizaciones obreras y populares, no se diera en forma revolucionaria.

Lula reforzó su integración al degradado régimen "democrático" brasileño afirmando que “No soy un hombre radical, soy incluso demasiado moderado. (…) Para mí este juicio es una oportunidad para recorrer Brasil y comenzar a discutir con el pueblo brasilero lo que ya tuvimos, lo que estamos perdiendo y lo que podemos volver a tener”.

Luego, encadenó su “plan de lucha”: “Esta provocación es de tal envergadura que me dio una comezón y ahora quiero ser candidato a presidente de la República. Ahora tengo ganas de serlo, y ellos pueden impugnar el derecho a que lo sea, no hay problema. Yo les quiero disputar no en su lapicera sino en la conciencia del pueblo brasileño a decir qué quiere”, y remató con un desafío a los tres jueces que lo condenaron a que presenten “un único crimen que haya cometido”.

En consonancia con las declaraciones de la dirigencia del PT, frente al revés judicial sufrido este miércoles, el PT seguirá apostando a la candidatura de Lula y la “guerra” seguirá restringida a las acciones legales en las instancias judiciales que le quedan, tanto en segunda instancia en el mismo tribunal que lo acaba de condenar como en las dos instancias superiores, y en la justicia electoral que finalmente decidirá su candidatura.

Hacia el final, y casi contestándole a su presentadora, Lula remató con una formulación admirable en su sinceridad: “Pobre de ellos que piensan que encarcelando a Lula se termina la lucha. Porque el problema de Brasil son los millones de mujeres y hombres más fuertes que Lula, más valientes que Lula y con más conciencia que Lula. La hora no es de resistir, y mucho menos de desistir. La hora es de continuar nuestra trayectoria para el futuro de este país”.

Una trayectoria que pasa por haber sido un pilar de la “democracia” pactada con los militares, las alianzas con fuerzas políticas retrógradas a las que ayudó a fortalecer, la adopción de sus métodos corruptos, la aplicación de ajustes antiobreros, el perdón a los golpistas que voltearon a Dilma Rousseff, la desmovilización y desmoralización de los trabajadores, entre otras perlas de su estrategia de colaboración con los empresarios que desembocan en el actual estado de cosas.

Lula hizo un discurso para no luchar. Queda en las manos de trabajadoras y trabajadores, esos fuertes, valientes y conscientes, darle batalla a los empresarios y su justicia que pretende decidir a quiénes pueden o no pueden votar, para seguir quitando derechos y ajustando las condiciones de vida del pueblo trabajador.







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