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Luis Alberto Spinetta y una biografía que va más allá de su ser como músico

El documental del gran músico argentino en la segunda temporada de “Bios. Vidas que marcaron la tuya” de National Geographic.

Gustavo Grazioli

@Discolo1714

Martes 8 de octubre | 00:02

Mucho ya se ha escrito y mostrado sobre Luis Alberto Spinetta. Libros, revistas y especiales se dedicaron en profundidad a la obra de Luis. Y también hicieron lo suyo varios especiales televisivos y documentales que anduvieron pululando por YouTube. Parte de ese material escrito y audiovisual (Pescado Rabioso: una utopía incurable de Lidia Milani, Quizás porque. Especial del Flaco, entre otros) se convirtió en consulta obligada para fanáticos. Allí se develan datos y detalles nunca antes revisados.

Ahora bien, todavía quedaba algo más por contarles a fans y público en general. Un tesoro que solo era posible de descubrir si la familia lo entregaba. Y se logró. La señal de cable National Geographic, en conjunto con la productora Underground, hurgó en los archivos de la familia Spinetta y lo que salió fue otra nueva emisión de Bios. Vidas que cambiaron la tuya. Y este título, nunca mejor puesto, lo resume todo: Luis le cambió la vida a todos.

Lo que se ve en este capítulo dedicado a Spinetta va más allá de “su ser como músico”. Por detrás de esa guitarra que le puso música a todas las décadas de la Argentina, lo que se ve es un ser humano revolucionario, contracultural (cuando la palabra todavía no estaba en boca de mucha gente). Y no necesariamente por armas tomar ni por predicar netamente una ideología, sino por su personalidad inquebrantable. Alejado de cualquier tipo de ego y detestando siempre adjetivos sobredimensionados: genio, maestro, etc. Un tipo que a los 35 años ya tenía una veintena de discos sobre su espalda, una reputación sin límites, pero que gustaba de cocinar para sus amigos y estar con su familia.

Mapa de tu amor

Los músicos que aparecen dando su testimonio sobre la obra de Luis lo reconocen y además de la lirica y música, destacan como aspecto sobresaliente su filosofía de vida. Y suena creíble, porque un Artista (así con mayúscula) trasciende los límites de su obra. Charly García, apenas escuchó el nombre de Spinetta de boca de Catarina – una de las hijas de Luis que se encargó de llevar adelante la conducción del documental - lo primero que dijo fue: “yo soy fanático de él” y recordó emocionado que se conocieron en el restaurant Pippo. “Me vio y me dijo: vos tenes talento”.

Fito Páez, por su lado, sentado en el piano, destraba su nudo de emoción y recuerda que cuando se conocieron, ambos iban por la calle y se señalaron como diciendo: vos, sos vos. Ese encuentro quedó en un abrazo profundo que no los separó más. De hecho el vínculo que se establece no queda en lo musical solamente, pasa a lazos familiares. El chico de Rosario se convierte en el padrino de los hijos de Luis. En el archivo audiovisual que cede la familia, se lo ve a Páez con los rulos largos, más flaco que siempre, jugando con unos muy niños Cata y Dante. “Me acuerdo que nos contaba historias antes de dormir”, dice en uno de los pasajes del documental, el ahora (nuevamente) ex Illya Kuryaki and The Valderramas.

Un testimonio que da para las lágrimas es el de David Lebón. Quien relata, que de joven, mientras Pescado Rabioso estaba en plena formación, estaba tocando la batería en Color Humano y decide dejarlo para unirse al grupo de Spinetta. “Aprendí todo con Luis. A componer, a tocar”. Y se intensifica su relato cuando recuerda lo de su hija Nayla, quien estuvo al límite de la muerte (sufrió un accidente domestico y varias quemaduras en su cuerpo). “En ese momento estábamos peleados con Luis, pero fue el único que me vino a ver y me abrazó”, recuerda.

Cuidá la vida

Otra aparición importante es la de Patricia Salazar: esposa de Luis por más de 25 años y madre de Dante, Catarina, Valentino y Vera. Su testimonio es el hilo conductor de mucha de la materia prima que utilizó Spinetta para sus canciones. La vida del Flaco, como allí se ve, cobró nuevas dimensiones cuando fue padre. El combustible de su obra y sus días pasó a ser todo de sus hijos. Su persona se desdobló y se convirtió en maestro y aprendiz. Y Salazar fue fundamental en todo ese entramado. Como dijo Cata en una entrevista: “Mi mamá estuvo sosteniendo todo como la gran madre que es. Ella siempre tuvo bajo perfil. Había una gran persona sosteniendo al gran artista”.

Finalmente, mientras las imágenes terminan de fundirse en un trabajo descomunal que muestra todas las etapas del Flaco: Almendra, Pesacado, Invisible, Spinetta Jade, Los Socios del desierto y sus obras solistas, los pañuelos se inundan de llanto.

El cimbronazo emocional no se abstiene, sobre todo al final, cuando llega el momento de describir el derrotero del Flaco frente a su lucha contra el cáncer de pulmón que se lo llevó físicamente de este mundo (y vale la aclaración de físicamente, porque queda claro que vive en todos lados para donde se mire). Siete meses pasaron desde que se enteró lo que tenía, para que la vida del músico de todos los tiempos dijera basta. Siete meses pasaron para que la palabra injusticia se adueñe de todo y de los días de quien amó profundamente la vida.

“Cuida al que tenes al lado. Es tu amigo, puede ser tu hermano, tu novia…Lo que sean, pero cuidá. Cuidá la vida”, es la reflexión final que deja Luis antes de que aparezcan los créditos.

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