Política

IMPUNIDAD

Luis Patti el genocida que "controlaba bailes y cumpleaños"

El genocida Luis Abelardo Patti en la apertura del juicio por el secuestro y asesinato del periodista y militante Ricardo Giménez, ocurrido en 1976 en Loma Verde, negó su participación en los hechos. Solo controlaba bailes y cumpleaños, dijo, haciendo honor a la banalidad del mal.

Miércoles 2 de agosto | 08:43

El genocida habló por videoconferencia desde la cárcel de Ezeiza: “Yo nunca tuve nada que ver con la subversión y la comisaría primera de Escobar tampoco, eso lo manejaba el Ejército”.

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Patti señalo que su función era “controlar los bailes y cumpleaños” para detectar “ebrios y demás”. El exintendente de Escobar, que cimentó su carrera en democracia torturando presos y predicando el gatillo fácil, busca escudarse en la campechana figura de vigilante de la esquina.

El hombre que fuera dirigente del PJ y el PAUFE, fue condenado ya por el asesinato de los dirigentes montoneros, Osvaldo Cambiaso y Eduardo Pereyra Rossi, torturados en Rosario y luego entregados a Patti para que los acribillara, simulando un falso enfrentamiento en agosto de 1983. También fue condenado por los asesinatos y torturas del militante Gastón Gonzalvez y el secuestro y posterior asesinato del exdiputado nacional de la Juventud Peronista, Diego Muñiz Barreto.

El legajo de Patti muestra felicitaciones recurrentes de quien fuera el jefe de la Policía Bonaerense durante la dictadura militar, el General Ramón Camps. Patti se escuda en la figura bucólica del servidor publico para adjudicarse inocencia aunque los testimonios lo ubiquen como un buchón de los servicios de inteligencia que “siempre vestía de civil, no usaba uniforme, e iba por el pueblo como agente de inteligencia a bordo de su auto particular, un Peugeot 504”, como reza la denuncia presentada por la fiscalía.

"Fue como si en aquellos últimos minutos [Eichmann] resumiera la lección que su larga carrera de maldad nos ha enseñado, la lección de la terrible banalidad del mal, ante la que las palabras y el pensamiento se sienten impotentes". La caracterización del responsable de los campos de exterminio nazis, Adolf Eichmann, que hiciera la filosofa judeo-alemana Hanna Arendt le cabe a la perfección al genocida Luis Abelardo Patti. Al presentarse bajo la figura del pobre vigilante de esquina. Patti no solo delata su profunda cobardía, sino que apela a la figura del simple burócrata que cumplía la tarea asignada, aunque ella fuera la de ser un asesino y torturador de las fuerzas represivas de la dictadura. Función asignada en defensa de una clase social cómplice y mandante y premiada con más de dos décadas de impunidad por radicales y peronistas, que le permitió reciclarse como político de la democracia argentina.

Los defensores de los genocidas pretenden presentarnos a pobres ancianos injustamente detenidos en las cárceles por el revanchismo de los derrotados por la guerra librada contra lo que, ellos y Patti, llaman la "subversión"; es decir la enorme insurgencia obrera y popular que puso en jaque al capitalismo argentino a partir del Cordobazo en mayo de 1969. Ese fue el sentido del genocidio y las Fuerzas Armadas y de seguridad fueron los brazos ejecutores de un plan de exterminio, del cual sus miembros participaron y se beneficiaron cometiendo los crímenes más aberrantes al servicio de los capitalistas. La misma operación hacen Lilita Carrio y la derecha de Cambiemos, reclaman un trato humanitario para criminales que han negado toda humanidad a sus víctimas.








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