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MUNDIAL RUSIA 2018

Luka Modric, del caos de la guerra al fútbol en su máxima expresión

Los inicios, la historia antes de la historia. Lo que hay detrás de los rostros más resonantes de la Copa Mundial Rusia 2018. Hoy: Luka Modric.

Alfredo Blanco

@ablanco1985

Viernes 13 de julio | Edición del día

Uno de los denominadores comunes en el fútbol es el origen de sus figuras. La mayoría atravesó situaciones que poco tienen que ver con la fama, los millones y las luces que mueve el deporte más popular del mundo: desde infancias marcadas por la pobreza y situaciones familiares traumáticas, hasta historias escritas en medio de conflictos bélicos.

El nombre de Luka Modric es, tal vez, uno de los más resonantes por estos días, pues con su habilidad y modo de entender el juego llevó a Croacia por primera vez a la final de una Copa del Mundo. Sin embargo también comenzó a hacerse eco desde su historia: la de un niño refugiado que escapó junto a su familia de las guerras que pusieron fin a la ex Yugoslavia. En Zadar, su ciudad de origen, supo abstraerse por momentos del caos bélico, jugando a la pelota con sus amigos en los estacionamientos de los albergues que los vieron crecer. De esa manera supo crear un primer contacto con el deporte que más tarde y sin sospecharlo, lo ubicaría en la historia del fútbol como un referente indiscutido.

Escapando de la guerra y construyendo su historia entre refugios, sufrió la pérdida de familiares directos como consecuencia de ejecuciones de policías serbios. Modric creció así: anhelando el fin de una guerra que dejó más de veinte mil muertes a su paso. Si bien fue una situación traumática, él mismo aseguró en una oportunidad que el conflicto de los Balcanes lo hizo “más fuerte”, tanto a él como a los suyos.

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El sacrificio de una familia que lo dio todo para que el pequeño Luka pueda desarrollar su destreza elogiada por sus primeros maestros en el deporte, más el amor propio y personalidad que forjó el mismísimo crack en el medio del caos, fueron decisivos para construir una carrera que se inició con dieciséis años en el Dinamo de Zagreb. De allí en más su aventura futbolera lo llevó a consagrarse en Bosnia con el Š.K Zrinjski Mostar y luego retornando a su club de origen para ganar su primer título como profesional en la liga croata.

Los siete trofeos obtenidos con el Dinamo y su participación estelar en cada uno de ellos lo transportaron sin escalas a la selección croata de fútbol. La elite de este deporte también puso su mirada en Modric ya que en 2008 fue fichado por el Tottenham, donde tuvo un desempeño que fue avanzando de menor a mayor.

Tras cuatro temporadas en las que se convirtió en uno de los protagonistas de la Premier League, esta figura nacida en Zadar arribó a uno de los clubes más importantes del mundo: el Real Madrid. Con el Merengue conquistó cuatro Champions League, una Liga y tres Supercopas europeas, además de consagrarse consecutivamente como el mejor centrocampista europeo en los últimos años.

No es casualidad que la generación croata que lidera Luka Modric haya llegado a la final del Mundial de Rusia.

El 10 hace jugar a la selección a su imagen y semejanza. Está muy bien rodeado, sí, pero con fútbol caracterizado por la tenencia y el manejo de los tiempos y también con sacrificio, como ocurrió en algunos de los pasajes de esta Copa. No sabemos qué ocurrirá con él y sus compañeros luego del encuentro decisivo con Francia, pero sí existe la certeza de que ha llevado al deporte de su país a lo más alto, dejando atrás el trauma de la guerra y poniendo énfasis en cumplir su sueño, ese que no se detuvo ni con la más cruel de las realidades.







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